Alejandro Cambridge, I conde de Athlone, nació el 14 de abril de 1874 en el palacio de Kensington, en Londres, con el nombre completo de Alexander Augustus Frederick William Alfred George Cambridge, príncipe de Teck. Fue miembro destacado de la familia real británica, hermano menor de la futura reina María, y desarrolló una brillante carrera militar y como alto representante de la Corona en distintos rincones del Imperio.
Sus padres fueron el príncipe Francisco, duque de Teck, y la princesa María Adelaida de Cambridge, tercera hija del príncipe Adolfo, duque de Cambridge. Por parte de su madre, Alejandro era nieto del rey Jorge III y primo de la reina Victoria, lo que lo situaba en el círculo más cercano de la familia real. Sin embargo, como hijo de un príncipe de Teck, en Württemberg, su tratamiento era el de Su Alteza Serenísima y su título el de príncipe de Teck, no uno de los títulos directamente ingleses.
Cuando tenía nueve años, sus padres pasaron dos años fuera del Reino Unido con el propósito de eludir a sus acreedores, pero Alejandro permaneció en el prestigioso Eton College, comenzando así su formación en las instituciones de la élite británica. Más tarde pasó a la Real Academia de Sandhurst, donde se preparó para la carrera de las armas.
En 1894, tras completar su formación como oficial, fue comisionado como teniente segundo en el Séptimo Regimiento de Húsares de la Reina. No tardó en ponerse a prueba en combate real: participó en la Segunda Guerra Matabele, en el sur de África, y sus acciones meritorias fueron reconocidas en los informes de sus superiores. El 8 de diciembre de 1898 fue designado caballero comendador de la Real Orden Victoriana por la propia reina Victoria. Más adelante, por su actuación en la Segunda Guerra Bóer, recibió la Orden al Servicio Distinguido en abril de 1901, de manos del rey Eduardo VII.
El 16 de noviembre de 1903 se anunció su compromiso con su prima segunda, Alicia de Albany, hija del príncipe Leopoldo, duque de Albany, y por tanto nieta de la reina Victoria. La boda se celebró el 10 de febrero de 1904 en la capilla de San Jorge del castillo de Windsor, y seis días después el príncipe fue elevado a Caballero Gran Cruz de la Real Orden Victoriana. Del matrimonio nacieron tres hijos: la princesa May de Teck en 1906, el príncipe Rupert de Teck en 1907, y el príncipe Mauricio de Teck, quien vivió apenas seis meses, entre el 29 de marzo y el 14 de septiembre de 1910.
La Primera Guerra Mundial supuso un momento de transformación profunda tanto para la familia real británica como para los miembros de la nobleza de origen alemán. El rey Jorge V, en respuesta al sentimiento antialemán que dominaba el país, renunció a los títulos alemanes de la casa real y adoptó el apellido Windsor. Otros nobles siguieron su ejemplo. Mediante una real orden del 14 de julio de 1917, Alejandro, junto con su hermano el príncipe Adolfo, duque de Teck, renunció a todos sus títulos, tratamientos y honores alemanes y adoptó el apellido británico de Cambridge, derivado del ducado de su abuelo materno.
Antes del estallido de la guerra, el primer ministro Herbert Asquith lo había nominado para servir como gobernador general de Canadá. Sin embargo, el llamado al servicio activo hizo que renunciara a ese cargo temporalmente y partiera a combatir en Francia y Flandes. La misión canadiense quedó postergada durante años.
Finalmente, sirvió como gobernador general de la Unión de Sudáfrica entre 1924 y 1931, y luego como gobernador general de Canadá entre 1940 y 1946, completando así la misión que la guerra había interrumpido décadas atrás. Ambos mandatos lo consolidaron como un eficiente y respetado representante de la Corona en los dominios de ultramar.
Alejandro Cambridge, I conde de Athlone, falleció el 16 de enero de 1957 en el palacio de Kensington, el mismo edificio donde había nacido ochenta y dos años antes. Su vida abarcó los últimos años del Victorian age, las dos guerras mundiales, la transformación del Imperio Británico en la Commonwealth y el inicio de la guerra fría: un arco histórico de rara amplitud que él recorrió con discreción, lealtad y un sentido profundo del deber que definió cada etapa de su existencia.