biografias

Marco Pantani

Ciclista italiano

7 min01/01/2024
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Marco Pantani nació el 13 de enero de 1970 en Cesena, en la región de Emilia-Romaña, Italia, y murió el 14 de febrero de 2004 en Rímini, de la misma región, a los 34 años. En el tiempo que estuvo sobre una bicicleta, este hombre delgado de 1,72 metros y 57 kilos dejó una huella que el ciclismo no ha olvidado. Apodado El Pirata por su arete en la oreja y el pañuelo en la cabeza que usaba en carrera, Pantani fue probablemente el mejor escalador puro de su generación y uno de los más grandes de la historia del ciclismo profesional.

Debutó en una gran vuelta en el Giro de Italia de 1993, que abandonó, pero la siguiente edición, la de 1994, le reveló al mundo entero. Pantani terminó segundo, detrás de Eugeni Berzin y por delante de Miguel Induráin, que en ese momento acumulaba tres victorias consecutivas en el Tour de Francia. Dos meses después de aquel Giro, se presentó por primera vez en la Grande Boucle y concluyó tercero en la clasificación general. Para alguien que venía de debutar en las grandes vueltas, era una demostración de potencial fuera de lo común.

El Tour de 1995 le entregó sus primeras dos victorias de etapa en la ronda francesa, pero en octubre de ese mismo año, durante la clásica Milán-Turín, la trayectoria de Pantani fue interrumpida de manera brutal: un automóvil que había invadido el recorrido lo golpeó de lleno y el impacto le provocó una doble fractura en una pierna. Los médicos hablaron de posibilidades serias de que no volviera a competir al máximo nivel. La temporada completa de 1996 y el inicio de la de 1997 se perdieron en quirófanos, rehabilitación y el lento proceso de recuperar no solo la movilidad sino también la confianza sobre la bicicleta.

Cuando regresó en la primavera de 1997, el cuerpo le respondió, pero la suerte no terminaba de acompañarlo. Durante ese Giro una caída provocada por un gato que cruzó la carretera lo obligó a retirarse. En el Tour de ese año protagonizó una lucha apasionante por el maillot amarillo contra Jan Ullrich. Pantani era imbatible en la montaña, pero el alemán compensaba con creces en las contrarreloj, donde la capacidad aeróbica sostenida en posición aerodinámica marcan una diferencia que los escaladores puros no pueden absorber. Ullrich se llevó el Tour y Pantani quedó tercero.

El año 1998 fue el más glorioso de su carrera y uno de los más extraordinarios en la historia del ciclismo. En el Giro de Italia, que no estaba especialmente diseñado para escaladores al contar con pocas etapas de montaña, Pantani compensó cada deficiencia táctica con la explosividad de sus ataques en los puertos alpinos. Ganó dos etapas y superó en la general a especialistas de la contrarreloj como Alex Zülle y Pável Tonkov. Luego, sin apenas descanso, llegó al Tour de Francia con la ambición de repetir la hazaña.

La decimoquinta etapa, entre Grenoble y Les Deux Alpes, fue el momento en que Pantani decidió la carrera. En el ascenso al puerto del Galibier, uno de los más exigentes de los Alpes franceses, lanzó un ataque demoledor que destruyó a todos sus rivales. Sobre Ullrich obtuvo una ventaja de casi nueve minutos, una diferencia que el alemán intentó acortar en la etapa siguiente, con final en Albertville tras superar el Col de la Madeleine, pero que no pudo recuperar. Pantani entró en París con el maillot amarillo y se convirtió en el primer italiano en ganar el Tour desde que Felice Gimondi lo hiciera en 1965, treinta y tres años antes.

El doblete Giro-Tour lo colocó en una lista de élite que hasta entonces solo incluía nombres como Fausto Coppi, Jacques Anquetil, Eddy Merckx, Bernard Hinault, Stephen Roche y Miguel Induráin. Su victoria fue además un triunfo de los escaladores sobre los rodadores, en una época en que el ciclismo parecía haber sido conquistado definitivamente por los especialistas del cronómetro.

Pero la caída fue tan vertiginosa como el ascenso. En el Giro de 1999, cuando lideraba la carrera con cuatro victorias de etapa y una ventaja considerable, fue descalificado al detectarse en un control niveles de hematocrito que superaban el umbral establecido por las autoridades del deporte, lo que apuntaba al uso de eritropoyetina. La prueba concluyente nunca llegó, pero el daño a su reputación fue devastador. Pantani cayó en una crisis personal y psicológica de la que nunca se recuperó del todo.

En el Tour del año 2000 aún tuvo destellos de su genio. En el ascenso al Mont Ventoux escapó junto a Lance Armstrong; al llegar a la cima, el americano le cedió la victoria de etapa, un gesto que algunos interpretaron como galantería y otros como condescendencia. Pantani, que era un hombre de una sensibilidad extrema, no lo tomó bien. Sus últimos años estuvieron marcados por el aislamiento, los problemas con la cocaína y las recaídas. Murió el 14 de febrero de 2004 en una habitación de hotel en Rímini, víctima de una intoxicación aguda por esa sustancia.

Su legado es el de un ciclista que fue capaz de lo sublime sobre una bicicleta y que condensó en pocos años lo mejor y lo más trágico que puede vivir un deportista. Hasta 2014, cuando Vincenzo Nibali ganó el Tour, Pantani fue el último italiano en lograrlo.

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