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Federación de Rodesia y Nyasalandia

La Federación de Rodesia y Nyasalandia, también conocida como Federación del África Centra

4 min01/01/2024
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En los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, el Imperio Británico enfrentaba la presión creciente de los movimientos de descolonización que recorrían el continente africano. En ese contexto particular, y con la vista puesta tanto en los intereses económicos de la minoría blanca establecida en el sur de África como en la necesidad de presentar una solución política viable para la región, Londres concibió un experimento político que duraría exactamente una década: la Federación de Rodesia y Nyasalandia.

Establecida oficialmente el primero de agosto de 1953, la Federación agrupó a tres territorios de naturaleza jurídica distinta bajo una misma estructura administrativa. Por un lado, Rodesia del Sur era una colonia autónoma con gobierno propio dominado por la minoría blanca. Por otro, Rodesia del Norte y Nyasalandia eran protectorados británicos con poblaciones africanas mayoritarias. La combinación de estos tres territorios formó una entidad que también se conoció como Federación del África Central, o por sus siglas en inglés, CAF.

La arquitectura constitucional de la Federación fue deliberadamente compleja. El estatus jurídico individual de los tres territorios no se modificó: Rodesia del Sur siguió siendo colonia autónoma, y los dos protectorados mantuvieron su condición. Sin embargo, ciertas leyes se aplicaron al conjunto federado como si fuera parte de los dominios de Su Majestad y una colonia unificada. Un gobernador general actuaba como representante de la Corona en el centro del sistema. Para gestionar las inevitables tensiones raciales, se creó la Junta de Asuntos Africanos, dotada de facultades estatutarias específicas para salvaguardar los intereses de la población africana, con particular atención a la legislación discriminatoria.

En términos económicos, la Federación presentaba ventajas reales e innegables. La combinación de los recursos minerales de Rodesia del Norte, especialmente el cobre del Cinturón del Cobre, con la infraestructura más desarrollada de Rodesia del Sur y la abundante mano de obra de Nyasalandia creaba sinergias que ninguno de los tres territorios por separado habría podido aprovechar. Las ventajas económicas de la unión nunca fueron seriamente cuestionadas, al menos por quienes la diseñaron y administraron.

Sin embargo, las bases políticas de la Federación estaban construidas sobre arenas movedizas desde su mismo nacimiento. La mayoría africana de los tres territorios nunca aceptó la estructura con entusiasmo, y su oposición fue creciendo con el paso de los años. Los habitantes africanos veían en la Federación un mecanismo que perpetuaba el dominio de la minoría blanca, particularmente el modelo de Rodesia del Sur, donde la segregación racial era una práctica institucionalizada. La Junta de Asuntos Africanos resultó insuficiente como válvula de compensación política.

El contexto internacional añadía presión adicional a la situación. A finales de la década de 1950 y principios de la de 1960, la descolonización era una marea imparable. Los nuevos estados africanos independientes que surgían en todo el continente estaban unidos en su determinación de erradicar el colonialismo europeo. Las Naciones Unidas y la recién creada Organización para la Unidad Africana ejercían presión constante sobre el Reino Unido para que acelerara el proceso de descolonización. Estos organismos apoyaban activamente las aspiraciones de los movimientos nacionalistas africanos negros y reconocían su legitimidad para hablar en nombre de las poblaciones del continente.

El Reino Unido, atrapado entre sus compromisos con la minoría blanca establecida y las presiones internacionales, comenzó a maniobrar. La Comisión Monckton, encargada de evaluar el futuro de la Federación, produjo en 1960 un informe que reconocía implícitamente que la continuidad del experimento dependía de transformaciones políticas profundas. Para entonces, la oposición africana había alcanzado un grado de organización y determinación que hacía insostenible cualquier fórmula que no contemplara un avance real hacia la mayoría africana en el gobierno.

La Federación de Rodesia y Nyasalandia finalizó oficialmente el treinta y uno de diciembre de 1963, exactamente diez años y cinco meses después de su fundación. Las causas de su fracaso fueron, como señalaron sus propios contemporáneos, puramente políticas: la resistencia incesante y creciente de la población africana mayoritaria, combinada con un contexto internacional que ya no toleraba la perpetuación del dominio colonial.

Las consecuencias de la disolución llegaron de forma rápida y diferenciada para cada territorio. En 1964, poco después del fin formal de la Federación, Rodesia del Norte e Nyasalandia accedieron a la independencia plena como Estados soberanos bajo los nombres de Zambia y Malaui respectivamente, incorporándose al grupo de naciones africanas libres que proliferaban en esos años. El camino de Rodesia del Sur fue notablemente diferente: en noviembre de 1965, la minoría blanca que controlaba el gobierno local proclamó unilateralmente la independencia del Reino Unido, creando el estado de Rodesia en un acto que no fue reconocido internacionalmente y que desencadenó años de conflicto y aislamiento diplomático antes de que el país se transformara, finalmente, en la República de Zimbabue.

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