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Tikal

Mayor sitio arqueológico del período clásico de la civilización maya

5 min01/01/2024
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Tikal se alza entre la densa selva del Petén guatemalteco como uno de los testimonios más imponentes de la civilización maya. Situado en el municipio de Flores, en el departamento de Petén, este yacimiento arqueológico fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1979 y forma parte del Parque Nacional Tikal, uno de los espacios protegidos más importantes de América Central. Su nombre en maya clásico, registrado en inscripciones glíficas halladas en el propio sitio, habría sido Yax Mutul, cuyo significado es el primer Mutal.

El topónimo Tikal que hoy conocemos no es el antiguo nombre de la ciudad, sino una denominación adoptada poco después de su redescubrimiento occidental en la década de 1840. Probablemente deriva de las palabras mayas ti ak'al, del dialecto yucateco, que significan en el pozo de agua, en referencia a las antiguas reservas hídricas del sitio. Una explicación alternativa, procedente del maya itzá, sugiere que significa lugar de las voces o lugar de las lenguas. En cualquier caso, los gobernantes de Tikal querían ser reconocidos como los primeros y más legítimos herederos del nombre Mutul, distinguiéndose así de otros centros rivales como Dos Pilas que también utilizaron ese glifo emblema.

La ocupación humana del lugar se remonta al siglo VI antes de Cristo, aunque la arquitectura monumental que hoy asombra a los visitantes comenzó a erigirse a partir del siglo IV antes de nuestra era. El período de mayor esplendor de Tikal fue el Clásico maya, extendido entre el 200 y el 900 de la era común. Durante esos siglos, Tikal se convirtió en una de las ciudades más poderosas de todo el mundo maya, dominando una vasta región en los ámbitos político, económico y militar. La ciudad mantenía vínculos e intercambios con regiones distantes de Mesoamérica, incluyendo contactos con la gran metrópoli de Teotihuacán, en el lejano valle de México, cuya influencia se hace visible en algunos elementos arquitectónicos y funerarios del sitio.

La ciudad ocupaba un área central de aproximadamente 16 kilómetros cuadrados, en los que se han identificado alrededor de cinco mil edificios prehispánicos, aunque solo el cinco por ciento de ellos ha sido restaurado y habilitado para su visita. El área residencial de Tikal se extiende por unos 60 kilómetros cuadrados, gran parte de los cuales permanece aún cubierta por la selva, sin haber sido despejada, cartografiada ni excavada. Esta circunstancia hace que las revelaciones sobre Tikal continúen siendo frecuentes incluso en tiempos recientes.

Lo que sí resulta perfectamente visible es la grandiosidad de sus construcciones ceremoniales. El sitio es famoso por sus templos en forma de pirámide escalonada que se elevan majestuosamente por encima del dosel de la selva. El Templo del Gran Jaguar, conocido también como Templo I, fue erigido sobre la tumba del gran gobernante Hasaw Chan K'awil, quien falleció alrededor del año 734 de nuestra era. El Templo de las Máscaras o Templo II le hace frente a través de la Gran Plaza. El Templo de la Serpiente Bicéfala o Templo IV es el más alto del conjunto, alcanzando una altura de aproximadamente 65 metros, y el Templo V completa el impresionante conjunto de pirámides que distingue a Tikal entre todas las ciudades mayas. Además de estos monumentos, el yacimiento cuenta con plazas, juegos de pelota, complejos de pirámides gemelas, conjuntos conmemorativos del Mundo Perdido y una enorme colección de estelas y monumentos tallados.

Tikal fue la capital de un estado militarizado que entró en competencia directa con otras potencias mayas, especialmente con Calakmul, su gran rival del Período Clásico, situado a unos 100 kilómetros al noroeste. Esta rivalidad estructuró durante siglos la geopolítica de las tierras bajas mayas, con alianzas cambiantes que involucraban a otras ciudades como Uaxactún, situada a solo 19 kilómetros al norte, Yaxhá o El Caracol. El descubrimiento de las tumbas de muchos de sus gobernantes, junto con la investigación sistemática de sus monumentos y la lectura de sus inscripciones jeroglíficas, ha permitido reconstruir una larga lista dinástica que hace de Tikal el yacimiento maya mejor documentado en términos históricos.

El declive de Tikal comenzó hacia finales del siglo IX, en el marco del llamado Colapso Maya Clásico, un fenómeno que afectó a toda la región de las tierras bajas y cuyas causas combinaban sequías prolongadas, colapso de rutas comerciales, guerras ininterrumpidas y presiones demográficas sobre un ecosistema frágil. La ciudad fue abandonada progresivamente y la selva la fue engullendo durante siglos. Su redescubrimiento en el siglo XIX y las excavaciones que comenzaron a partir de la segunda mitad del siglo XX han revelado la magnitud de lo que allí se construyó y vivió durante más de mil quinientos años de ocupación continua, convirtiendo a Tikal en uno de los lugares arqueológicos más fascinantes e influyentes del mundo.

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