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Casa de Borgoña

Rama secundaria de los Capetos que fueron soberanos en el Ducado de Borgoña, y en el Reino de Portugal.

4 min01/01/2024
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La historia de las grandes dinastías europeas está llena de ramificaciones, extinciones y renacimientos, pero pocas familias nobiliarias ilustran tan bien la complejidad de esos procesos como la Casa de Borgoña. Su nombre remite a una región en el corazón de Francia, pero su legado se extiende hasta los confines de la península ibérica, donde sus descendientes fundaron uno de los imperios marítimos más importantes de la historia.

La Casa de Borgoña era una rama secundaria de la dinastía de los Capetos, la familia real que gobernó Francia desde finales del siglo X hasta el XIV. Su origen como casa ducal se remonta a una decisión política del rey Enrique I de Francia, quien buscaba resolver el delicado problema de las ambiciones de su hermano Roberto. Para apartar a Roberto de la carrera por el trono, el rey le cedió el Ducado de Borgoña en régimen de apanage, es decir, como feudo hereditario reservado a los miembros de la familia real pero sin derecho a la sucesión al trono francés. Esta concesión fundó así la rama borgoñona de la dinastía capetiana.

La historia del ducado presentaba una complicación previa. La dinastía inicial de los duques de Borgoña, conocida como la casa Bosónida, se había extinguido en 1026 con la muerte sin descendientes del duque Otón Guillermo. El ducado había sido entonces anexionado en 1004 por el rey Roberto II de Francia, padre de Enrique I, con lo que el territorio quedó bajo control directo de la corona francesa antes de ser otorgado como apanage a Roberto el Viejo.

Durante varios siglos, los duques de Borgoña de la rama capetiana gobernaron su ducado como señores poderosos e influyentes dentro del marco político del reino francés. Sin embargo, la línea directa de esta rama se fue adelgazando con el tiempo. El último representante de la casa ducal borgoñona, Felipe I de Rouvres, murió de peste en 1361 a una edad temprana, sin haber dejado herederos. El ducado revirtió entonces a la corona francesa, y el rey Juan II lo otorgó a su hijo Felipe el Atrevido, iniciándose así la famosa rama de los Duques Valois de Borgoña, de quien más tarde descendería la casa de los Habsburgo a través del matrimonio de María de Borgoña.

Pero el legado más sorprendente de la Casa de Borgoña no se encuentra en Francia sino en Portugal. Su conexión con la monarquía portuguesa se origina en el matrimonio de Teresa de León, hija ilegítima del rey Alfonso VI de León, con Enrique de Borgoña, quien era nieto de Roberto I "el Viejo", el fundador original de la rama ducal borgoñona. Este enlace, concertado a finales del siglo XI, tuvo consecuencias históricas de primera magnitud.

De la unión entre Teresa de León y Enrique de Borgoña nació Alfonso Enríquez, quien sería el futuro Alfonso I de Portugal. Tras años de conflictos militares con el reino de León, Alfonso Enríquez se proclamó rey de Portugal en 1139, convirtiendo así lo que había sido el condado de Portucale en un reino independiente. Este fue el acto fundacional de Portugal como entidad política soberana, y la Casa de Borgoña se convirtió en la primera dinastía reinante del nuevo reino.

Durante casi dos siglos y medio, los monarcas de la Casa de Borgoña gobernaron Portugal, expandiendo sus fronteras hacia el sur a expensas de los territorios musulmanes de al-Ándalus y consolidando la identidad nacional portuguesa. Bajo su reinado, Portugal se convirtió en uno de los reinos más estables y organizados de la península ibérica. La Reconquista portuguesa alcanzó sus objetivos finales y el territorio del reino quedó prácticamente fijado en los límites que conserva hasta hoy.

La dinastía borgoñona portuguesa llegó a su fin con Fernando I "el Hermoso", que murió en 1383 sin descendencia masculina. Su muerte desencadenó una crisis dinástica de consecuencias profundas. Su única hija, Beatriz, estaba casada con el rey Juan I de Castilla, lo que significaba que la unión de las dos coronas ibéricas era inminente si se respetaba la línea sucesoria directa. Sin embargo, una parte significativa de la nobleza y del pueblo portugués se opuso a la absorción de Portugal por Castilla y se alineó con el maestre de la Orden de Avis, Juan, hermanastro ilegítimo de Fernando I.

El conflicto entre los partidarios de Beatriz y los del maestre Juan desembocó en la batalla de Aljubarrota en 1385, en la que las fuerzas portuguesas, con apoyo inglés, derrotaron decisivamente al ejército castellano. El maestre fue proclamado rey como Juan I de Portugal, fundando la Dinastía de Avis y asegurando la independencia de Portugal respecto de Castilla. Fue el fin de la Casa de Borgoña en el trono portugués, pero también el inicio de una nueva etapa que llevaría a Portugal a convertirse en la primera potencia marítima de la era moderna.

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