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Guerra del Golfo

Campaña militar de la Coalición Internacional contra el régimen de Saddam Hussein

7 min01/01/2024
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La Guerra del Golfo de 1990-1991 fue uno de los conflictos armados más rápidos y mediáticamente decisivos del siglo XX. Desencadenada por la invasión iraquí del emirato de Kuwait en agosto de 1990, derivó en la formación de una coalición internacional sin precedentes que, mediante una combinación de presión diplomática, sanciones económicas y operaciones militares de alta precisión, obligó a las fuerzas de Saddam Hussein a retirarse del territorio ocupado. El conflicto marcó el final de la era posterior a la guerra fría, demostró la primacía militar de Estados Unidos y estableció nuevos paradigmas en la conducción de operaciones bélicas modernas.

Los antecedentes inmediatos de la invasión se remontan a los años de la guerra entre Irán e Irak, que se había prolongado de 1980 a 1988 y había dejado a Irak con una economía devastada y una deuda externa monumental, parte de la cual había sido contraída con Kuwait. El gobierno de Saddam Hussein acusaba al emirato de perforar oblicuamente en el campo petrolífero iraquí de Rumaila, robando así petróleo que Bagdad consideraba propio, y se negaba a reconocer la legitimidad de una deuda que calificaba de ayuda a un aliado en tiempos de guerra. Las tensiones se acumularon a lo largo del verano de 1990, con advertencias que la comunidad internacional no tomó con la seriedad necesaria.

El 2 de agosto de 1990, las fuerzas armadas iraquíes cruzaron la frontera y en apenas dos días completaron la ocupación total de Kuwait. La reacción internacional fue inmediata y unánime. El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas adoptó la resolución 660, que exigía la retirada incondicional de las tropas iraquíes, seguida de la resolución 661, que imponía sanciones económicas internacionales comprehensivas contra Bagdad. Irak, ignorando las presiones diplomáticas, declaró la anexión de Kuwait, dividiendo su territorio soberano en el distrito de Saddamiya Al-Mutlaa, absorbido por la gobernación iraquí de Basora, y la gobernación de Kuwait, que se convirtió en la decimonovena provincia de Irak.

La primera ministra británica Margaret Thatcher y el presidente estadounidense George H. W. Bush respondieron con determinación. Bajo el nombre de Operación Escudo del Desierto, comenzó a partir de agosto de 1990 el despliegue masivo de tropas y equipamiento militar en Arabia Saudita, cuyo territorio Kuwait veían también en peligro. Muchos países respondieron al llamado de la coalición liderada por Estados Unidos, formando la alianza militar más grande desde la Segunda Guerra Mundial. Aunque el poder militar provenía mayoritariamente de Estados Unidos, Arabia Saudita, el Reino Unido y Egipto fueron los contribuyentes más importantes, en ese orden. Otros países árabes, europeos y asiáticos también sumaron contingentes y apoyo logístico.

El 29 de noviembre de 1990, el Consejo de Seguridad adoptó la resolución 678, que fijaba el 15 de enero de 1991 como fecha límite para que Irak aplicara la resolución 660 y se retirara de Kuwait. La resolución facultaba a los estados miembros a utilizar todos los medios necesarios para obligar a Irak a cumplir. Las negociaciones de última hora, incluida una reunión entre el secretario de Estado James Baker y el canciller iraquí Tariq Aziz, fracasaron. Saddam Hussein se aferró a su posición y calificó el inminente enfrentamiento como la madre de todas las batallas.

El 17 de enero de 1991, con el nombre de Operación Tormenta del Desierto, comenzó la campaña de bombardeos aéreos y navales más intensa desde la Segunda Guerra Mundial. Durante cinco semanas, los aviones de la coalición atacaron sistemáticamente infraestructura militar, de comunicaciones y logística iraquí, neutralizando en gran medida la capacidad de respuesta de las fuerzas de Saddam. Irak intentó ampliar el conflicto disparando misiles Scud contra Israel, con la esperanza de provocar una respuesta militar israelí que llevara a los países de mayoría musulmana a retirarse de la coalición. La provocación no funcionó: Israel, bajo presión de Washington, no tomó represalias directas, y los países árabes de la coalición mantuvieron sus posiciones.

El 24 de febrero de 1991, la coalición lanzó el ataque terrestre sobre Kuwait. La ofensiva fue devastadoramente rápida. En apenas cien horas, las fuerzas de la coalición liberaron Kuwait y comenzaron a avanzar hacia el interior de Irak. Las fuerzas iraquíes, desorientadas tras semanas de bombardeos y superadas en todo sentido por el equipamiento tecnológico y el entrenamiento de sus adversarios, se derrumbaron en gran medida. El 28 de febrero de 1991, tras las cien horas de campaña terrestre, la coalición declaró un alto el fuego y suspendió su avance, con Kuwait liberado.

La decisión de no avanzar sobre Bagdad y deponer a Saddam Hussein fue objeto de debate durante años. El presidente Bush argumentó que hacerlo habría excedido el mandato de la ONU y desintegrado la coalición, además de hundir a Estados Unidos en un pantano parecido al que encontraría su sucesor doce años después. El dictador iraquí permaneció en el poder, reprimió brutalmente las rebeliones chiitas y kurdas que estallaron tras la derrota, y siguió representando una amenaza para la estabilidad regional durante la siguiente década.

La Guerra del Golfo fue también un hito en la historia de los medios de comunicación. Por primera vez, millones de personas en todo el mundo siguieron el desarrollo de las operaciones militares en tiempo real gracias a la transmisión directa de la cadena CNN desde el corazón de Bagdad. Las imágenes de misiles de crucero atravesando el cielo nocturno y explosiones sobre objetivos militares introdujeron la guerra de alta tecnología en los salones de los hogares occidentales, transformando para siempre la relación entre los conflictos armados y la opinión pública global.

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