Renato I de Nápoles, también conocido como Renato de Anjou, Renato de Sicilia o simplemente Renato el Bueno, nació el 16 de enero de 1409 en el castillo de Angers, en el seno de una de las familias nobiliarias más poderosas y mejor conectadas de la Europa occidental. Fue hijo de Luis II de Anjou y de Yolanda de Aragón, una mujer de extraordinaria inteligencia política que ejercería una influencia decisiva en la vida de su hijo. El apodo de "el Bueno" con el que la historia lo recordaría revela mucho sobre la percepción que sus contemporáneos tenían de él: un hombre de carácter afable, mecenas generoso y amante de las artes, aunque su vida estuvo marcada también por una sucesión de derrotas políticas y militares.
Cuando su padre Luis II murió en 1417, los hijos del matrimonio quedaron bajo la tutela de su madre, Yolanda de Aragón, junto con su cuñado el delfín de Francia, el futuro Carlos VII. El hijo mayor, Luis, heredó la corona nominal de Nápoles y el ducado de Anjou. A Renato le correspondió inicialmente el condado de Provenza. No obstante, la política matrimonial de su madre no tardó en ampliar sus horizontes: en 1419, con apenas nueve años de edad, Renato fue comprometido con Isabel, hija mayor del duque Carlos II de Lorena. Este acuerdo lo convertía en heredero del ducado de Lorena, que también reclamaba su madre Yolanda como herencia propia.
Las aspiraciones políticas de la familia se entretejían con los grandes conflictos del momento. En 1423, la reina Juana II de Nápoles adoptó a Luis III como heredero, y al morir este sin descendencia, los derechos sobre el trono napolitano recayeron en su hermano Renato. Pero el camino hacia esa corona estaba sembrado de obstáculos: Alfonso V de Aragón ya había conseguido en 1421 que la misma reina Juana II lo reconociera como heredero universal, lo que provocaría años de disputas y conflictos armados. En 1429, Renato estuvo presente en Reims durante la coronación de Carlos VII como rey de Francia, un evento que marcaba el giro en la guerra de los Cien Años y al que la familia estaba estrechamente vinculada a través de su madre.
En 1430 heredó el ducado de Bar, y en 1431 el de Lorena, tras la muerte de su suegro. Sin embargo, la posesión efectiva de estos territorios no fue sencilla: tuvo que firmar el 28 de enero de 1437 un tratado por el que renunció a todas sus posesiones en Flandes procedentes de la herencia del duque Roberto de Bar, comprometiendo además en matrimonio a su hija única, Yolanda de Anjou, nacida en 1428, con Federico II de Vaudémont, hijo de Antonio de Vaudémont.
En 1434, con la muerte de su hermano Luis III sin herederos, Renato fue designado sucesor del condado de Provenza. Al año siguiente, la muerte de la reina Juana II de Nápoles lo situó como heredero del trono napolitano. Esta herencia, sin embargo, fue disputada violentamente por Alfonso V de Aragón, quien no estaba dispuesto a ceder lo que consideraba sus derechos. En 1441, Alfonso sitió la ciudad de Nápoles durante seis meses. Ante la magnitud del asedio y la falta de apoyo suficiente, Renato huyó hacia sus posesiones en Francia, que habían sido gobernadas por su madre. Pero Yolanda murió en 1442, y con esa fuga y la muerte de su madre, los napolitanos le volvieron la espalda. Aunque Renato conservó el título de rey de Nápoles hasta su muerte, la realidad era que había perdido el control efectivo del reino en favor del aragonés.
La vida de Renato como rey titular de Nápoles tras 1442 fue la de un soberano sin corona real pero con una rica vida cultural y artística. Desde las cortes de Anjou y Provenza, que sí gobernó de manera efectiva, se convirtió en uno de los más notables mecenas de su época. Escribió novelas y obras de carácter moral, tanto en verso como en prosa, y fue un entusiasta promotor de las artes y las letras, lo que contribuyó decisivamente a que la historia lo recuerde con afecto. También obtuvo el título de rey de Jerusalén, de carácter puramente titular, que mantuvo desde 1438 hasta su muerte.
La muerte de su primera esposa Isabel lo llevó a contraer nuevas nupcias el 10 de septiembre de 1454, en la abadía de San Nicolás de Angers, con Juana de Laval. De este segundo matrimonio no nacieron hijos. Del primero, con Isabel de Lorena, nació entre otros Juan, quien llevaría el título de duque de Lorena pero fallecería antes de poder suceder a su padre, al igual que su propio hijo Nicolás.
El episodio más insólito de su vida política tardía fue su aceptación de la corona de Aragón. En 1466, la Generalidad de Cataluña, inmersa en la guerra civil catalana contra Juan II de Aragón, le ofreció el trono. Renato aceptó sin desplazarse personalmente a Cataluña, enviando en su lugar a su hijo Juan como lugarteniente con el título de príncipe de Gerona. Pero este falleció en Barcelona en 1470, supuestamente envenenado, y Renato sostuvo ese título nominal hasta 1472, cuando la guerra terminó y los catalanes quedaron nuevamente bajo la autoridad aragonesa.
Renato I de Nápoles falleció el 10 de julio de 1480 en Aix-en-Provence, a los setenta y un años. Había acumulado a lo largo de su vida un impresionante catálogo de títulos: duque de Anjou, conde de Provenza, duque de Bar, duque de Lorena, rey de Nápoles, rey de Jerusalén y rey de Aragón, aunque la mayor parte de ellos fueron más nominales que reales. Su figura quedó grabada en la memoria histórica no tanto por sus victorias militares, que fueron pocas, sino por su patronazgo cultural y su carácter humano, cualidades que le valieron el sobrenombre de "el Bueno" que lo acompañó a través de los siglos.


