Glenda May Jackson nació el 9 de mayo de 1936 en Birkenhead, Cheshire, en una familia de origen modesto. Su madre, Joan Pearce, trabajaba en una tienda local, servía cervezas en un pub y hacía limpieza doméstica. Su padre, Harry, era constructor. La llamó Glenda en honor a la estrella de cine Glenda Farrell, un detalle que parece premonitorio dado el destino que esperaba a esa niña nacida en un barrio obrero del noroeste de Inglaterra. Pocos imaginaban entonces que aquella hija de trabajadores se convertiría en una de las actrices más grandes del siglo XX y, después, en política de vocación con décadas de trayectoria parlamentaria.
Se educó en las escuelas primarias Holy Trinity Church of England y Cathcart Street, y luego en la West Kirby County Grammar School for Girls, en la cercana West Kirby. Durante su adolescencia actuó con el grupo de teatro Townswomen's Guild, adquiriendo sus primeras experiencias escénicas. Su debut formal como actriz tuvo lugar en 1952, con solo dieciséis años, cuando interpretó en la obra Mystery of Greenfingers de JB Priestley para los YMCA Players en Hoylake. Trabajó durante dos años en Boots the Chemists antes de ganar una beca en 1954 para estudiar en la Real Academia de Arte Dramático de Londres, la RADA, donde comenzó el curso a principios de 1955.
Sus primeros años profesionales fueron irregulares. En enero de 1957 hizo su debut profesional sobre el escenario en Doctor in the House de Ted Willis, en el Teatro Connaught de Worthing. Entre 1958 y 1961 pasó dos años y medio sin poder encontrar trabajo como actriz, un período de dificultades que habría desanimado a talentos menos tenaces. Volvió al teatro de repertorio en Dundee y siguió construyendo su oficio en circuitos regionales antes de que la gran oportunidad llegara a su puerta.
Ese momento llegó en 1963, cuando se incorporó a la Royal Shakespeare Company para cuatro años de trabajo intenso bajo la dirección de Peter Brook. Jackson formó parte de la temporada Theatre of Cruelty, un experimento radical que buscaba explorar los límites del teatro y la percepción del público. El papel que la lanzó a la fama internacional fue el de una interna de un manicomio que encarnaba a Charlotte Corday en Marat/Sade, la obra de Peter Weiss dirigida por Brook en 1965. La producción se presentó en Broadway ese mismo año y en París, y Jackson también apareció en la versión cinematográfica de 1967. Ese mismo año interpretó a Ofelia en el Hamlet dirigido por Peter Hall, consolidando su reputación como actriz de extraordinaria capacidad.
La RSC también la incluyó en US, la polémica pieza de teatro de 1966 que protestaba contra la guerra de Vietnam en el Teatro Aldwych de Londres, y que tuvo su versión cinematográfica bajo el título Tell Me Lies. La fama cinematográfica de mayor alcance llegó con Mujeres enamoradas, la adaptación de la novela de D.H. Lawrence dirigida en 1969 por el provocador Ken Russell. Su interpretación en ese film le valió el primer Premio de la Academia a la Mejor Actriz, un reconocimiento que en su caso no fue la culminación de una carrera sino el comienzo de su período más brillante.
En 1970 volvió a trabajar con Ken Russell en The Music Lovers, interpretando a la esposa de Chaikovski. Al año siguiente llegó uno de los momentos más recordados de su carrera televisiva: protagonizó la miniserie Elizabeth R de la BBC, donde interpretó a la reina Isabel I de Inglaterra con una profundidad y una energía que resultaron devastadoras. Ese papel le valió el Emmy a la Mejor Actriz en una Serie Dramática y el Emmy a la Mejor Actriz en una Miniserie. Ese mismo año también apareció en Mary, Queen of Scots junto a Vanessa Redgrave, obteniendo una nominación al Óscar por ese papel además de un Premio BAFTA. Su participación en Domingo sangriento de John Schlesinger también le valió una nominación al Óscar y otro BAFTA. En 1971, el mundo del cine y la televisión le tributaron reconocimientos masivos: recibió los premios a la Mejor Actriz de Cine del Variety, entre muchos otros galardones, convirtiéndose en la vigesimoicuarta persona en lograr la llamada «Triple Corona de actuación», es decir, ganar el Óscar, el Emmy y el Tony a lo largo de su carrera.
Cuando a mediados de los años 1970 su estrella en la pantalla llegaba a su cénit, Jackson tomó una decisión que sorprendió a muchos en la industria del entretenimiento: abandonar la actuación para dedicarse a la política. Afiliada al Partido Laborista, fue elegida diputada en 1992 por el distrito de Hampstead y Highgate, cargo que desempeñó durante 23 años. Tras los cambios en los límites electorales, representó a partir de 2010 al distrito de Hampstead y Kilburn hasta su retirada en 2015. En la tribuna del Parlamento demostró la misma intensidad y convicción que en el escenario, sin jamás subordinar sus posiciones a los cálculos del oportunismo político.
Tras su retiro parlamentario en 2015, Jackson regresó al teatro con una aclamada actuación en el papel protagónico de El rey Lear de Shakespeare, interpretando al anciano monarca en una lectura que desconcertó y entusiasmó a la crítica a partes iguales. Murió el 15 de junio de 2023 en Blackheath, Londres, a los 87 años, dejando detrás una trayectoria sin paralelo que combinó el arte y el servicio público con una coherencia que pocas personas logran mantener a lo largo de una vida entera.

