En el interior del golfo de Guinea, donde el continente africano forma su ángulo más pronunciado hacia el oeste, se extiende un país que ha sido descrito con frecuencia como África en miniatura. La denominación no es retórica: el territorio de Camerún condensa en poco más de cuatrocientos setenta mil kilómetros cuadrados una variedad geológica y cultural que en otros continentes ocuparía vastísimas regiones. Playas tropicales en la costa atlántica, selvas densas en el sur, sabanas que se abren hacia el norte, montañas imponentes en el oeste y el semidesierto del lago Chad en el extremo nororiental conforman un mosaico de ecosistemas excepcional. Su punto más elevado es el monte Camerún, un volcán activo en el suroeste del país.
La historia del nombre revela la naturaleza de los primeros encuentros entre este territorio y el mundo exterior. En 1472, los navegantes portugueses que exploraban la costa occidental africana alcanzaron el estuario de lo que llamaron Rio dos Camarões, el río de los camarones, por la abundancia de gambas y cangrejos de río que encontraron en esas aguas. A través de la variante inglesa de ese topónimo, Cameroon, derivó el nombre actual del país en sus dos idiomas oficiales, el francés y el inglés. La dualidad lingüística no es accidental: es el reflejo directo de una historia colonial que dividió el territorio entre dos potencias europeas.
Los habitantes más antiguos del territorio camerunés son grupos como los baka, pigmeos que habitaron las selvas del sur desde tiempos inmemoriales. Los restos arqueológicos confirman la presencia humana continua desde el Neolítico. En la región del lago Chad, alrededor del año quinientos de nuestra era, floreció la civilización sao, una cultura compleja que construyó ciudades amuralladas y desarrolló elaboradas tradiciones artesanales. La civilización sao dio paso al Imperio Kanem-Bornu, que durante siglos dominó la región del lago Chad y sus alrededores, ejerciendo una influencia política y comercial que se extendía mucho más allá del actual Camerún.
En el oeste del país, otros grupos étnicos construyeron sus propias estructuras políticas. Los bamileke, los bamun y los tikar desarrollaron cacicazgos con tradiciones culturales propias que siguen vivas hoy. En el norte, durante el siglo XIX, el pueblo fulani estableció el emirato Adamawa, una entidad política islámica que integró a numerosas poblaciones bajo su autoridad. Esta diversidad de organizaciones políticas precoloniales se refleja en el hecho de que más de doscientos grupos étnicos y lingüísticos coexisten actualmente dentro de las fronteras del país.
El proceso de colonización europea se intensificó a lo largo del siglo XIX. En 1884, el territorio fue formalmente incorporado como colonia alemana bajo el nombre de Kamerun, unificando bajo una misma administración a poblaciones que hasta entonces habían tenido historias políticas muy distintas. La colonia alemana se desarrolló con cierta infraestructura, pero el proyecto colonial fue interrumpido por la Primera Guerra Mundial. Tras la derrota de Alemania, el territorio fue dividido entre Francia y el Reino Unido como mandato de la Sociedad de Naciones, estableciendo la dualidad lingüística que persiste hasta hoy.
La lucha por la independencia fue protagonizada fundamentalmente por el partido Unión de los Pueblos del Camerún, el UPC, que defendía la unificación y la soberanía del país. Francia ilegalizó al partido durante la década de 1950, lo que desencadenó un conflicto armado entre las fuerzas francesas y los militantes del UPC que se prolongó hasta 1971. En 1960, el Camerún francés proclamó su independencia como República de Camerún bajo la presidencia de Ahmadou Ahidjo. Al año siguiente, en 1961, el sector anglófono del antiguo mandato británico optó en referéndum por federarse con la República de Camerún, formando la República Federal de Camerún. La federación fue abandonada en 1972, y el país adoptó el nombre de República Unida de Camerún, simplificado a República de Camerún en 1984.
Desde 1982, Paul Biya ejerce la presidencia del país, consolidando un sistema de república presidencial unitaria que ha sido objeto de críticas internacionales por sus déficits democráticos. Las tensiones entre la mayoría francófona y la minoría anglófona del noroeste y suroeste del país han sido una constante política. En 2017, esas tensiones escalaron hasta convertirse en un conflicto armado cuando grupos separatistas de las regiones anglófonas proclamaron la entidad de Ambazonia y comenzaron una guerra de baja intensidad que sigue sin resolución.
Más allá de sus complejidades políticas, Camerún es reconocido internacionalmente por su riqueza cultural. La música ocupa un lugar central: el makossa, nacido en Douala, la ciudad más poblada y principal centro económico del país, y el bikutsi, originario de las comunidades beti del sur, son estilos musicales que han trascendido las fronteras nacionales. El fútbol es otra fuente de orgullo nacional: la selección camerunesa, conocida como los Leones Indomables, ha participado en ocho Copas del Mundo y es considerada una de las mejores selecciones del continente africano. El país es miembro de la Unión Africana, las Naciones Unidas, la Mancomunidad de Naciones, el Movimiento de Países No Alineados y la Organización de Cooperación Islámica.
