Vittorio Amedeo Alfieri nació el 16 de enero de 1749 en Asti, en el Piamonte italiano, en el seno de una familia de la nobleza rica y honorable, según las propias palabras con las que él mismo abriría años más tarde su autobiografía, la Vita scritta da esso, redactada hacia 1790. Este arranque, en primera persona y con una precisión casi notarial, ya revela algo esencial del carácter de aquel hombre: la conciencia aguda de sí mismo, la necesidad de narrar su propia vida como si de una obra literaria se tratase. Porque Alfieri fue, ante todo, el mayor poeta trágico italiano del Setecientos, y también un espíritu atormentado que haría de su existencia una aventura permanente.
Su padre, el conde Antonio Amedeo Alfieri de Cortemilia, murió cuando Vittorio apenas había cumplido un año de vida. Su madre, Monica Maillard de Tournon, viuda ya antes de casarse con el padre de Alfieri, contrajo nuevas nupcias en 1750 con Carlo Giacinto Alfieri de Magliano. Durante sus primeros años, Vittorio creció en el Palazzo Alfieri de Asti, una magnífica residencia diseñada y construida por su tío el arquitecto Benedetto Alfieri, a quien el niño profesó un afecto sincero y duradero. La infancia fue solitaria: su hermano Giuseppe María murió a los pocos meses de nacer, y su hermana Giulia fue enviada al monasterio de San Anastasio. Un sacerdote preceptor era la única compañía y guía intelectual del pequeño.
En 1758, por decisión de su tutor y tío Pellegrino Alfieri, que sería gobernador de Cuneo y en 1762 virrey de Cerdeña, fue inscrito en la Academia Real de Turín. Allí cursó estudios de gramática, retórica, filosofía y derecho, y entró en contacto con jóvenes estudiantes extranjeros cuyas historias y experiencias encendieron en él una pasión irrefrenable por los viajes. Cuando en 1766 murió su tío Pellegrino, y al año siguiente también su querido tío Benedetto, Alfieri abandonó la Academia sin haber terminado sus estudios de derecho e ingresó en el ejército como portaestandarte del regimiento provincial de Asti, donde permanecería hasta 1774, cuando se licenció con el rango de teniente.
Los años entre 1766 y 1772 marcaron el inicio de sus grandes peregrinaciones europeas. Recorrió Italia de norte a sur, desde Milán hasta Nápoles, pasando por Florencia y Roma. En 1767 llegó a París, donde conoció a Luis XV, monarca que le pareció engreído y despectivo, y la ciudad misma lo decepcionó profundamente. En enero de 1768 partió hacia Londres y, tras recorrer las provincias británicas, se trasladó a Holanda. En La Haya vivió su primer amor apasionado con Cristina, esposa del barón Imhof. Obligado a separarse de ella para evitar el escándalo, intentó suicidarse, pero fue salvado por la intervención de su criado de confianza, Elías, quien lo acompañaba en todos sus viajes y lo conocía mejor que nadie. Con Elías forjaría una relación profunda que se mantendría hasta el fin de sus días.
Regresó a Turín y se alojó en casa de su hermana Giulia, que entretanto se había casado con el conde Giacinto Canalis de Cumiana. Al cumplir los veinte años y entrar en posesión de su cuantiosa herencia, decidió partir de nuevo. Entre 1769 y 1772, acompañado de Elías, hizo un segundo gran viaje europeo: pasó por Viena, llegó a Berlín, donde se reunió con Federico II con sentimientos de fastidio y rabia, viajó por Suecia y Finlandia y llegó hasta Rusia, donde rechazó expresamente ser presentado a Catalina II por la profunda aversión que le producía el despotismo en cualquiera de sus formas.
El invierno de 1771 lo encontró nuevamente en Londres, donde inició una relación amorosa con Penélope Pitt, esposa del vizconde Edward Ligonier. El vizconde descubrió el asunto y retó a Alfieri en duelo. El escándalo subsiguiente y el proceso por adulterio cerraron para siempre las puertas de una posible carrera diplomática para el escritor, que se vio obligado a abandonar el país. Continuó viajando por Holanda, Francia, España y Portugal antes de regresar definitivamente a Italia.
Fue precisamente en Turín donde Alfieri descubrió su vocación literaria. En 1775 escribió su primera tragedia, Cleopatra, que se representó con gran éxito y lo confirmó en el camino de la dramaturgia. A partir de entonces, su producción fue febril: escribió diecinueve tragedias originales, entre las que destacan Saúl, Mirra y Virginia, obras que bebían de los grandes temas de la antigüedad clásica y de la historia bíblica para reflexionar sobre la tiranía, la libertad y la dignidad humana. Alfieri era un enemigo declarado de toda forma de opresión política, y su teatro era también un manifiesto de esa convicción.
En 1777 conoció en Florencia a Luisa de Stolberg-Gedern, condesa de Albany y esposa del pretendiente al trono inglés Carlos Eduardo Estuardo. Entre ambos nació una relación amorosa que duraría toda la vida, y que se convertiría en el centro afectivo de la existencia del poeta. Tras separarse legalmente de su esposo, la condesa vivió abiertamente con Alfieri durante años, primero en Alsacia y luego en París, donde los sorprendió la Revolución Francesa. Alfieri, que en un primer momento había simpatizado con los ideales revolucionarios, se fue distanciando horrrorizado de la violencia del Terror, y en 1792 ambos huyeron de París hacia Italia, estableciéndose finalmente en Florencia.
Falleció el 8 de octubre de 1803 en Florencia, a los cincuenta y cuatro años. La condesa de Albany encargó un suntuoso monumento funerario en la basílica de Santa Croce, obra del escultor Antonio Canova, que eternizó su memoria entre los grandes italianos. Su autobiografía, su vasta producción trágica y sus sonetos y otros poemas lo sitúan entre las figuras literarias más complejas e influyentes del tránsito entre el Iluminismo y el Romanticismo europeo.
