biografias

María de Villota

Piloto de automovilismo española

7 min01/01/2024
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María de Villota Comba nació el 13 de enero de 1979 en Madrid, España, en el seno de una familia marcada por el rugido de los motores y el olor a asfalto. Su padre, Emilio de Villota, había sido piloto de Fórmula 1 y fundador de una escuela de pilotos, de modo que María y sus hermanos Isabel y Emilio jr. crecieron rodeados de monoplazas, cronómetros y el vocabulario propio del automovilismo de competición. Desde pequeña, la familia entera colaboraba en la escuela paterna, ayudando en las clases y absorbiendo todo aquello que se enseñaba entre neumáticos y pistas de kart.

Sin embargo, y pese a ese ambiente tan favorable, Emilio no permitió a su hija competir oficialmente hasta que cumplió los 16 años. La primera oportunidad llegó en Cuba, durante un evento benéfico que reunía a expilots de Fórmula 1 para promover los deportes de motor en la isla. Aquel debut, tardío por la voluntad paterna, encendió definitivamente la llama competitiva de María, quien a continuación se inscribió en varias pruebas de karting por España y Europa, acumulando experiencia y puliendo un talento que ya era evidente.

En 1999, María y su hermano Emilio jr. se presentaron a un exigente proceso de selección organizado por Movistar para incorporarse al programa de Fórmula Toyota Castrol. De entre 1.500 candidatos, María superó todas las pruebas y fue seleccionada como piloto reserva. La suerte quiso que Pablo Alfaro, titular del equipo, se lesionara durante la pretemporada, lo que permitió a María subirse al monoplaza de Movistar. Su primera temporada completa no llegó a concluirse: un accidente en la sesión clasificatoria de la penúltima ronda en el Circuit de Catalunya puso fin anticipado a la campaña. Movistar no renovó el programa para el año 2000, y María se incorporó entonces a la escudería Teyco RACE junto a su hermano, terminando séptima en una temporada dominada por Borja García y José Manuel Pérez-Aicart.

En 2001, la Fórmula Toyota siguió adelante gracias al apoyo de la Federación española, y María compitió con Meycom. Aquella temporada resultó ser la más brillante de su etapa en monoplazas de acceso: logró el subcampeonato, solo superada por su compañero de equipo Juan Antonio del Pino, y consiguió su primera victoria en categoría de monoplazas en la última ronda de Valencia. Ese mismo año debutó también en el Campeonato de España de Fórmula 3 con Skualo Competición, aunque solo disputó las tres últimas rondas de la temporada.

Los años siguientes transcurrieron en el mismo campeonato de F3. En 2002 completó toda la temporada con Meycom, cosechando como mejor resultado un séptimo puesto en el Jarama, pero terminando con más del doble de puntos que su hermano. En 2003 fichó por GTA Motor Competición, una de las escuderías punteras del campeonato, sin que los resultados acompañaran, y en 2004 pilotó para Racing Engineering con cifras similares. Su última participación en F3 fue en 2005, cuando hizo podio en la primera ronda de la temporada con Meycom en la clase Copa.

Con el objetivo de ampliar horizontes, María exploró otras disciplinas del automovilismo internacional. En 2002 participó en los 1.000 km del Jarama y quedó tercera; ese mismo año se estrenó en las 24 Horas de Daytona, prueba en la que volvería a participar en 2005. También se adentró en la Ferrari Challenge y el Maserati Trofeo, campeonatos que la reclamaron como piloto. En 2007 compitió en el ADAC Procar en Alemania, donde estuvo luchando por el subcampeonato hasta que fue sacada de pista en la última ronda, terminando tercera. Ese mismo año corrió algunas pruebas del Campeonato de España de GT con la escudería italiana Playteam al volante de un Ferrari 360 Modena. En 2006 y 2007 fue invitada por el WTCC para competir en las rondas del Circuit Ricardo Tormo, sumando experiencia en una categoría de altísimo nivel.

A partir de 2008, María compatibilizó sus actividades como instructora en la Escuela de Pilotos de su padre con la búsqueda de un asiento competitivo que le permitiera dar el salto definitivo al automovilismo de élite. Esa perseverancia llamó la atención de la escudería Marussia F1 Team, que en 2012 la incorporó como piloto de desarrollo. El equipo valoraba su experiencia, su conocimiento técnico y su capacidad para aportar retroalimentación útil durante los test privados.

El 3 de julio de 2012, durante una sesión de pruebas en el aeródromo de Duxford, en el Reino Unido, María sufrió un accidente grave al perder el alerón delantero de su monoplaza a alta velocidad. El coche impactó contra un vehículo de apoyo del equipo, y el golpe afectó gravemente la cabeza de la piloto. Las lesiones fueron de extrema severidad: perdió la visión del ojo derecho y sufrió daños en el lóbulo frontal del cerebro que alteraron su personalidad y sus capacidades cognitivas. Fue operada de urgencia y pasó semanas en el hospital antes de iniciar un largo proceso de rehabilitación.

A pesar de las secuelas del accidente, María afrontó la recuperación con una valentía que conmovió a toda la comunidad deportiva. Participó activamente en actos públicos, escribió sobre su experiencia y se convirtió en embajadora de la seguridad vial y la inclusión de la mujer en el deporte del motor. Su testimonio era el de alguien que había rozado la muerte y elegía seguir de pie, con determinación y con una sonrisa que muchos describieron como inagotable.

El 11 de octubre de 2013, María de Villota falleció en Sevilla a los 34 años. Aunque la causa inmediata fue un paro cardiorrespiratorio durante el sueño, las autoridades médicas vincularon su muerte con las secuelas irreversibles que el accidente de Duxford había dejado en su organismo. El mundo del motor se paralizó ante la noticia. Pilotos, equipos y aficionados de todo el planeta rindieron homenaje a una mujer que había representado, con su trayectoria y con su manera de sobreponerse a la adversidad, los valores más nobles del deporte.

El 29 de octubre de 2013, el Gobierno de España le concedió a título póstumo la Medalla de Oro de la Real Orden del Mérito Deportivo, el máximo reconocimiento del deporte español. María de Villota no pudo recogerla en vida, pero el galardón subrayó el lugar que merece ocupar en la historia del automovilismo ibérico: el de una pionera que rompió barreras, que compitió durante décadas con dignidad y que, incluso en los momentos más oscuros, eligió la luz.

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