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Segunda Guerra Mundial

Conflicto bélico global de 1939 a 1945

7 min01/01/2024
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La Segunda Guerra Mundial fue, por su alcance, su brutalidad y sus consecuencias, el conflicto más catastrófico que haya conocido la humanidad. Desarrollado entre 1939 y 1945, involucró a la mayoría de las naciones del mundo, agrupadas en dos grandes alianzas: los Aliados y las potencias del Eje. Con más de cien millones de militares movilizados y un estado de guerra total que borró la distinción entre recursos civiles y militares, dejó un saldo de entre 50 y 70 millones de víctimas, aproximadamente el 2,5 por ciento de la población mundial de aquella época.

El conflicto se inició el 1 de septiembre de 1939 con la invasión alemana de Polonia. Adolf Hitler había decidido actuar sobre una de sus principales reivindicaciones territoriales: el Corredor polaco. La mitad occidental del país fue ocupada por Alemania; la mitad oriental, junto con Estonia, Letonia y Lituania, fue tomada por la Unión Soviética en virtud del pacto Molotov-Ribbentrop. Finlandia resistió la presión soviética durante la llamada guerra de Invierno, logrando mantener su independencia. El Reino Unido y Francia declararon la guerra a Alemania, pero sus preparativos defensivos, basados en una repetición de la guerra de trincheras de la Primera Guerra Mundial, demostraron ser completamente inútiles.

La doctrina de la blitzkrieg —guerra relámpago— revolucionó la manera de hacer la guerra. En pocos meses, Alemania se apoderó de Noruega, Dinamarca, los Países Bajos, Bélgica y la propia Francia. El ejército británico escapó en el último momento desde las playas de Dunkerque durante la batalla de Francia, en una operación de evacuación que salvó cientos de miles de soldados pero que no pudo evitar la derrota continental. La mayor parte de Europa occidental quedó bajo dominio alemán o de sus aliados, entre los que destacaba la Italia fascista de Mussolini.

La batalla de Inglaterra, primera batalla aérea de la historia a gran escala, marcó el siguiente capítulo. La Luftwaffe alemana intentó quebrar la resistencia británica mediante bombardeos masivos, pero la Royal Air Force, apoyada en una innovación tecnológica crucial —el radar— y en la determinación del primer ministro Winston Churchill, logró resistir. El apoyo de Franklin D. Roosevelt a través de la Carta del Atlántico del 14 de agosto de 1941 fue un factor decisivo en el sostenimiento de esa resistencia.

En 1941, la guerra adquirió dimensiones verdaderamente globales. La necesidad estratégica de apoderarse de los campos petrolíferos del Cáucaso impulsó a Alemania a lanzar la operación Barbarroja contra la Unión Soviética. Inicialmente exitosa, la campaña se estancó frente a la tenaz resistencia soviética en Moscú y en los devastadores sitios de Leningrado y Stalingrado. Este último, librado entre 1942 y 1943, se convirtió en el punto de inflexión del frente oriental: la derrota alemana en Stalingrado fue el inicio del repliegue que no se detendría hasta Berlín.

El mismo año, el 7 de diciembre de 1941, Japón atacó la base naval estadounidense de Pearl Harbor, en Hawái, precipitando la entrada de Estados Unidos en la guerra. En julio de 1942, la batalla de Midway marcó un primer punto de inflexión en el Pacífico, al infligir pérdidas irreparables a la flota aérea japonesa. En el norte de África, los británicos detuvieron el avance del África Korps alemán en la batalla de El Alamein en 1942, revirtiendo una situación que había puesto en peligro el canal de Suez.

Los años 1943 y 1944 estuvieron dominados por las grandes operaciones de desembarco aliadas. En julio de 1943, las fuerzas aliadas desembarcaron en Sicilia; en enero de 1944, en Anzio; y el 6 de junio de 1944 —el Día D— tuvo lugar el desembarco en Normandía, la operación anfibia más grande de la historia, que abrió un segundo frente terrestre en Europa occidental. Las batallas de tanques en el frente oriental, como la de Kursk, fueron las más encarnizadas de toda la historia militar.

El holocausto, el genocidio sistemático de seis millones de judíos y millones de otras personas —gitanos, personas con discapacidad, prisioneros políticos, homosexuales— perpetrado por la Alemania nazi, representó la dimensión más oscura de aquel conflicto. Los bombardeos masivos sobre ciudades como Dresde, Tokio o Coventry añadieron otra capa de horror a una guerra que parecía no tener límites morales.

El final llegó en 1945. En Europa, el avance aliado desde el oeste y el soviético desde el este convergieron sobre Berlín. Hitler se suicidó el 30 de abril y Alemania se rindió el 8 de mayo de 1945. En el Pacífico, el conflicto se prolongó hasta agosto, cuando los bombardeos atómicos sobre Hiroshima el 6 de agosto y Nagasaki el 9 de agosto precipitaron la rendición japonesa el 15 de agosto de 1945, marcando el fin de la guerra y el inicio de la era nuclear.

El mundo que emergió de aquella devastación era irreconocible. Las Naciones Unidas fueron fundadas para evitar nuevos conflictos globales. Europa quedó dividida entre las esferas de influencia estadounidense y soviética, dando inicio a la Guerra Fría. El proceso de descolonización se aceleró. Y la existencia de armas capaces de destruir ciudades enteras cambió para siempre la naturaleza de la política internacional y la noción misma de lo que significa hacer la guerra.

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