Amadeo VI de Saboya, conocido para la posteridad como el Conde Verde, fue uno de los aristócratas más hábiles y enérgicos de la Europa bajomedieval. Nacido en Chambéry, Saboya, el 4 de enero de 1334, y fallecido en Campobasso, Italia, el 1 de marzo de 1383, este conde de Saboya gobernó su territorio desde 1343 hasta su muerte y lo transformó, mediante una combinación de destreza militar, diplomacia astuta y oportunismo político, en una potencia alpina de envergadura cuya influencia se extendía tanto hacia el norte como hacia la peninsula italiana.
Hijo de Aimón el Pacífico, conde de Saboya, y de Yolanda Paleóloga de Montferrato, Amadeo ascendió al trono a la edad de nueve años, en 1343, tras la muerte de su padre. Durante los años de su minoría de edad, las riendas del condado estuvieron en manos de sus primos Luis II de Vaud y Amadeo III de Ginebra, quienes administraron el territorio hasta que el joven conde estuvo en condiciones de gobernar por sí mismo. Desde temprana edad, Amadeo mostró un carácter que combinaba la valentía con la ambición: en los torneos de su juventud, acostumbraba portar armas y banderas de color verde, lo que le valió el sobrenombre de il Conte Verde, el Conde Verde, por el que sería recordado por las generaciones futuras. Este color verde se convirtió en su marca distintiva; incluso cuando accedió al trono continuó vistiéndose con esa tonalidad en las apariciones públicas, convirtiendo el hábito en un símbolo de reconocimiento y prestigo.
Las primeras grandes pruebas militares de Amadeo llegaron relativamente pronto. En 1348 cruzó los Alpes para sofocar una revuelta en las ciudades piamontesas, y en 1352 obtuvo una victoria sobre los habitantes rebeldes de la región del Valais, situada al este de Ginebra. Estas campañas tempranas le permitieron afianzar su autoridad en los territorios alpinos y ampliar su base territorial de manera significativa. Las victorias militares y las adquisiciones en la región alpina durante la década de 1350 crearon la base geográfica para un estado unificado que abarcaba casi la totalidad de los Alpes occidentales.
La relación de Amadeo con el reino de Francia estuvo marcada por la tensión y la negociación. Cuando en 1349 Humberto II de La Tour du Pin entregó su título de Delfín de Viennois al futuro Carlos V de Francia, Amadeo, que consideraba a este vecino un competidor peligroso, entró en guerra con Francia. En 1354, derrotó a los franceses, y en un tratado firmado en París al año siguiente logró un acuerdo favorable: intercambió territorios en el Delfinado, más allá de los ríos Ródano y Guiers, a cambio del reconocimiento francés como soberano indiscutible de Faucigny y del Condado de Gex, así como del título de Conde de Genevois, disputas que habían generado fricciones entre los condes de Saboya y sus vecinos durante décadas. En 1355, consolidó sus relaciones exteriores mediante el matrimonio con Bona de Borbón, cuñada del delfín Carlos, el futuro Carlos V de Francia.
En 1365, el emperador alemán Carlos IV reconoció el creciente poder de Amadeo al nombrarlo vicario imperial, un honor que reflejaba el papel que el conde saboyanao ya desempeñaba como árbitro en los conflictos de la Europa central y noritaliana. Un año después, en 1366, respondió al llamado del papa Urbano V para unirse a una cruzada contra los turcos otomanos. La expedición llevó a sus fuerzas hasta Galípoli, donde combatió contra los turcos, y posteriormente realizó una campaña en la región del mar Negro, en territorio búlgaro. El resultado más resonante de esta expedición fue la restauración de su primo Juan V Paleólogo en el trono del Imperio Bizantino, un logro que elevó el prestigio de Amadeo a una dimensión europea y mediterránea que pocos nobles de su tiempo podían reclamar.
De regreso a Italia, su creciente reputación como mediador imparcial le abrió las puertas de los conflictos más delicados de la península. Actuó como árbitro entre Florencia y Pisa en 1364, y entre los marqueses de Montferrato y la familia Visconti en el período comprendido entre 1375 y 1379. También intervino para negociar la paz entre Venecia y Milán por un lado y Génova por el otro, alcanzando la llamada paz de Turín en 1381, un logro diplomático de primer orden en un contexto de rivalidades italianas profundamente arraigadas.
Amadeo fue también fundador de la Orden de la Santísima Anunciación, cuyo emblema incluía el enigmático vocablo FERT, una inscripción cuyo significado exacto ha generado debates entre los historiadores durante siglos sin que se haya alcanzado un consenso definitivo. La orden fue uno de los instrumentos simbólicos con los que el conde consolidó la imagen del condado de Saboya como un linaje noble de primera fila en la Europa medieval tardía.
La última empresa de Amadeo fue también la más desafortunada. En 1382 se unió al papa Clemente VII y al príncipe francés Luis I de Anjou en un proyecto para rescatar a la reina Juana I de Nápoles del papa rival Urbano VI y de Carlos de Durazzo, quien pretendía el trono napolitano. La expedición, lanzada en junio de 1382, fue acosada desde el principio por la enfermedad y el hambre, y quedó estancada en el sur de Italia. En el invierno siguiente, Amadeo fue atacado por la peste bubónica y murió el 1 de marzo de 1383 en Campobasso, sin haber podido concluir la misión que se había propuesto.
El legado del Conde Verde fue el de un gobernante que transformó un condado alpino en una potencia diplomática y territorial de alcance europeo, sentando las bases del Estado saboyanao que con el tiempo se convertiría en el núcleo a partir del cual se forjaría la unificación italiana siglos más tarde.
