La guerra de la Triple Alianza, conocida en Paraguay como la Guerra Grande o la Guerra Guasu, fue el conflicto más devastador de la historia sudamericana. Entre 1864 y 1870, la coalición formada por el Imperio del Brasil, Uruguay y Argentina combatió contra Paraguay en una guerra que terminó con la destrucción casi completa del estado paraguayo y una catástrofe demográfica sin parangón en el continente. Según las distintas estimaciones, Paraguay perdió entre el 50 y el 85 por ciento de su población total, y posiblemente más del 90 por ciento de su población masculina adulta.
Las raíces del conflicto se hunden en la turbulenta política del Río de la Plata de mediados del siglo XIX. En Uruguay, una guerra civil enfrentaba al Partido Colorado, respaldado por fuerzas militares brasileñas, contra el gobierno del Partido Blanco. El presidente de Paraguay, el mariscal Francisco Solano López, advirtió a los gobiernos de Brasil y Argentina que cualquier agresión al Uruguay sería considerada un atentado contra el equilibrio de los estados rioplatenses. Cuando tropas brasileñas invadieron territorio uruguayo en octubre de 1864, López decidió actuar.
El 12 de noviembre de 1864, en represalia por la invasión brasileña, Paraguay se apoderó de un buque mercante brasileño y del gobernador de la provincia de Mato Grosso, declarando formalmente la guerra al día siguiente. La primera fase consistió en la invasión paraguaya del Mato Grosso en diciembre de 1864, durante la cual fuerzas paraguayas ocuparon y saquearon extensas zonas de esa provincia. Sin embargo, el gobierno uruguayo, sin apoyo externo y asediado por los invasores brasileños, el ejército de Venancio Flores y el respaldo logístico argentino, se vio obligado a rendirse, lo que privó a López del aliado que pretendía defender.
La situación se complicó dramáticamente cuando Solano López solicitó al presidente argentino Bartolomé Mitre permiso para cruzar el territorio de la provincia de Corrientes con sus tropas, con el objetivo de avanzar hacia Uruguay. Mitre rechazó la solicitud, pues permitir el paso de tropas beligerantes habría comprometido la neutralidad argentina y, además, el gobierno de Buenos Aires simpatizaba con el Partido Colorado uruguayo. En respuesta, tropas paraguayas ocuparon la ciudad argentina de Corrientes en abril de 1865, arrastrando a Argentina a la guerra. Desde ese momento, la Triple Alianza entre Brasil, Argentina y el nuevo gobierno uruguayo fue un hecho formal.
La guerra que siguió fue de una brutalidad extrema y extraordinaria duración. Paraguay, que en 1864 contaba con un ejército profesional comparativamente bien organizado y una posición geográfica favorable, resistió contra tres potencias durante seis años. Solano López movilizó a toda la población capaz de combatir, incluyendo a niños y ancianos en las últimas fases de la contienda. La campaña de Mato Grosso y la inicial campaña ofensiva paraguaya dieron paso a una larga guerra defensiva en suelo paraguayo, donde los aliados avanzaron palmo a palmo ante una resistencia tenaz.
La entrada argentina en el conflicto fue impopular fuera de Buenos Aires y Rosario. Una parte significativa de las tropas argentinas fue reclutada por la fuerza, y hubo deserciones masivas en algunas regiones. La guerra alimentó tensiones internas en los tres países aliados, divididos entre sectores que apoyaban el esfuerzo bélico y otros que lo rechazaban. En Paraguay, el régimen de Solano López ejercía un control total sobre la sociedad, reprimiendo cualquier disidencia con una dureza extrema.
La guerra terminó formalmente en 1870 con la muerte de Solano López en la batalla de Cerro Corá, en marzo de ese año, cuando fue herido y muerto mientras intentaba escapar con un puñado de hombres. Paraguay, derrotado, debió ceder al Brasil 334.126 kilómetros cuadrados de territorio que aún estaban en disputa diplomática y fue condenado a pagar una cuantiosa indemnización de guerra. El pago se fue postergando durante décadas y nunca fue completado en su totalidad. El país quedó ocupado militarmente por las fuerzas aliadas durante varios años.
Las consecuencias demográficas fueron apocalípticas. Con casi medio millón de muertos, la guerra dejó a Paraguay como un país de mujeres, niños y ancianos, enfrentado a la enorme tarea de reconstruir una sociedad diezmada. La recuperación demográfica tardó décadas. La economía, antes controlada por el Estado paraguayo en un modelo relativamente autosuficiente, quedó destruida y el país cayó en un ciclo de endeudamiento y dependencia exterior.
La interpretación histórica de este conflicto ha sido objeto de intensos debates desde el siglo XX. La versión tradicional paraguaya y el revisionismo argentino han subrayado el papel de los intereses del Imperio Británico en el estallido de la guerra, argumentando que las finanzas británicas promovieron el conflicto para abrir los mercados del Plata. La historiografía liberal clásica, en cambio, pone el acento en la política agresiva de Solano López. Sea cual sea la interpretación adoptada, la guerra de la Triple Alianza es un capítulo insoslayable en la historia del cono sur americano y un recordatorio de la escala de destrucción que puede generar un conflicto regional cuando se combinan rivalidades políticas, intereses económicos y ambiciones personales.
