tragedias

Edith Frank

Víctima del Holocausto, madre de Ana Frank

4 min01/01/2024
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Edith Frank nació el 16 de enero de 1900 en Aquisgrán, en el corazón de la región industrializada de Renania, como Edith Holländer. Sus padres eran Abraham Holländer, un influyente comerciante y miembro prominente de la comunidad judía local, y Rosa Stern. Aunque la familia paterna tenía raíces neerlandesas que se remontaban a alrededor de 1800, Edith creció inmersa en la cultura judía alemana de Aquisgrán, en un ambiente de prosperidad y profunda identidad religiosa.

En 1925 contrajo matrimonio en la sinagoga de Aquisgrán con Otto Frank, un banquero de Frankfurt. La familia que formaron era representativa del judaísmo reformista alemán de la época: observaban numerosas tradiciones de la fe pero sin rigor excesivo, y vivían integrados en una comunidad diversa donde sus hijos crecieron junto a amigos católicos, protestantes y judíos por igual. En 1926 nació su primera hija, Margot, y en 1929 llegó al mundo Ana, la pequeña que con el tiempo se convertiría en una de las voces más célebres del siglo XX.

Hasta comienzos de los años treinta, la vida de Edith transcurría de manera feliz y ordenada. Pero la llegada de Adolf Hitler al poder en 1933 lo cambió todo. Los ataques sistemáticos contra los judíos alemanes se multiplicaron con rapidez alarmante, y la familia Frank comprendió que permanecer en Alemania era cada vez más peligroso. Tomaron la difícil decisión de emigrar a los Países Bajos, y se instalaron en Ámsterdam, donde encontraron una casa en la calle Merwedeplein. Otto Frank puso en marcha un negocio en el centro de la ciudad dedicado a la venta de un gelificante para la elaboración de mermeladas.

Los años de la preguerra en Ámsterdam fueron relativamente tranquilos, aunque la amenaza nunca desapareció por completo. En 1938 y de nuevo en 1941, los Frank intentaron obtener visas para emigrar a Estados Unidos o a Cuba, pero ambos intentos fracasaron ante las restrictivas cuotas de inmigración. Tras los pogromos de la Noche de los Cristales Rotos en noviembre de 1938, los hermanos de Edith, Walter y Julius, lograron escapar a Estados Unidos. Su madre, Rosa Holländer, se fue a vivir con los Frank en 1939 y permaneció con ellos hasta su muerte en enero de 1942.

Con la ocupación nazi de los Países Bajos, las medidas antijudías se precipitaron. Ámsterdam se llenó de carteles con el texto "Prohibido para judíos". Las restricciones alcanzaron cada aspecto de la vida cotidiana: dónde comprar, a qué escuelas asistir, en qué tranvías viajar. El punto de inflexión llegó el 5 de julio de 1942, cuando Margot recibió una citación ordenándole presentarse en un campo de trabajo. Al día siguiente, la familia entera se escondió en el anexo secreto del edificio de la empresa de Otto Frank, un espacio oculto detrás de una estantería giratoria que pasaría a la historia como la "Casa de atrás". Con el tiempo se les unirían la familia Van Pels y el dentista Fritz Pfeffer, sumando ocho personas condenadas a vivir en silencio y reclusión.

Durante más de dos años, Edith Frank mantuvo a su familia unida en condiciones de tensión extrema. Las privaciones, el miedo constante a ser descubiertos, el encierro interminable ponían a prueba la resistencia de todos. Quienes la conocieron en aquel período describen a una mujer de fe profunda que intentaba preservar la dignidad del hogar incluso en la oscuridad del escondite.

El 4 de agosto de 1944, una denuncia llevó a la Gestapo hasta la Casa de atrás. Los ocho ocupantes fueron detenidos. El 3 de septiembre de 1944 fueron deportados al campo de concentración de Auschwitz en lo que fue uno de los últimos transportes de judíos neerlandeses. A su llegada, hombres y mujeres fueron separados; Edith, Margot y Ana quedaron juntas inicialmente. El 30 de octubre de 1944, sus dos hijas fueron seleccionadas y trasladadas al campo de Bergen-Belsen, en Alemania. Edith quedó sola en Auschwitz.

Las semanas que siguieron fueron de un sufrimiento indescriptible. Según los testimonios de supervivientes que la conocieron allí, Edith guardaba parte de su escasa ración de comida con la esperanza de reencontrarse con sus hijas. Murió el 6 de enero de 1945, tan solo semanas antes de que las tropas soviéticas liberaran Auschwitz el 27 de enero. Tenía cuarenta y cuatro años. De los ocho ocupantes de la Casa de atrás, su esposo Otto fue el único que sobrevivió los campos de concentración; vivió hasta 1980 y dedicó el resto de su vida a preservar el testimonio de su hija Ana.

El nombre de Edith Frank suele quedar ensombrecido por la fama del diario de su hija, pero su historia encarna con una intensidad particular el drama de millones de familias judías europeas destruidas por el nazismo. Fue una madre que lo apostó todo por proteger a los suyos y que murió apenas a semanas de ver cumplido, aunque fuera de forma trágica, el fin de la pesadilla que había consumido los últimos años de su vida.

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