Stephen Gordon Hendry nació el 13 de enero de 1969 en South Queensferry, una localidad cercana a Edimburgo, Escocia. Desde muy joven mostró una afinidad natural por el snooker, un deporte que en aquella época comenzaba a ganar popularidad masiva en el Reino Unido gracias a la televisión. Pocos imaginaban que aquel joven escocés llegaría a redefinir los límites del juego y a dominar el circuito profesional durante más de una década.
Su ascenso al profesionalismo fue meteórico. Hendry se convirtió en el campeón del mundo de snooker más joven de la historia al ganar el título en 1990, con apenas veintiún años, hazaña que sacudió al mundo del billar de taco con la misma fuerza que un debutante sacude los cimientos de cualquier disciplina deportiva. Ese primer campeonato fue la señal inequívoca de que el circuito profesional tenía ante sí a una figura generacional.
La década de 1990 perteneció casi por completo a Stephen Hendry. Su estilo de juego combinaba una precisión quirúrgica en el potting con una agresividad táctica que desconcertaba a sus rivales. Mientras otros jugadores optaban por estrategias defensivas, Hendry apostaba por el ataque desde el principio, acumulando puntos con una fluidez que hacía que los frames parecieran monólogos más que diálogos. Era capaz de encadenar breaks de cien o más puntos con una regularidad que dejaba a los espectadores sin palabras.
Durante esos años ganó seis campeonatos del mundo adicionales, alcanzando un total de siete títulos en el Crucible Theatre de Sheffield, la catedral del snooker mundial. Este número de campeonatos mundiales lo convirtió en el máximo ganador en la historia del torneo más prestigioso del deporte, superando a jugadores legendarios de generaciones anteriores. Cada año que pasaba, cada final que disputaba, consolidaba su figura como el mejor jugador de la historia del snooker en términos de palmarés en grandes torneos.
Más allá del Campeonato del Mundo, Hendry acumuló títulos con una eficiencia pasmosa. A lo largo de su carrera llegó a disputar 57 finales de torneos de ranking, alzándose con el trofeo en 36 ocasiones y quedando como subcampeón en las otras 21. Esta cifra lo convierte en uno de los jugadores más dominantes que ha visto cualquier deporte individual en la era moderna. Solo Ronnie O'Sullivan, con su talento igualmente superlativo aunque de distinta naturaleza, ha logrado superar su marca de títulos de ranking.
Una de las actuaciones más memorables de su carrera tardía tuvo lugar en el Campeonato del Mundo de 2012. En la primera ronda, Hendry logró ante Stuart Bingham una puntuación máxima de 147, el llamado "maximum break", la puntuación perfecta en snooker. Alcanzar ese hito ya es en sí mismo una gesta extraordinaria que muchos profesionales nunca logran en toda su trayectoria. Sin embargo, el torneo terminó de forma agridulce: en cuartos de final se enfrentó a Stephen Maguire y cayó por un contundente 13-2, una derrota que, combinada con las reflexiones sobre su nivel general de juego, lo llevó a anunciar su retirada del snooker profesional.
El impacto de Hendry en el snooker trasciende sus cifras individuales. Fue el jugador que transformó el modo en que se concebía el ataque en el juego, elevando el estándar técnico del circuito a niveles que obligaron a sus contemporáneos a reinventarse o quedar rezagados. Figuras como Jimmy White, John Higgins o Mark Williams forjaron su carácter competitivo en parte gracias a los duelos que libraron contra él.
Su MBE, condecoración que le fue otorgada por la Corona británica en reconocimiento a su contribución al deporte, reflejó la estima en que la sociedad lo tenía más allá del ámbito deportivo. En Escocia se convirtió en un símbolo del talento deportivo nacional, un referente que trascendía la mesa de billar para instalarse en el imaginario cultural del país.
En marzo de 2021, años después de su retirada, Hendry decidió regresar al circuito profesional. Participó en el Abierto de Gibraltar, donde se enfrentó en primera ronda a Matthew Selt, perdiendo el encuentro por 4 a 1. El regreso fue recibido con curiosidad y afecto por los aficionados, aunque también con la consciencia de que el tiempo pasa de manera inexorable y que el nivel de los jugadores más jóvenes del circuito había seguido elevándose durante los años de su ausencia.
El legado de Stephen Hendry en el snooker es tan sólido como sus 36 títulos de ranking y sus siete campeonatos del mundo. Cambió la manera en que el juego se entiende y se practica, y demostró que la combinación de técnica, concentración y ambición pueden llevar a un deportista a cotas que generaciones posteriores seguirán intentando alcanzar.

