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Isla de Pascua

Isla chilena ubicada en Polinesia, Oceanía

5 min01/01/2024
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En medio del océano Pacífico, a unos 3700 kilómetros de las costas continentales chilenas y a más de 2000 kilómetros del archipiélago habitado más cercano, existe una isla tan remota que resulta difícil imaginar que el ser humano haya podido llegar hasta ella en embarcaciones de madera impulsadas únicamente por remos y velas. La isla de Pascua, conocida en el idioma de sus habitantes originales como Rapa Nui, es uno de los territorios más aislados del planeta y uno de los escenarios más fascinantes de la historia de la humanidad.

Con una superficie de 163,6 kilómetros cuadrados, la isla es la mayor de las que conforman el denominado Chile insular. Según el censo de 2017, su población es de 7750 habitantes, concentrados casi en su totalidad en Hanga Roa, la capital y único núcleo urbano de la isla. Administrativamente pertenece a Chile, integra la región de Valparaíso y forma junto a la deshabitada isla Salas y Gómez la comuna de Isla de Pascua. Una reforma constitucional de 2007, la ley 20193, estableció la isla como un "territorio especial", dotándola de un estatuto administrativo particular.

El nombre de Rapa Nui, que significa literalmente "Rapa Grande" en el idioma de los navegantes tahitianos del siglo XIX, surge de la comparación que estos visitantes establecieron entre la isla y la isla de Rapa, en la actual Polinesia Francesa, también conocida como Rapa Iti o "Rapa Pequeña". Aunque el topónimo tiene origen externo, ha sido adoptado como propio por los habitantes. En su idioma autóctono, la isla era conocida anteriormente por nombres aún más evocadores: Te Pito o te Henua, que significa "el ombligo de la Tierra", y Mata ki te rangi, que puede traducirse como "ojos que miran al cielo". Ambos nombres capturan algo de la soledad cósmica de ese trozo de tierra volcánica perdido en el Pacífico.

El nombre de Pascua, por su parte, se lo otorgó el navegante neerlandés Jakob Roggeveen, quien avistó la isla el 5 de abril de 1722, fecha que correspondía a la Pascua de Resurrección en el calendario cristiano. Roggeveen realizaba un largo viaje iniciado en Texel, Países Bajos, y navegaba por las costas del Pacífico cuando sus embarcaciones toparon con aquella tierra inesperada. En el neerlandés de la época, la llamó Paasch-Eyland, nombre que luego se tradujo al español como Isla de Pascua y a otros idiomas con sus equivalentes correspondientes.

La historia de la isla antes de la llegada europea es un enigma apasionante. Los primeros colonizadores llegaron probablemente entre los siglos IV y VIII de la era común, provenientes de algún punto de la Polinesia oriental, en una travesía de miles de kilómetros en canoas de madera. Sobre cómo sobrevivieron y prosperaron en aquella isla de recursos limitados, y cómo desarrollaron una de las culturas más sofisticadas y originales de Oceanía, los investigadores llevan décadas debatiendo.

El vestigio más visible y asombroso de esa civilización son los moáis: enormes estatuas antropomorfas talladas en la roca volcánica de la isla. Hay casi novecientas de estas figuras, la mayoría de ellas distribuidas a lo largo de la costa sobre plataformas ceremoniales llamadas ahus. Las estatuas representan figuras humanas con rasgos estilizados, torso largo y brazos pegados al cuerpo, y muchas de ellas fueron coronadas con tocados de piedra roja llamados pukao. Cómo los antiguos rapanui transportaron estas enormes esculturas, que pueden superar los diez metros de altura y pesar decenas de toneladas, es una pregunta que ha generado innumerables teorías y continúa fascinando a los investigadores.

El parque nacional Rapa Nui, creado para proteger estos monumentos y el ecosistema de la isla, fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1995. Desde 2016, la Comunidad Indígena Polinésica Ma'u Henua administra el parque en nombre del pueblo rapanui, en un acuerdo que reconoce los derechos históricos de la población originaria sobre su patrimonio cultural. La isla es hoy uno de los principales destinos turísticos de Chile, atrayendo a visitantes de todo el mundo fascinados por sus estatuas y por la historia de la civilización que las construyó.

En agosto de 2018, el entonces presidente de Chile, Sebastián Piñera, visitó la isla y anunció el posible cambio del nombre oficial a "Rapa Nui". En 2019, el Senado chileno aprobó un proyecto de ley para denominarla "Rapa Nui-Isla de Pascua", aunque la Cámara de Diputados rechazó la propuesta. El debate sobre el nombre oficial continúa siendo un reflejo de las tensiones más amplias entre la identidad política chilena y el reconocimiento de la autonomía cultural rapanui.

La Isla de Pascua ostenta también otra distinción singular: es la única isla de Oceanía donde el español es lengua oficial. La cercana isla Salas y Gómez, a unos 415 kilómetros al este, permanece deshabitada. La tierra habitada más próxima es el archipiélago británico de las islas Pitcairn, a unos 2075 kilómetros al oeste. Ese aislamiento extremo fue durante siglos tanto la condición de la cultura rapanui como su mayor vulnerabilidad, y sigue siendo hoy la característica que hace de este lugar uno de los rincones más singulares del mundo.

El legado de la isla de Pascua trasciende las fronteras de Chile y de Polinesia. Sus moáis se han convertido en uno de los iconos más reconocidos de la historia de la humanidad, símbolo de la capacidad creativa de culturas que la historia occidental tardó mucho en tomar en serio. La pregunta sobre qué le ocurrió a la civilización que los construyó, y qué lecciones puede ofrecer esa historia a un mundo que también enfrenta la sobreexplotación de sus recursos naturales, sigue siendo tan urgente hoy como hace décadas.

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