civilizacoes perdidas

Cartago

Antigua ciudad capital de la república homónima

7 min01/01/2024
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En la costa del norte de África, sobre un promontorio estratégico que dominaba el cruce marítimo entre Sicilia y el continente africano, se levantó una de las ciudades más poderosas e influyentes de la Antigüedad. Cartago fue fundada por emigrantes fenicios procedentes de Tiro a finales del siglo IX antes de Cristo, según la datación moderna más aceptada, y durante siglos creció hasta convertirse en la capital de un Estado mercantil y naval que desafió primero a las ciudades-Estado griegas de Sicilia y luego a la propia República romana.

La ubicación de Cartago no fue accidental sino el resultado de una elección deliberada cargada de inteligencia geopolítica. Situada en las inmediaciones de lo que hoy es Túnez, a unos diecisiete kilómetros al noreste de la capital tunecina actual, la ciudad controlaba el paso obligado de todos los barcos que cruzaban el Mediterráneo entre Oriente y Occidente. Construida sobre un promontorio con entradas de mar al norte y al sur, su dominio del mar era casi absoluto, y en ese dominio residía la base de su prosperidad.

Los fundadores cartagineses levantaron dos grandes puertos artificiales dentro de la ciudad, una obra de ingeniería notable para su época. Uno de ellos albergaba la enorme flota de guerra de la ciudad, que en su momento de mayor poderío llegó a contar con 220 buques de guerra. El otro estaba destinado al comercio mercantil, que era el verdadero motor de la riqueza cartaginesa. Una torre amurallada dominaba ambas instalaciones. Los recursos que llegaban a Cartago procedían de todo el Mediterráneo occidental, desde los minerales de Hispania hasta el trigo del norte de África, desde el marfil de las costas atlánticas hasta la púrpura de las factorías fenicias del Mediterráneo.

Las defensas de la ciudad eran imponentes. Los muros cartagineses se extendían durante 37 kilómetros, más largos que los de ciudades comparables de la Antigüedad. La mayor parte de las murallas daban al mar, donde el control naval cartaginés hacía menos probable el ataque. Pero los 4 a 4,8 kilómetros de muro que protegían el istmo occidental eran extraordinariamente masivos y, según testimonios de autores antiguos, nunca fueron penetrados por ningún ejército enemigo. En algunos puntos se elevaban por encima de los 13 metros, con casi 10 metros de espesor. La ciudadela llamada Birsa, situada aproximadamente en el centro de la ciudad sobre las alturas del promontorio, constituía la última línea de defensa, y fue la última zona en sucumbir ante los romanos.

La ciudad púnica estaba dividida en cuatro áreas residenciales de igual tamaño y similar trazado, con plazas de mercado, edificios institucionales, espacios religiosos, un teatro y una extensa necrópolis. Cartago fue una de las ciudades más grandes del período helenístico. En su apogeo llegó a contar con 400 000 habitantes, lo que la situaba entre las mayores urbes del mundo preindustrial. Según la tradición histórica, aunque no siempre fiable, de Herodes, Cartago rivalizó con Alejandría por el segundo lugar en importancia del Imperio romano en etapas tardías de su existencia.

El poder cartaginés entró en colisión directa con Roma durante las tres guerras púnicas. En el siglo III antes de Cristo, las dos potencias se enfrentaron por el control del Mediterráneo occidental, comenzando por Sicilia. La primera guerra púnica, que duró de 264 a 241 a.C., terminó con la pérdida de Sicilia para Cartago. La segunda, protagonizada por el legendario general Aníbal Barca, quien cruzó los Alpes con un ejército y elefantes de guerra para llevar la guerra al corazón de Italia, dejó a Roma al borde del colapso en las batallas de Trebia, Trasimeno y sobre todo Cannas en 216 a.C. Sin embargo, Roma resistió y acabó por imponerse, y Cartago hubo de aceptar condiciones humillantes en 201 a.C.

Medio siglo después, a mediados del siglo II antes de Cristo, la ciudad fue destruida definitivamente por Escipión Emiliano en la llamada tercera guerra púnica. En el año 146 a.C., tras un asedio brutal, las tropas romanas tomaron la ciudad barrio a barrio durante semanas de combate encarnizado. Las alturas de Birsa fueron las últimas en caer. La ciudad fue incendiada y arrasada, sus habitantes muertos o vendidos como esclavos. La leyenda de que el suelo fue sembrado de sal para que nada volviera a crecer es, según los historiadores modernos, una elaboración posterior, pero captura bien el espíritu de exterminio total que presidió el final de Cartago.

Sin embargo, el lugar no permaneció vacío. En el año 29 antes de Cristo, el emperador Augusto fundó en el mismo emplazamiento una colonia romana con el nombre de Colonia Iulia Concordia Carthago, que se convirtió en la capital de la provincia romana de África. Su puerto fue vital para la exportación de trigo africano hacia Roma, y la ciudad llegó a ser la segunda en importancia de todo el Imperio, con 400 000 habitantes. En el año 425, los vándalos liderados por Genserico tomaron la ciudad y la convirtieron en la capital de su nuevo reino. Fue reconquistada por el general bizantino Belisario en 534, permaneciendo bajo influencia de Constantinopla hasta el año 705. La Cartago fenicia, griega, romana, vándala y bizantina fue ante todo un lugar que ninguna civilización de la Antigüedad pudo ignorar.

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