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Lucio Elio César

Heredero de Adriano

4 min01/01/2024
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Lucio Elio César nació el 13 de enero del año 101 en el seno de una familia romana de rango consular con raíces en Etruria. Su nombre de nacimiento fue Lucio Ceyonio Cómodo, y llevaba el linaje de su padre, también llamado Lucio Ceyonio Cómodo, que había ejercido como cónsul ordinario en el año 106, y de su abuelo paterno, igualmente Lucio Ceyonio Cómodo, cónsul en el año 78. Por línea materna era hijo de una mujer romana de identidad parcialmente desconocida, a quien las fuentes denominan Ignota Plaucia, cuya familia también era de rango consular según afirma la Historia Augusta. Ese doble origen consular situaba a Lucio entre los más prominentes de la aristocracia senatorial romana de la época altoimperial.

Antes del año 130, Lucio Ceyonio Cómodo contrajo matrimonio con Avidia Plaucia, una noble romana bien relacionada que era hija del senador Gayo Avidio Nigrino. Esa unión le proporcionó conexiones adicionales en las redes del poder senatorial del Imperio, aunque en aquel momento su posición política no se distinguía especialmente de la de otros miembros de la élite romana. Lo que cambió su destino de manera radical fue la decisión del emperador Adriano de convertirlo en su heredero designado.

Durante la mayor parte de su reinado, Adriano había contemplado como sucesor no oficial a su cuñado Lucio Julio Urso Serviano. Sin embargo, hacia el final de su vida el emperador cambió de opinión. Serviano rondaba los noventa años y era, con evidencia, demasiado anciano para gobernar un Imperio que requería energía y presencia. La atención de Adriano recayó entonces en el nieto de Serviano, Gneo Pedanio Fusco Salinator, a quien el emperador promovió, concedió un estatus especial en su corte y comenzó a preparar como heredero.

El giro llegó en el otoño del año 136, cuando Adriano sufrió una hemorragia casi mortal. Convaleciente en su villa de Tívoli, el emperador tomó la decisión que sorprendió a todos: rechazó a Salinator y eligió a Lucio Ceyonio Cómodo como su nuevo sucesor. Lo adoptó formalmente como hijo, le cambió el nombre a Lucio Elio César y lo designó como el futuro gobernante del Imperio. Las razones de ese cambio repentino siguen siendo objeto de debate entre los historiadores, y las fuentes antiguas no ofrecen una explicación satisfactoria. Algunos eruditos han sugerido que Elio César podría haber sido en realidad un hijo bastardo de Adriano, aunque no existen pruebas definitivas que respalden esa teoría.

La elección de Adriano desconcertó a muchos en Roma. Lucio Elio no poseía experiencia militar alguna: solo había servido como senador. Sus gustos eran lujuriosos y extravagantes, y se le atribuía una vida de frivolidad y excesos. Su salud, además, era frágil, lo que hacía su designación aún más incierta. Lo que sí tenía eran importantes contactos políticos y la ventaja de la adopción imperial, que en el mundo romano otorgaba una legitimidad que no podía discutirse en términos legales.

El año 136 o 137 fue nombrado gobernador de las provincias del Danubio, lo que constituía en teoría una experiencia de gobierno que completaría su preparación como heredero. Sin embargo, la realidad fue que su salud continuó deteriorándose durante esos años. Cuando regresó a Roma, Lucio Elio César pronunció ante el Senado un discurso que fue celebrado como brillante, pero la tuberculosis avanzaba sin pausa en su organismo. Murió el 1 de enero del año 138, antes de que el propio Adriano, enfermo de gravedad, pudiera precederle en el viaje. El heredero designado había muerto sin llegar a ser emperador.

Ante ese giro inesperado, Adriano tuvo que actuar con rapidez para asegurar la sucesión. Adoptó a Antonino Pío, imponiéndole la condición de que este adoptara a su vez a dos jóvenes: Lucio Vero, el hijo de Lucio Elio César, y Marco Aurelio, sobrino por parte de la esposa de Adriano. Ambos habrían de ser coemperadores desde el año 161 hasta el 169, fecha en que murió Lucio Vero, tras lo cual Marco Aurelio gobernó solo hasta que en el año 177 asoció al poder a su propio hijo Cómodo. La muerte prematura de Lucio Elio César había puesto así en marcha la cadena de sucesiones que conduciría a los mejores emperadores de la historia de Roma.

La hija de Lucio Elio, Ceyonia Fabia, contrajo matrimonio con Plaucio Quintilo, cónsul ordinario en el año 159 bajo Antonino, padre adoptivo de su hermano Lucio Vero. La familia de Lucio Elio quedó así entretejida en el tejido dinástico y senatorial del siglo II romano, aunque la figura del propio Lucio Elio César permaneciera en la sombra entre el esplendor de Adriano y el de los Antoninos. Su vida fue un destello de ambición imperial frustrada por la enfermedad, un paréntesis entre dos épocas de grandeza, y un recordatorio de que en Roma, como en cualquier parte, el poder y la muerte podían llegar a la misma puerta con apenas un día de diferencia.

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