Joaquín II Héctor nació el 13 de enero de 1505 en Cölln, la ciudad hermanada con Berlín a orillas del Spree, en el seno de la Casa de Hohenzollern. Su padre era Joaquín I Néstor, elector de Brandeburgo, y su madre, Isabel de Dinamarca, hija del rey Juan I de ese reino y hermana de Enrique IV de Inglaterra. El apodo de Héctor, con que se le conoció a lo largo de su vida, derivaba del legendario príncipe troyano de la mitología griega, y evocaba las virtudes guerreras y la nobleza de estirpe que se esperaban de un futuro soberano. Fue padre de Juan Jorge de Brandeburgo, que lo sucedería en el gobierno del margraviato.
La infancia y la juventud de Joaquín II estuvieron marcadas por las tensiones religiosas que sacudían el Sacro Imperio Romano Germánico. Martín Lutero había iniciado su reforma en 1517, y la Iglesia católica luchaba por mantener su autoridad frente al avance del protestantismo. En ese contexto, su padre Joaquín I Néstor tomó una decisión de consecuencias políticas y dinásticas de largo alcance: hizo firmar a su hijo un contrato de herencia en el que prometía permanecer fiel a la Iglesia católica. La intención era en parte proteger los intereses financieros de su hermano, el arzobispo-elector Alberto de Maguncia, quien había contraído enormes deudas con la casa bancaria de los Fugger para pagar a la Santa Sede su nombramiento episcopal en Halberstadt y para acumular las sedes de Magdeburgo y Maguncia. Esas deudas se pretendían saldar mediante la venta de indulgencias en el margraviato de Brandeburgo, una práctica que precisamente había desencadenado la reacción de Lutero.
El primer matrimonio de Joaquín II fue con Magdalena de Sajonia, proveniente de la línea ducal albertina de la Casa de Wettin, que murió en 1534. Al año siguiente, en 1535, el elector contrajo segundas nupcias con Eduviges de Polonia, hija de Segismundo el Viejo de la Unión Polaco-Lituana y de la condesa húngara Bárbara de Zápolya, hermana del rey Juan I de Hungría. Esa boda tuvo implicaciones religiosas inmediatas: la Casa de Jagellón se había definido como católica, y Joaquín II prometió solemnemente a su suegro Segismundo que no obligaría a Eduviges a cambiar su afiliación religiosa. A lo largo de los años siguientes, Joaquín fue derivando lentamente hacia la Reforma, en parte liberado de compromisos por la muerte de su padre en 1535 y la de su suegro en 1548.
El 1 de noviembre de 1539, Joaquín II recibió la comunión bajo las dos especies en la iglesia de San Nicolás de Spandau, un gesto inequívoco de simpatía con las ideas luteranas. Sin embargo, no adoptó explícitamente el luteranismo hasta 1555, evitando una confrontación directa con su aliado el emperador Carlos V. Antes de ese paso definitivo, promulgó una conservadora ordenanza eclesiástica que era luterana en la doctrina pero que preservaba numerosas instituciones y prácticas tradicionales: el episcopado, gran parte de la misa en latín, las obras religiosas, el calendario de los santos y los días de fiesta. Era una vía media que permitía acomodar la reforma religiosa sin romper abruptamente con el pasado institucional.
A principios de 1539, en la dieta de los príncipes del Sacro Imperio en Fráncfort del Meno, el reformador Felipe Melanchthon reveló ante los príncipes reunidos, entre ellos Joaquín, que el pogromo antijudío ocurrido en 1510 en el margraviato de Brandeburgo había sido provocado por una acusación de profanación de hostias completamente fabricada. Ese pogromo había llevado a la expulsión de los judíos del margraviato. El abogado judío Josel de Rosheim, que también estaba presente en la asamblea, solicitó en privado a Joaquín II que autorizara el regreso de los judíos a sus tierras. El elector accedió a esa petición el 25 de junio de 1539, permitiendo así el retorno de una comunidad que había sido víctima de una injusticia documentada.
La política exterior de Joaquín II estuvo marcada en un principio por su alianza con Carlos V. Sin embargo, varios soberanos católicos desconfiaban de él porque temían la influencia de su madre protestante. Esa sospecha recurrente sobre su verdadera lealtad religiosa pesó sobre sus relaciones diplomáticas durante décadas. Durante el reinado de su hermano Eduardo I de Portugal, participó además en expediciones militares que extendieron su horizonte político más allá de las fronteras del Imperio.
El reinado de Joaquín II abarcó de 1535 a 1571 y constituyó una de las etapas más transformadoras de la historia del margraviato de Brandeburgo. Bajo su gobierno, el territorio se integró plenamente en el proceso de la Reforma protestante, aunque siguiendo un ritmo propio y cauteloso. La apertura hacia la comunidad judía que ordenó en 1539 representó un gesto de rectificación histórica notable para su época. La tensión constante entre las obligaciones dinásticas, las lealtades religiosas en conflicto y las presiones de las grandes potencias europeas definió el carácter de un reinado largo y complejo.
Joaquín II Héctor falleció el 3 de febrero de 1571 en Köpenick, en los alrededores de Berlín, después de más de tres décadas al frente del margraviato. Dejaba un territorio que había atravesado la fractura religiosa del siglo XVI sin caer en la guerra civil que desangró otras regiones del Imperio, y una serie de precedentes políticos y religiosos que sus sucesores de la Casa de Hohenzollern habrían de heredar y desarrollar en los siglos venideros.


