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Birmania

País de Asia Sudoriental

7 min01/01/2024
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Birmania, cuyo nombre oficial es República de la Unión de Myanmar, es un Estado soberano ubicado en el Sudeste Asiático que condensa en su historia milenaria una serie de conquistas, dominaciones coloniales, luchas por la independencia y transiciones políticas que la convierten en uno de los países más complejos y convulsos de la región. Con una extensión de 676.578 kilómetros cuadrados y una población de casi sesenta millones de habitantes, el país limita con India y Bangladés al oeste, con Tailandia y Laos al este, y con China al norte y noreste, mientras que al sur se abre hacia la bahía de Bengala y el mar de Andamán.

Los primeros indicios de una sociedad compleja en territorio birmano se remontan al siglo II antes de Cristo, cuando floreció la civilización pyu. Sin embargo, no fue sino hasta el año 849 que tomó forma un estado unificado propiamente dicho: el Reino de Pagan, que logró articular un territorio extenso bajo una autoridad común e impulsó el budismo theravada como elemento cohesionador de la identidad colectiva. Durante los siglos siguientes, distintas entidades políticas como los pegu, los ava y los mon se sucedieron en guerras internas y alianzas cambiantes que mantuvieron el mapa de la región en permanente transformación.

Fue con la dinastía Toungoo, entre 1531 y 1752, cuando comenzó un proceso sostenido de unificación territorial que daría al país una base más sólida. En ese contexto, en 1519 los portugueses celebraron un tratado con el rey de Pegú y establecieron factorías en Martaban y Siriam, dando inicio a una presencia europea que traería consigo tanto el comercio como la intromisión política. A mediados del siglo XVI, el rey Tabinshwehti y su hijo lograron, con el auxilio de fuerzas portuguesas, reunificar gran parte del país. El reino de Pegu quedó bajo la dirección del Imperio Portugués de Oriente a partir de 1599, aunque esta influencia resultó efímera: la dinastía local se reagrupó y derrotó a los portugueses en 1613 y a Siam en 1614.

El siglo XVIII marcó nuevos cambios decisivos. En 1753, un cazador oriundo de Mozzobo encabezó una rebelión que, con apoyo británico, consiguió desterrar a los peguanos. Proclamado rey con el nombre de Alaung-Phra, este caudillo fundó la dinastía Konbaung, que consolidó el estado birmano moderno y tuvo que enfrentar, en los siglos siguientes, la expansión colonial británica desde la India. Las tres guerras anglo-birmanas, entre 1824 y 1885, culminaron con la anexión total del país al Imperio Británico, que lo integró como provincia de la India hasta 1937, cuando Birmania obtuvo un estatuto administrativo separado.

La independencia llegó finalmente el 4 de enero de 1948, tras el fin de la Segunda Guerra Mundial y el contexto global de descolonización. Sin embargo, la joven nación enfrentó de inmediato guerras civiles y conflictos étnicos que debilitaron profundamente a sus instituciones democráticas. En 1988, tras décadas de gobierno socialista autoritario, una ola de protestas populares fue aplastada por las fuerzas armadas, y la junta militar conocida como SPDC tomó el control del país, inaugurando un período de represión sistemática que se prolongaría hasta 2011.

Durante esos años, las elecciones se celebraron en apenas dos ocasiones. Las de 1990 representaron una derrota aplastante para la junta militar, que fue arrollada por la Liga Nacional para la Democracia liderada por Aung San Suu Kyi. Sin embargo, el gobierno ignoró los resultados, arrestó a líderes opositores y se mantuvo en el poder por la fuerza. Suu Kyi permaneció bajo arresto domiciliario durante años, convertida en símbolo internacional de resistencia pacífica y merecedora del Premio Nobel de la Paz en 1991.

En 2007, la junta militar sufrió una nueva sacudida cuando masivas protestas dirigidas por monjes budistas recorrieron las calles del país. La denominada Revolución Azafrán conmocionó al mundo, pero fue reprimida sin que el régimen sufriera consecuencias inmediatas. Para las elecciones de 2010, la Liga Nacional para la Democracia fue ilegalizada al no expulsar de sus filas a los presos políticos según lo exigía la junta, lo que la dejó fuera del proceso electoral.

A partir de 2016 comenzó una transición política que depositó esperanzas en la figura de Aung San Suu Kyi, quien asumió el cargo de consejera de Estado. No obstante, ese período estuvo ensombrecido por la violencia contra la minoría rohinyá, que provocó una crisis humanitaria de proporciones internacionales. Las esperanzas de consolidación democrática se derrumbaron definitivamente el 1 de febrero de 2021, cuando el ejército protagonizó un nuevo golpe de Estado encabezado por Min Aung Hlaing como líder del estado y Myint Swe como presidente, restituyendo el control militar sobre el país en medio de protestas masivas y una represión sangrienta.

La economía birmana, rica en jade, gemas, petróleo, gas natural y otros recursos minerales, ha estado históricamente controlada en gran medida por personas vinculadas al poder militar, lo que perpetúa una brecha de ingresos que se encuentra entre las más amplias del mundo. En 2013, el PIB nominal del país se situaba en 56.700 millones de dólares, con un PIB en paridad de poder adquisitivo de 221.500 millones. Sin embargo, estos números no reflejan la realidad de millones de birmanos que viven en condiciones de pobreza extrema. En 2016, el país ocupaba el puesto 145 de 188 en el índice de desarrollo humano.

El nombre mismo del país arrastra una controversia reveladora de su historia política. La denominación Myanmar fue impuesta por la junta militar que gobernó sin reconocimiento internacional, por lo que numerosos países y organizaciones prefieren seguir usando el nombre tradicional de Birmania. Ambos nombres derivan del mismo origen étnico: el grupo mayoritario de los birmanos, siendo Myanmar la forma literaria y Birmania la forma coloquial en el idioma local.

El legado histórico de Birmania es el de un país que ha conocido la grandeza imperial y el refinamiento cultural budista, pero que en la era moderna ha visto esas riquezas eclipsadas por décadas de dictadura, conflicto étnico y aislamiento internacional. Su posición estratégica en el Sudeste Asiático, su diversidad étnica con más de cien grupos reconocidos y su abundancia de recursos naturales hacen de ella un caso de estudio inevitable para comprender los dilemas del desarrollo, la transición democrática y los derechos humanos en el siglo XXI.

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