Joseph Anthony Jacobi Passalacqua nació el 13 de enero de 1929 en Nuevo Brunswick, Nueva Jersey, en el seno de una familia de origen italiano que se había instalado en los Estados Unidos. Desde niño mostró una inclinación irresistible por la música, y la guitarra se convirtió pronto en la extensión natural de su sensibilidad melódica. El mundo del jazz que lo rodeaba en las ciudades del noreste americano era el del bebop naciente, una revolución armónica y rítmica que transformaría para siempre el lenguaje de la música popular. Aquel joven apasionado por Django Reinhardt llegaría a convertirse, décadas más tarde, en uno de los guitarristas más admirados de la historia del género.
Los primeros años de la carrera de Joe Pass estuvieron marcados por graves dificultades personales que frenaron un talento que ya se vislumbraba extraordinario. Una dependencia a las drogas lo mantuvo alejado de los escenarios durante un período crucial de su vida y lo condujo a Synanon, una comunidad de rehabilitación en California, donde vivió durante varios años a principios de la década de 1960. Fue precisamente en ese entorno donde la música volvió a ser su ancla, y fue también entonces cuando comenzó a definir el estilo inconfundible que lo haría célebre: el uso del walking bass simultáneamente con la melodía y los acordes, una técnica que le permitía sonar como un conjunto completo cuando tocaba en solitario.
A principios de los años sesenta, Pass comenzó a grabar una serie de álbumes para el sello Pacific Jazz Records que establecerían su reputación dentro de los círculos especializados. Discos como Catch Me, 12-String Guitar, For Django y Simplicity mostraban una madurez interpretativa sorprendente: una ejecución nítida y pulcra sin caer jamás en la frialdad técnica, combinada con un fraseo ingenioso que desbordaba personalidad. Su homenaje a Django Reinhardt era al mismo tiempo una declaración de principios: Pass había absorbido la lección del genio gitano y la había transformado en algo completamente propio. En 1963, la revista Down Beat le otorgó el premio "New Star Award", reconociendo en él a una figura emergente de primer orden.
Durante aquellos años activos, Pass también colaboró con numerosos artistas del circuito de jazz y pop de Los Ángeles. Participó en grabaciones con Gerald Wilson, Bud Shank y Les McCann, y giró con George Shearing en 1965. Su versatilidad lo convirtió en un sideman muy solicitado: trabajó junto a figuras tan distintas como Louis Bellson, Frank Sinatra, Sarah Vaughan, Joe Williams, Della Reese y Johnny Mathis. Su presencia fue también habitual en los estudios de televisión, donde participó en programas emblemáticos como The Tonight Show con Johnny Carson, The Merv Griffin Show y The Steve Allen Show.
A comienzos de la década de 1970, Pass encontró en el guitarrista Herb Ellis un compañero musical con quien desarrolló una complicidad especial. Ambos se presentaban regularmente en el club de jazz Donte de Los Ángeles, y esa colaboración dio lugar a uno de los momentos más significativos de la historia del sello Concord Jazz: junto al bajista Ray Brown y el baterista Jake Hanna, Pass y Ellis grabaron el primer álbum de la nueva etiqueta, titulado simplemente Jazz, un disco que marcaba el nacimiento de un sello destinado a convertirse en referente del jazz acústico. En esos mismos años, Pass también contribuyó a la pedagogía del instrumento con una serie de libros de música, entre los cuales Joe Pass Guitar Style, escrito junto a Bill Thrasher, se convirtió en un texto básico de improvisación para estudiantes de jazz en todo el mundo.
El gran salto a la notoriedad internacional llegó de la mano de Norman Granz, el legendario promotor y fundador de Verve Records, quien fichó a Pass para su nuevo sello Pablo Records en 1970. Granz tenía un ojo infalible para el talento y una capacidad única para crear encuentros musicales que transcendieran la suma de sus partes. Con él, Pass tuvo acceso a los mejores músicos del jazz y fue colocado en situaciones que exigían lo mejor de él. En 1974, Pablo Records lanzó Virtuoso, un álbum en solitario que se convertiría en una de las grabaciones más influyentes de la guitarra de jazz: Pass tocaba solo, sin acompañamiento, y el resultado era tan completo y satisfactorio que dejaba al oyente sin necesidad de imaginar nada más.
Ese mismo año 1974, Pablo Records publicó también The Trio, que reunía a Pass con el pianista Oscar Peterson y el bajista Niels-Henning Ørsted Pedersen. La química entre los tres músicos era instantánea y eléctrica, y el disco fue reconocido en los premios Grammy de 1975 con el galardón a la mejor interpretación de jazz por un grupo. A lo largo de los años setenta y ochenta, Pass, Peterson y Pedersen actuaron juntos en múltiples ocasiones, ofreciendo conciertos que los aficionados recuerdan como experiencias musicales de rara intensidad.
La relación de Joe Pass con Ella Fitzgerald fue otro de los capítulos más luminosos de su carrera. Los dos grabaron juntos seis discos para Pablo Records hacia el final de la carrera de la gran vocalista: Take Love Easy en 1973, Fitzgerald y Pass... Again en 1976, Hamburg Duets en 1983, Speak Love también en 1983 y Easy Living en 1986. La intimidad cámara de estas grabaciones, donde la guitarra de Pass dialogaba en igualdad de condiciones con la voz extraordinaria de Fitzgerald, reveló una dimensión de acompañante de lujo que en ningún caso renunciaba a su propia voz. Fue el encuentro entre dos maneras de entender la musicalidad que se complementaban a la perfección.
Durante su etapa en Pablo Records, Pass también grabó con Benny Carter, Milt Jackson, Zoot Sims, Duke Ellington, Dizzy Gillespie y Count Basie, conformando una discografía que cubre prácticamente toda la historia del jazz del siglo XX. Su capacidad para adaptarse a contextos tan distintos sin perder jamás su identidad era, quizás, su don más notable. Antes de su muerte, Pass también grabó un álbum de versiones instrumentales de canciones de Hank Williams junto al guitarrista de música country Roy Clark, un proyecto que mostraba su curiosidad artística sin fronteras.
Joe Pass murió el 23 de mayo de 1994 en Los Ángeles, California, a causa de un cáncer de hígado. Tenía sesenta y cinco años. Su partida dejó un silencio difícil de llenar en el mundo de la guitarra de jazz, un silencio que sus grabaciones han conseguido, con el paso del tiempo, hacer más habitable. El legado de Pass es hoy patrimonio de todos los guitarristas que aspiran a sonar completos, a decir algo propio con seis cuerdas y a demostrar que la elegancia no está reñida con la profundidad.

