misterios

Kaspar Hauser

Supuesto niño salvaje alemán del siglo XIX

6 min01/01/2024
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Hay casos en la historia que resisten toda clasificación definitiva y siguen perturbando a los investigadores siglos después. El de Kaspar Hauser es, quizás, el más enigmático de todos: un adolescente que apareció de la nada en la ciudad de Núremberg, en Baviera, el 26 de mayo de 1828, portando consigo el misterio de su origen y el presagio de una muerte igualmente oscura. Su historia ha fascinado a juristas, teólogos, pedagogos, escritores y científicos durante casi doscientos años sin que nadie haya podido resolverla del todo.

El joven, de unos 16 años de edad y aspecto descuidado, fue llevado a una comisaría de Núremberg donde apuntó el nombre de Kaspar Hauser. Llevaba consigo una carta dirigida al militar Friedrich von Wessing en la que ese mismo nombre aparecía escrito. La carta mencionaba también la fecha de nacimiento del chico: el 30 de abril de 1812. Su estado físico y mental era el de alguien que había pasado largos años sin contacto con otros seres humanos. Le resultaban repulsivos la leche y la carne; solo aceptaba pan y agua. Sus capacidades lingüísticas eran casi nulas. Era, en todos los sentidos, lo que los especialistas de la época denominaban un niño salvaje: alguien que había crecido en cautiverio y en completo aislamiento del mundo social.

El caso despertó de inmediato el interés de las élites intelectuales europeas. Juristas, teólogos y pedagogos se acercaron a él con afán científico, realizando multitud de ensayos para enseñarle a hablar, leer y escribir. Su mentor y representante legal, el jurista Anselm von Feuerbach, se convirtió en su principal observador y en su más encendido defensor. Feuerbach documentó con meticulosidad el desarrollo del joven y llegó a una convicción que expresó sin rodeos: Kaspar Hauser era un príncipe bávaro de la casa de Baden que había sido sustituido por un niño moribundo a causa de intrigas dinásticas, privado así de su lugar en el linaje real.

Las sospechas sobre su identidad aristocrática no surgieron al azar. En el Núremberg de la década de 1820, las especulaciones sobre posibles parentescos nobiliarios se multiplicaron rápidamente. ¿De dónde venía ese joven? ¿Quién lo había tenido encerrado durante años y con qué propósito? Sus propios recuerdos, fragmentarios y difíciles de verificar, sugerían que había pasado parte de su cautiverio en palacios, lo que reforzaba las teorías sobre un origen ilustre.

El otro gran misterio del caso Hauser es su muerte. El 17 de diciembre de 1833, en Ansbach, Franconia, Kaspar recibió una puñalada en el pecho de la que murió tres días después. Junto a él fue encontrado un escrito que no aportaba información concreta sobre su agresor. Los médicos que practicaron la autopsia concluyeron que era muy difícil que él mismo pudiera haberse infligido esas heridas, lo que descartaba el suicidio pero abría la puerta a teorías sobre un asesinato premeditado destinado a silenciar a alguien cuya existencia incomodaba a personas poderosas.

Las investigaciones científicas del siglo XX intentaron arrojar luz sobre la cuestión de su identidad mediante análisis genéticos. En 1996, la revista alemana Der Spiegel y la ciudad de Ansbach encargaron el análisis de manchas de sangre halladas en unos calzoncillos supuestamente pertenecientes a Hauser. El resultado indicó que el sujeto no era miembro de la familia reinante de Baden. Sin embargo, un análisis posterior realizado en 2002 sobre material genético de otra prenda guardada en el Museo de Kaspar Hauser y sobre la herencia de Anselm von Feuerbach llegó a una conclusión diferente: existía una concordancia significativa —aunque no del cien por cien— con la huella genética de Astrid von Medinger, una descendiente de la esposa de Carlos II de Baden, Estefanía de Beauharnais. Ese resultado abrió nuevamente la posibilidad de un origen real.

En 2024, un nuevo estudio que empleó secuenciación paralela masiva vino a complicar aún más el panorama al descartar la teoría del príncipe. Los investigadores determinaron que el ADN mitocondrial de todas las muestras atribuidas a Hauser —incluida la muestra de sangre analizada anteriormente— era idéntico entre sí, pero diferente del linaje mitocondrial de la Casa de Baden. La contradicción entre los análisis genéticos disponibles refleja la dificultad de establecer certezas sobre este caso a partir de materiales cuya cadena de custodia nunca fue del todo rigurosa.

La hipótesis más reciente añade otra capa a las especulaciones existentes: la posibilidad de que Kaspar Hauser fuera hijo ilegítimo de Napoleón Bonaparte con Estefanía de Beauharnais, la esposa de Carlos II de Baden. El matrimonio de Estefanía y Carlos no era particularmente feliz, y se especula con que pudo haberse producido un encuentro entre ella y Napoleón antes de la campaña de Rusia. Existen ciertas similitudes físicas señaladas entre Kaspar y Napoleón II —la distancia entre la nariz y el labio superior, el contorno de la barbilla, la forma de la frente—, aunque la solidez de tales comparaciones es discutible. Lo que sí resulta evidente es que un hijo extramatrimonial de Napoleón habría sido profundamente inconveniente tanto para el Emperador como para la dinastía de Baden, lo que explicaría por qué alguien podría haber tenido motivos para ocultar su existencia. Esta teoría daría sentido tanto a los primeros años del joven en entornos palaciegos como a su posterior confinamiento tras la caída napoleónica.

Kaspar Hauser fue llamado el huérfano de Europa, y esa expresión captura con precisión la naturaleza de su caso: un ser humano al que la historia despojó de nombre, linaje y memoria, y que sin embargo dejó una huella imperecedera en la cultura occidental. Sus misterios, lejos de resolverse, siguen generando estudios, novelas, películas y debates filosóficos sobre la identidad, la crianza y los límites de lo que puede saberse sobre el pasado.

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