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Fuerza Nacional de Seguridad Pública

La Fuerza Nacional de Seguridad Pública (en portugués: Força Nacional de Segurança Pública

4 min01/01/2024
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La Fuerza Nacional de Seguridad Pública de Brasil surgió en 2004 como respuesta a una necesidad urgente: contar con un cuerpo policial capaz de actuar rápidamente en cualquier rincón del país cuando la situación de orden público lo exigiera. Con sede en Brasília, en el Distrito Federal, este organismo nació durante el primer gobierno del presidente Luiz Inácio Lula da Silva y fue concebido por el entonces ministro de Justicia, Márcio Thomaz Bastos, como un mecanismo de cooperación entre las distintas fuerzas de seguridad estatales bajo coordinación federal.

La institución funciona como una cooperación conjunta entre las diversas policías militares de los estados brasileños, articulada y dirigida desde la Secretaría Nacional de Seguridad Pública, conocida por su sigla SENASP, que forma parte del Ministerio de Justicia. El Secretario de la SENASP, el Comisario de Policía Federal Luiz Fernando Correa, ejerce el mando general de la Fuerza, mientras que la conducción operativa y el control directo en el terreno recaen sobre el coronel de la Policía Militar de Rio Grande do Sul, Aurélio Rodrigues Ferreira.

Uno de los principios fundamentales que sustenta la Fuerza Nacional es el carácter interestatal de sus efectivos. Sus filas están compuestas por hombres de las policías militares de los más variados estados de Brasil, seleccionados y enviados en coordinación con el Secretario de Seguridad Pública de cada estado. Esta estructura federal permite que la Fuerza se desplace a cualquier punto del territorio nacional sin depender exclusivamente de los recursos o la voluntad política de un solo gobierno estadual.

Quienes ingresan a la Fuerza Nacional reciben inicialmente cien horas de formación continua, distribuidas en diez días de entrenamiento intensivo. Las materias contempladas en este programa incluyen derechos humanos, control de disturbios civiles, gestión de crisis en el marco de la policía ostensiva y técnicas avanzadas de tiro. Esta preparación busca garantizar que los efectivos actúen con eficiencia pero también con apego a los principios constitucionales y al respeto por los ciudadanos.

Dentro de la estructura de la Fuerza Nacional existe una unidad de élite conocida como BEPE, el Batalhão Especial de Pronto Emprego, o Batallón Especial de Despliegue Rápido, con sede en Gama, también en el Distrito Federal. Esta unidad concentra a los efectivos con mayor capacitación, formados junto a unidades de élite tanto de Brasil como del extranjero. El BEPE puede ser empleado tanto en patrullaje policial convencional como en operaciones especiales de alta complejidad en cualquier parte del país.

El Ministerio de Justicia creó el BEPE con la ambición de convertirlo en el cuerpo de policía mejor entrenado y más eficiente de Brasil, capaz de responder a situaciones críticas de seguridad pública cuando las autoridades federales lo soliciten o cuando los organismos de aplicación de la ley estatal necesiten apoyo urgente. La naturaleza no desmovilizable de su cuota de efectivos garantiza que la unidad permanezca siempre lista para actuar frente a cualquier emergencia.

La Fuerza Nacional fue llamada en distintas ocasiones al estado de Espírito Santo y al estado de Mato Grosso do Sul, principalmente para ayudar a controlar rebeliones al interior de las cárceles, situaciones en las que la capacidad local se veía desbordada por la violencia intramuros. Estas intervenciones demostraron la utilidad práctica del organismo como recurso federal de último recurso para restablecer el orden en instalaciones penitenciarias.

En 2006, el gobierno federal ofreció enviar a la Fuerza Nacional al estado de São Paulo para hacer frente a una ola de violencia organizada protagonizada por presos que atacaron a las fuerzas de seguridad públicas estatales. Sin embargo, el gobierno de São Paulo rechazó el ofrecimiento, argumentando que tenía bajo control la situación con sus propios recursos. Esta negativa reveló una de las tensiones inherentes al modelo: la soberanía estadual puede limitar la capacidad de intervención federal incluso cuando la situación lo amerita.

El caso más resonante de intervención de la Fuerza Nacional ocurrió en 2007, cuando el gobernador de Rio de Janeiro, Sérgio Cabral Filho, solicitó apoyo federal ante una escalada de violencia protagonizada por diversas facciones criminales que asolaban el estado. El gobierno federal respondió enviando un contingente de aproximadamente quinientos hombres y cincuenta y dos vehículos, que fueron desplegados para patrullar diecinueve puntos críticos en la geografía estadual, con especial énfasis en las áreas de favelas donde la presencia del crimen organizado era más aguda.

La intervención en Rio de Janeiro mostró tanto las posibilidades como los límites de la Fuerza Nacional. Por un lado, su rapidez de despliegue y su entrenamiento unificado permitieron reforzar áreas de alta conflictividad en poco tiempo. Por otro, la complejidad del fenómeno criminal en las favelas cariocas evidenció que la seguridad pública no es un problema que se resuelve únicamente con la presencia policial, sino que requiere políticas sociales, económicas e institucionales de largo plazo.

El legado de la Fuerza Nacional en los años posteriores a su creación fue doble. Desde el punto de vista institucional, consolidó la idea de que Brasil necesitaba mecanismos federales de respuesta rápida frente a crisis de seguridad que superasen la capacidad individual de los estados. Desde el punto de vista operativo, contribuyó a desarrollar estándares de entrenamiento y procedimiento más homogéneos entre las distintas policías militares estaduales, sembrando la semilla de una cultura policial más uniforme en un país de dimensiones continentales.

A lo largo de sus primeros años de funcionamiento, la Fuerza Nacional demostró ser una herramienta flexible y disponible para situaciones que requerían intervención coordinada y de alto impacto. Aunque no reemplazó a las policías estaduales ni pretendió hacerlo, su existencia estableció un precedente importante en la manera en que el Estado brasileño concibe la seguridad pública como una responsabilidad compartida entre los distintos niveles de gobierno, donde la cooperación y la formación continua resultan esenciales para enfrentar desafíos que ningún estado puede abordar en soledad.

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