En el panorama del fútbol sudamericano, pocas trayectorias resultan tan representativas del viaje de un joven talentoso desde los potreros de Brasil hasta las grandes ligas europeas como la de Carlos Augusto Zopolato Neves. Nacido el 7 de enero de 1999 en Campinas, en el estado de São Paulo, el defensor lateral izquierdo ha recorrido en pocos años un camino que lo llevó de las divisiones inferiores del Corinthians a la cima del fútbol italiano, vistiendo la camiseta del Inter de Milán.
Conocido simplemente como Carlo Augusto en el ámbito profesional, el brasileño llegó a las categorías juveniles del Sport Club Corinthians Paulista a los doce años. Durante varios años se formó en una de las canteras más exigentes del continente, donde aprendió los fundamentos técnicos y tácticos que más tarde le permitirían adaptarse con naturalidad al exigente fútbol europeo. Su debut con el primer equipo tuvo lugar el 4 de agosto de 2018, en un partido ante el Athletico Paranaense, marcando así el inicio formal de su carrera profesional.
En sus tres temporadas en el club paulista, Carlos Augusto disputó 37 encuentros y formó parte de los equipos que conquistaron dos Campeonatos Paulistas, los torneos estatales más prestigiosos del país. Esos éxitos tempranos reflejaban las condiciones de un jugador que, más allá de su calidad individual, sabía integrarse a los sistemas colectivos y contribuir de manera efectiva al éxito del grupo.
El salto a Europa llegó el 28 de agosto de 2020, cuando Carlos Augusto fichó por la Asociación Calcio Monza, un club de la región lombarda que por entonces militaba en las divisiones inferiores del fútbol italiano. Lo que en principio podría haber parecido un destino modesto resultó ser el escenario ideal para su crecimiento. El lateral formó parte del equipo que protagonizó uno de los ascensos más celebrados del fútbol transalpino al alcanzar la Serie A al término de la temporada 2021-22, consumando así el sueño de un club histórico que llevaba décadas fuera de la élite.
Su estreno en la máxima categoría del fútbol italiano fue más que prometedor. En su primera temporada en Serie A, Carlos Augusto anotó seis tantos, un registro sobresaliente para un defensor lateral y que llamó la atención de los equipos más poderosos de la liga. Tras superar el centenar de partidos con el Monza desde su llegada, en agosto de 2023 fue cedido al Inter de Milán, uno de los clubes más laureados de Italia y de Europa. El acuerdo entre ambos clubes incluía una opción de compra que se convirtió en obligatoria al cumplirse determinadas condiciones, consolidando así su permanencia en el conjunto nerazzurro.
En el plano internacional, Carlos Augusto defendió los colores de la selección brasileña sub-20 en el Campeonato Sudamericano de Fútbol Sub-20 de 2019, compitiendo junto a otros jóvenes valores que aspiraban a representar al gigante sudamericano en los escenarios mundiales. Su rendimiento en esa competición contribuyó a perfilarlo como uno de los laterales con más proyección de su generación.
La convocatoria a la selección absoluta llegó el 6 de octubre de 2023, cuando fue llamado en sustitución del lesionado Renan Lodi para disputar partidos de la clasificación para el Mundial 2026 frente a Venezuela y Uruguay. Su debut con la Canarinha se produjo el día 17 de ese mes ante los uruguayos, en un encuentro que Brasil perdió por dos a cero. Aunque la derrota opacó la occasion, la presencia de Carlos Augusto en la convocatoria evidenciaba el reconocimiento de sus méritos por parte del cuerpo técnico brasileño.
Un detalle biográfico que añade un vínculo especial entre el jugador y su carrera europea es que Carlos Augusto posee la ciudadanía italiana gracias a sus abuelos. Este lazo con Italia no es solo administrativo sino también simbólico: le permitió encontrar en ese país un segundo hogar futbolístico donde desarrollar sus mejores años. Los aficionados del Monza, con el ingenio que caracteriza a los hinchas italianos, le apodaron "l'Imperatore", el Emperador, en referencia al emperador romano Augusto, estableciendo un juego de palabras con el apellido del jugador que las gradas adoptaron con cariño y entusiasmo.


