Michael John Smith nació el 30 de abril de 1945 en Beaufort, Carolina del Norte, una pequeña ciudad costera que en nada hacía presagiar la escala de las aventuras que aguardaban a ese niño en el horizonte. Desde sus años de preparatoria en Beaufort, donde se graduó en 1963, mostró la disciplina y la determinación que habrían de definir toda su carrera. En 1967 obtuvo la licenciatura en Ciencias Navales de la Academia Naval de los Estados Unidos, una de las instituciones militares más exigentes del país, y al año siguiente completó un máster en ingeniería aeronáutica en la Escuela de Postgrado Naval ubicada en Monterey, California.
Los primeros años de su carrera militar estuvieron marcados por el entrenamiento y la instrucción. Asignado al Comando de Entrenamiento de Aviones de Reacción Avanzada, Smith trabajó como instructor entre mayo de 1969 y marzo de 1971, transmitiendo a una nueva generación de pilotos las habilidades que él mismo había adquirido. Fue el primer eslabón de una larga cadena de responsabilidades que iría escalando con los años.
La prueba de fuego llegó en los siguientes dos años, cuando Smith voló el avión de ataque A-6 Intruder y completó una misión de combate en Vietnam embarcado en el USS Kitty Hawk, dentro del Escuadrón de Ataque 52. La guerra de Vietnam representó para cientos de pilotos navales estadounidenses una experiencia definitoria, brutal y sin atajos, que forjaba caracteres o los quebraba. Smith salió de ella fortalecido y con una comprensión del vuelo en condiciones extremas que pocos podían igualar.
En 1974 completó sus estudios en la Escuela de Pilotos de Prueba de la Marina de los Estados Unidos, una formación de élite reservada para quienes demuestran una combinación excepcional de habilidad técnica y temple mental. Fue asignado al Directorado de Pruebas de Aeronaves de Ataque en Patuxent River, Maryland, donde trabajó en el desarrollo de los sistemas de guía de los misiles A-6E TRAM y CRUISE, proyectos en la frontera de la tecnología aeronáutica de la época. En 1976 regresó como instructor a la misma escuela donde se había formado, completando dieciocho meses de enseñanza antes de pasar al Escuadrón de Ataque 75, donde asumió responsabilidades de mantenimiento y operaciones y completó dos misiones a bordo del USS Saratoga.
El perfil de Smith como aviador militar no tiene parangón en términos de amplitud: llegó a volar 28 tipos diferentes de aeronaves civiles y militares, acumulando un total de 4.877,7 horas de vuelo. Sus condecoraciones dan cuenta de una carrera repleta de actuaciones destacadas: la Cruz a la Distinción en Vuelo de la Marina, tres Medallas Aéreas, trece Medallas de Vuelo de Ataque, la Medalla al Mérito de la Marina con estrella de valor, la Mención de la Unidad Naval y la Cruz Vietnamita a la Valentía con la Estrella de Plata.
En mayo de 1980, la NASA seleccionó a Smith como candidato a astronauta. En agosto de 1981 completó el programa de entrenamiento y evaluación, quedando habilitado como piloto para cualquier misión futura del transbordador espacial. En la agencia desempeñó múltiples funciones técnicas y de gestión: fue comandante del Laboratorio de Aviónica e Integración del Transbordador, Jefe Sustituto de la División de Operaciones de Aeronaves y Director de Operaciones de Vuelo, entre otros cargos.
Su primera y única misión espacial llegó el 28 de enero de 1986, cuando fue asignado como piloto a la misión STS-51-L del transbordador Challenger. La tripulación estaba compuesta por el comandante Francis Scobee, los especialistas de misión Ronald McNair, Judith Resnik y Ellison Onizuka, el especialista de carga Gregory Jarvis y la maestra de primaria Christa McAuliffe, incorporada al programa Citizens in Space impulsado por el presidente Ronald Reagan. El despegue se produjo a las 11 horas 38 minutos, hora del este, desde el Centro Espacial Kennedy en Cabo Cañaveral.
Setenta y tres segundos después del lanzamiento, el Challenger se desintegró en una bola de fuego. La causa fue la filtración de gases a través de un anillo de sellado defectuoso en el cohete de propulsión sólida derecho. El módulo de cabina sobrevivió intacto a la explosión inicial y cayó durante dos minutos y medio desde una altura de 15.240 metros antes de impactar contra el océano. Los siete tripulantes fallecieron en ese impacto. La NASA había calculado las probabilidades de un accidente catastrófico durante el lanzamiento en una proporción de uno entre 438: ese día, la estadística se hizo tragedia.
El accidente del Challenger constituyó el golpe más duro que el programa del transbordador espacial había sufrido hasta entonces. Dañó gravemente la reputación de la NASA como agencia, puso en evidencia fallos sistémicos en los protocolos de seguridad y sepultó por el momento la iniciativa de incluir civiles en las misiones espaciales. Los vuelos se suspendieron hasta 1988. El cráter lunar Smith fue nombrado en honor del astronauta, y la Medalla de Distinción al Servicio de la Defensa fue otorgada póstumamente. Smith estaba casado y dejó atrás a tres hijos.
