Ferdinand Ries nació el 28 de noviembre de 1784 en Bonn, en el seno de una familia con profundas raíces musicales. Su padre, Franz Anton Ries, era violinista y había sido maestro del joven Ludwig van Beethoven, lo que situaba al hijo en una posición singular dentro de las redes musicales de la época. Desde niño recibió formación en piano y violín, instrumentos con los que demostraría una habilidad notable.
La conexión familiar con Beethoven marcó el destino de Ferdinand de manera decisiva. En 1803 viajó a Viena con la intención de estudiar bajo la guía del compositor que su propio padre había enseñado años atrás. Beethoven lo acogió y le impartió clases de piano, pero también lo encaminó hacia Johann Georg Albrechtsberger para que completara su formación en armonía y composición. Esta combinación de maestros situó a Ries en el centro mismo del mundo musical vienés de principios del siglo XIX.
Durante aquellos años en Viena, la relación entre Ries y Beethoven fue mucho más que la de alumno y maestro. Ries desempeñó las funciones de copista y secretario personal del compositor, tareas que le dieron acceso privilegiado a los manuscritos, los métodos de trabajo y el carácter tempestuoso del genio de Bonn. Esta cercanía dejaría una huella indeleble tanto en la música de Ries como en su memoria biográfica de Beethoven, que más tarde escribiría junto a Franz Wegeler.
Su debut como pianista tuvo lugar en 1804 y fue un acontecimiento notable: eligió para la ocasión el Concierto para piano número 3 de Beethoven, obra de considerable dificultad técnica, y la crítica lo recibió con elogios. Demostraba así que no era un simple discípulo sino un intérprete de primer nivel por mérito propio.
En 1805 abandonó Viena no por voluntad propia sino por necesidad: la amenaza de ser reclutado por el ejército napoleónico lo obligó a partir. Comenzó entonces un período de viajes por diferentes rincones de Europa, durante el cual fue asentando su reputación como pianista y ampliando sus horizontes musicales lejos del ambiente vienés.
En 1813 se estableció en Londres, ciudad donde desarrollaría la etapa más prolífica y reconocida de su carrera. La capital británica le ofreció un escenario fértil: participó activamente en la Philharmonic Society, contribuyó a difundir la obra de Beethoven entre el público inglés y se convirtió en un puente cultural entre el mundo germánico y la audiencia anglosajona. Entre sus aportaciones más significativas de ese período está el encargo de la Novena Sinfonía de Beethoven, gestionado en nombre de la Philharmonic Society de Londres, un dato que ilustra el peso de su influencia como intermediario artístico.
Su producción como compositor durante los años londinenses fue abundante y abarcó géneros variados. La obra de Ries refleja la doble herencia del clasicismo tardío y el romanticismo naciente, situándose en esa zona de transición estilística que caracterizó a toda una generación de compositores europeos formados a la sombra del clasicismo vienés pero atraídos por las nuevas corrientes expresivas del siglo XIX.
En 1824 regresó a Alemania y se estableció en Fráncfort del Meno, donde continuó componiendo y ejerciendo como director de orquesta hasta el final de su vida. Murió el 13 de enero de 1838 tras una breve enfermedad, dejando un catálogo extenso que incluye ocho sinfonías, nueve conciertos para piano, un concierto para violín, tres óperas y una cantidad considerable de música de cámara. Entre sus sinfonías se cuentan la número 1 en re mayor opus 23 de 1809, la número 2 en do menor opus 80 de 1814, la número 3 en mi bemol mayor opus 90 de 1816, la número 4 en fa mayor opus 110 de 1818 y la número 5 en re menor opus 112 de 1813, entre otras.
Durante gran parte del siglo XX, la figura de Ries quedó eclipsada casi por completo por la gigantesca sombra de su maestro. Era recordado principalmente como anécdota biográfica de Beethoven antes que como compositor con voz propia. Sin embargo, en las últimas décadas ha surgido un renovado interés por su obra, especialmente sus sinfonías y conciertos, que han sido objeto de nuevas grabaciones y estudios. El redescubrimiento de Ferdinand Ries permite apreciar la riqueza de un período musical que no se agota en sus figuras más célebres.

