Georges Wolinski nació el 28 de junio de 1934 en Túnez, en el seno de una familia marcada por la tragedia desde el principio. Su padre, de origen judío polaco y vinculado a una empresa de artesanía en hierro en Túnez, murió cuando Georges tenía apenas dos años. Su madre, de ascendencia judía franco-italiana, enfermó de tuberculosis y fue enviada a un sanatorio en Francia, dejando al pequeño a cargo de sus abuelos maternos. No sería sino hasta que Georges contaba trece años cuando volvió a ver a su madre, quien ya se había recuperado y contraído un segundo matrimonio.
Esta infancia marcada por la ausencia y la dislocation temprana modeló de alguna manera el espíritu crítico y la sensibilidad irreverente que caracterizarían toda su obra posterior. El joven Wolinski creció entre dos culturas, la norteafricana y la europea, absorbiendo con una mirada afilada las contradicciones y los absurdos de la condición humana.
Fue en el liceo de Briançon donde conoció a su primera esposa, Jacqueline, con quien se casaría en 1961. Juntos tuvieron dos hijas. Esta etapa estuvo marcada también por el trabajo: antes de dedicarse plenamente al dibujo, Wolinski trabajó en la empresa de tejidos de su suegro en Fontenay-sous-Bois. Fue un período de transición durante el cual publicó sus primeros dibujos en la revista Rustica, en 1958, dando los primeros pasos hacia la profesionalización de su vocación artística.
El destino le deparó otro golpe duro cuando Jacqueline murió en 1966 en un accidente de tráfico en Francia: ella conducía y trató de esquivar a un perro. Wolinski, entonces en plena consolidación de su carrera, continuó adelante con una energía creativa que no se detendría ante ninguna adversidad. Más tarde conocería a su segunda esposa, Maryse, en Le Journal du dimanche, donde trabajó a partir de 1968.
Su ingreso en la plantilla de Hara-Kiri en 1960, tras enviar sus dibujos al escritor y humorista François Cavanna, resultó determinante. Hara-Kiri era una publicación iconoclasta, irreverente y deliberadamente provocadora que se enfrentaba a los tabúes de la sociedad francesa con humor negro y mordacidad. En ese ambiente fértil, Wolinski encontró el espacio ideal para desarrollar su voz gráfica propia.
Los sucesos de mayo de 1968 constituyeron un catalizador fundamental en su trayectoria. Las protestas estudiantiles y obreras que sacudieron Francia, con jóvenes de izquierda enfrentados a una sociedad de consumo que consideraban alienante, encontraron en la pluma de Wolinski a uno de sus cronistas más agudos. Sus dibujos aparecieron en la revista Action, donde pronto se hizo conocido, y en colaboración con el humorista Siné fundó el periódico L'Enragé, una publicación de coloración política intensa que, aunque tuvo vida breve, consolidó su perfil como dibujante comprometido.
De Hara-Kiri pasó a Hara-Kiri Hebdo, que luego se transformaría en Charlie Hebdo. Wolinski fue redactor en jefe de Charlie Hebdo de 1970 a 1981, una época en que la publicación definía el tono más combativo del humor gráfico francés. A lo largo de esos años, y en las décadas posteriores, colaboró también con publicaciones tan diversas como L'Humanité, Le Nouvel Observateur, Paris Match y Paris-Presse, ejerciendo como presidente del premio al dibujo gráfico de Point.
Su estilo evolucionó desde una fase experimental inicial, en la que ensayó diversas aproximaciones gráficas, hasta una forma madura con ciertos paralelismos al trabajo del dibujante Copi. Lo que lo distinguía era su extraordinaria capacidad para transmitir la expresividad de sus personajes con economía de líneas, capturando en pocos trazos la idiosincrasia humana en toda su complejidad y contradicción.
Sus personajes típicos alcanzaron tal popularidad que fueron requeridos para campañas publicitarias de grandes empresas francesas. IBM le encargó ilustraciones en las que uno de sus personajes lanzaba papeles a un ordenador exhortándole a que lo hiciera él. Mars Incorporated utilizó sus dibujos para sus productos de chocolate, y Rizla, fabricante de papel de cigarrillos, también recurrió a su talento. Estas colaboraciones publicitarias le fueron reprochadas por algunos colegas de la izquierda purista, aunque Wolinski las aceptaba con criterio selectivo, prefiriendo aquellas que le daban margen para la creación genuina.
Paralelamente a la prensa y la publicidad, trabajó en France-Soir, donde adquirió el hábito de criticar no solo los valores sociales dominantes sino también la propia línea editorial de la publicación que lo acogía, según sus propias palabras. Esta actitud indomable ante cualquier institución, incluso la que le pagaba el sueldo, era la marca más auténtica de su carácter.
El 7 de enero de 2015, Georges Wolinski fue asesinado en la sede de Charlie Hebdo en París. Dos hermanos armados irrumpieron en la redacción de la revista y abrieron fuego, matando a doce personas en uno de los atentados terroristas más graves de la historia reciente de Francia. Wolinski tenía ochenta años y seguía dibujando. Su muerte conmocionó a Francia y al mundo entero, convirtiendo su nombre y el de sus compañeros caídos en símbolos de la libertad de expresión y del derecho a la sátira frente al fanatismo.