biografias

María de Orleans (1865-1909)

Princesa de Dinamarca

4 min01/01/2024
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María de Orleans nació el 13 de enero de 1865 en Ham, una pequeña ciudad del norte de Francia, en pleno reinado de Napoleón III, el mismo emperador que había enviado al exilio a la Casa de Orleans, familia a la que ella pertenecía. Murió el 4 de diciembre de 1909 en Copenhague, lejos de su tierra natal, en el palacio que había sido su hogar durante más de dos décadas. Su vida entera estuvo marcada por la condición de exiliada, por los compromisos dinásticos del siglo XIX y por una personalidad que sus contemporáneos reconocieron como excepcional.

Era hija mayor de Francisca de Orleans y de Roberto de Orleans, duque de Chartres, quienes eran además primos entre sí, unión característica de las familias reales europeas que buscaban mantener la pureza dinástica. A través de su madre, María era bisnieta del emperador Pedro I de Brasil, lo que la conectaba con uno de los proyectos monárquicos más singulares del siglo XIX en el hemisferio occidental.

Creció en el exilio inglés, alejada de Francia por las restricciones que Napoleón III imponía a los Orléans. En esa distancia forzada de su país, María desarrolló un talento pictórico notable que la distinguía de la mayoría de las princesas de su época, acostumbradas a practicar las artes como adorno social más que como expresión genuina. En su caso, la pintura fue una vocación reconocida y valorada por quienes la trataron.

El 20 de octubre de 1885 se celebró en París la ceremonia civil de su matrimonio con el príncipe Valdemar de Dinamarca, hijo menor del rey Cristián IX. Dos días después, la ceremonia religiosa tuvo lugar en el castillo de Eu, en Normandía. La unión entre una princesa francesa de confesión católica y un príncipe danés luterano no fue un problema insuperable para la diplomacia dinástica de la época: se pactó que los hijos varones serían educados en la religión del padre y las hijas en la de la madre. María no renunció a su fe católica, una postura que, en el contexto luterano de la corte danesa, requería una firmeza de carácter considerable.

El matrimonio fue prolífico. María y Valdemar tuvieron cinco hijos: Aage, conde de Rosenborg, nacido en 1887; Absalón, nacido en 1888, quien se casó con la princesa Margarita de Suecia; Erico, conde de Rosenborg, nacido en 1890; Viggo, conde de Rosenborg, nacido en 1893; y Margarita, nacida en 1895, quien contrajo matrimonio con el príncipe Renato de Borbón-Parma. Los tres hijos varones que no siguieron la línea sucesoria danesa directa llevaron el título de conde de Rosenborg, creado para regularizar su posición dinástica.

El hogar de la pareja fue el Palacio Bernstorff de Copenhague, donde también había nacido el propio Valdemar. Sin embargo, la vida doméstica en aquel palacio fue inusualmente compleja: Valdemar compartía la residencia con su sobrino y pupilo, el príncipe Jorge de Grecia y Dinamarca, hijo de su hermano Guillermo, quien se había convertido en Jorge I de Grecia. El rey helénico había confiado la tutela de su hijo a Valdemar, almirante de la flota naval danesa, para que el joven príncipe se incorporara a la marina de Dinamarca.

La relación entre Valdemar y su sobrino Jorge fue de una intensidad emocional que llamó la atención de todos los que la observaron. Según relatos posteriores, al final de cada visita el joven Jorge lloraba y Valdemar enfermaba de la emoción de la despedida. En 1907, cuando Jorge trajo a su esposa, la princesa María Bonaparte, al Palacio Bernstorff, la propia María de Orleans habló nerviosamente con ella sobre esa intimidad tan profunda entre tío y sobrino, advirtiéndole indirectamente que aprendiera a no interferir en sus momentos privados.

La princesa Bonaparte, psicoanálisis mediante, se convirtió en una observadora aguda de las dinámicas del palacio. Sus impresiones sobre María de Orleans fueron unánimemente admiradoras: la consideró el único miembro de la gran familia de su marido que poseía verdadero cerebro, valor y carácter. Ese retrato contrasta con las críticas que el propio Jorge formuló a su esposa sobre la princesa de Orleans, acusándola de mantener una relación con un empleado del palacio y de beber en exceso. La discrepancia entre esas dos versiones revela la complejidad de los vínculos humanos que se tejían bajo los techos dorados de las residencias reales.

María de Orleans murió el 4 de diciembre de 1909 en el Palacio Bernstorff mientras su marido y tres de sus hijos se encontraban de viaje entre la India y el Siam. La noticia de su fallecimiento los alcanzó en alta mar, añadiendo una nota de tragedia adicional a una muerte que, en cualquier caso, fue prematura. Tenía cuarenta y cuatro años.

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