Ramsés II era hijo del faraón Seti I y de su Gran Esposa Real, Tuya, y nació en el seno de una familia con una sólida tradición militar. Desde niño vivió inmerso en la actividad castrense y en la cultura del poder. Tuvo al menos dos hermanas y, al parecer, un hermano llamado Nebchasetnebet que murió antes de llegar a la edad adulta, lo que convirtió a Ramsés en el heredero natural. Cuando tenía unos catorce años, Seti I lo nombró príncipe regente y corregente del trono, iniciando así un período de formación que duraría entre tres y siete años y durante el cual el joven príncipe recibió entrenamiento directo de su padre en las artes de la guerra y el gobierno.
A los quince o dieciséis años, Ramsés ya tenía autoridad sobre una parte del ejército, y las inscripciones de aquella época lo describen repetidamente como un "astuto joven líder". Ya estaba casado y era padre de cuatro hijos. Durante la corregencia participó en campañas militares junto a Seti I, incluyendo expediciones para sofocar rebeliones en Canaán y operaciones contra los hititas que habían ocupado territorios de Siria que habían sido egipcios durante generaciones pero que se perdieron en el período de debilidad que siguió al reinado de Akenatón. También llevó a cabo una campaña contra Kush, en Nubia, en el año octavo del reinado de su padre.
Accedió al trono en torno al año 1279 antes de Cristo, probablemente cuando era todavía un adolescente. Los primeros años de su reinado independiente estuvieron marcados por una actividad militar intensa. Según la Estela de Tanis, durante los primeros cinco años llevó a cabo cinco acciones militares distintas, comenzando por la derrota de unos piratas conocidos como los shardana, que habían atacado el delta del Nilo y a quienes Ramsés venció y reclutó como soldados para su propio ejército. Esos mismos guerreros shardana aparecerían más tarde mencionados en el célebre Poema de Pentaur como integrantes del ejército egipcio.
El episodio más famoso y debatido del reinado de Ramsés II fue la batalla de Qadesh, librada alrededor del año 1274 antes de Cristo contra el rey hitita Muwatalli II en las orillas del río Orontes, en la actual Siria. La batalla fue un acontecimiento de enorme complejidad táctica. Ramsés quedó rodeado por una fuerza hitita superior en número y su supervivencia dependió de su propia valentía personal y de la llegada de refuerzos. La resolución del conflicto fue en realidad un empate estratégico, pero Ramsés la celebró como una victoria aplastante y la conmemoró en monumentos por todo Egipto con un grado de propaganda sin precedentes en la historia del mundo antiguo. Años después, alrededor del año 1259 antes de Cristo, Ramsés II y Hattusili III firmaron un tratado de paz que es considerado el primer tratado internacional conservado de la historia.
La primera parte de su extenso reinado estuvo marcada también por una ambición constructora formidable. Fundó la ciudad de Pi-Ramsés en el delta del Nilo como nueva capital del reino, desde la cual coordinaba sus campañas militares en Siria. Ordenó la construcción o ampliación de templos en todo Egipto y Nubia, incluyendo el célebre complejo de Abu Simbel, tallado directamente en la roca con sus colosales estatuas de veinte metros de altura que representan al propio faraón. Las inscripciones en los templos de Beit el-Wali y Gerf Hussein conmemoran sus victorias contra Nubia con una riqueza de detalle que los historiadores han aprovechado para reconstruir la historia militar de la época.
Ramsés II reinó durante sesenta y seis años, un período extraordinariamente largo que el historiador Manetón registró con una precisión de sesenta y seis años y dos meses, cifra que los egiptólogos modernos aceptan en su mayor parte. Celebró entre trece y catorce fiestas Heb Sed, el ritual de renovación del poder real que normalmente se celebraba por primera vez en el año trigésimo de reinado y después cada tres o cuatro años, una cantidad sin precedentes ni parangón en toda la historia del Antiguo Egipto. Las estimaciones sobre su edad al morir oscilan, pero la más aceptada sitúa su fallecimiento alrededor de los noventa o noventa y un años, una longevidad extraordinaria para cualquier época.
Al morir, fue enterrado en la tumba KV7 del Valle de los Reyes, cerca de Tebas. Sin embargo, su cuerpo fue trasladado posteriormente a un escondite de momias reales para protegerlo de los saqueadores, donde fue descubierto en 1881. La momia de Ramsés II ha podido contemplarse en el Museo Egipcio de El Cairo y, a partir de 2022, se exhibe en el Museo Nacional de la Civilización Egipcia. Los análisis modernos de su momia han confirmado su longevidad y han revelado detalles sobre su salud: sufría artritis y arteriosclerosis, y su cabello, originalmente rojizo, fue teñido de ocre tras la muerte para preservar su apariencia de vigor.
Sus sucesores y los egipcios de generaciones posteriores lo llamaron "Gran Ancestro", y fue el último faraón que logró ejercer una política ofensiva de verdadero alcance. Sus sucesores más importantes, Merenptah y Ramsés III, se vieron forzados a adoptar una postura defensiva para mantener la soberanía en Canaán frente a las invasiones de los llamados Pueblos del Mar. Ramsés II es recordado como el faraón más celebrado y poderoso del Imperio Nuevo, el período culminante del Antiguo Egipto, y su nombre sigue siendo el más pronunciado entre todos los soberanos de aquella civilización milenaria.
