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Zona sublevada

Zona sublevada en la Guerra Civil Española (1936-1939)

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Zona sublevada​​ o zona franquista son los nombres por los que la historiografía contemporánea conoce a la zona de España que, en el transcurso de la guerra civil, estuvo bajo el dominio de los sublevados contra la República. Fue denominada por estos como zona nacional.

Fue reconocida desde 1936 como representante del Estado español por los países europeos que les apoyaron, como la Alemania nazi y la Italia fascista —en las comunicaciones con su gobierno, el embajador alemán utilizaba también el término España blanca para referirse a la zona sublevada—.​​ En febrero de 1939, cerca ya el final de la guerra, fue reconocida también por los gobiernos de Francia y el Reino Unido.​

La extensión de la zona sublevada fue variando a lo largo de la guerra, según se movían los frentes. Su existencia finaliza cuando, al final de la misma, las fuerzas del general Francisco Franco lograron el control total del país, comenzando la dictadura de Francisco Franco.

«Zona nacional» o «zona nacionalista»​ son las denominaciones tradicionales con los que la historiografía franquista ha denominado, a pesar de que la mayor parte de la historiografía contemporánea rechace el término «nacional» en favor de otros como «sublevados», «rebeldes» o «franquistas».​ Así, en la actualidad se recogen otros términos genéricos como «zona franquista»​ o «zona sublevada». Otros autores como Hugh Thomas hablan en sus obras de la «España nacionalista»,​ o Ramón Tamames cuando hace referencia a la «España nacional».​

El término «nacionalistas» o «nacionales» aplicado al bando contendiente en la guerra civil fue acuñado por Joseph Goebbels, el ministro alemán de propaganda nazi, tras la visita de la delegación española clandestina liderada por el capitán Francisco Arranz para solicitar ayuda y material bélico a la Alemania Nazi tras el Golpe de Estado en España, el 24 de julio de 1936. Con este término se pretendía dar un aspecto de legitimidad a la ayuda militar alemana a los militares rebeldes españoles.​​​ Los líderes de la facción sublevada, que habían sido calificados de «cruzados» por el Obispo de Salamanca Enrique Pla y Deniel (y que habían empleado el término «cruzada» para referirse a su campaña) inmediatamente aprobaron el término y lo adoptaron.

Tras la etapa de cierta provisionalidad que representó la Junta de Defensa Nacional formada tras la muerte en accidente de aviación del general Sanjurjo, que era quien debía encabezar el Directorio militar que gobernaría el país tras derribar al gobierno del Frente Popular, los generales y jefes sublevados decidieron nombrar un mando único militar y político. Desde el 1 de octubre de 1936 el general Franco fue el "Generalísimo" de las fuerzas sublevadas y el "Jefe del Gobierno del Estado". Después del fracaso de la toma de Madrid (entre noviembre de 1936 y marzo de 1937) y con la perspectiva de que la guerra iba a ser larga el "Generalísimo" Franco con la ayuda de su cuñado Ramón Serrano Suñer comenzó a configurar la organización política del "Nuevo Estado". El primer paso fue el Decreto de Unificación de abril de 1937 por el que todas las fuerzas políticas que apoyaban el "alzamiento nacional", y singularmente los falangistas y los carlistas que eran quienes con sus milicias más habían contribuido a la guerra, fueron integradas bajo un único partido denominado Falange Española Tradicionalista y de las JONS. El paso siguiente fue la organización del "Nuevo Estado" que fue la tarea encomendada por el "Generalísimo" a su primer gobierno nombrado el 30 de enero de 1938 (y que sustituyó a la Junta Técnica del Estado).​

La construcción del "Nuevo Estado" fue acompañada de la destrucción de todo lo que tuviera que ver con la República. Así en la zona sublevada, al contrario de lo que estaba sucediendo en la zona republicana (en la que se había desencadenado la revolución), se procedió a una "contrarrevolución", llevándose a cabo "una sistemática represión de las personas, las organizaciones y las instituciones que en alguna forma, real o, incluso, imaginaria, pudieran entenderse ligadas a esa República revolucionaria, o en manos de revolucionarios, a la que se decía combatir".​

"En ese camino [de construcción del "Nuevo Estado" y de eliminación de todo lo que significara República] Franco contó con el apoyo y bendición de la Iglesia católica. Obispos, sacerdotes y religiosos comenzaron a tratar a Franco como un enviado de Dios para poner orden en la ciudad terrenal y Franco acabó creyendo que, efectivamente, tenía una relación especial con la divina providencia".​

La muerte del general Sanjurjo, exiliado en Estoril, el 20 de julio a causa del accidente que tuvo nada más despegar el avión pilotado por el falangista Juan Antonio Ansaldo en el que se tenía que dirigirse desde Lisboa hacia Pamplona para ponerse al frente de la sublevación, dejó a los generales sublevados sin el jefe que iba a encabezar el levantamiento.​ Para suplir en parte la carencia de un mando único, cuatro días después del accidente de Sanjurjo, los generales y jefes sublevados constituyeron en Burgos el 24 de julio una Junta de Defensa Nacional presidida por el general de más graduación y más antiguo, Miguel Cabanellas, jefe de la División Orgánica de Zaragoza, e integrada por el general Saliquet, el general Ponte, el general Mola, el general Dávila, el coronel Montaner y el coronel Moreno Calderón (el general Franco se integró en ella más tarde).​ Su Decreto número 1 establecía que asumía "todos los poderes del Estado"​ y en sucesivos decretos extendió el estado de guerra que los sublevados habían proclamado en cada sitio a toda España (lo que sirvió de base para someter a consejos de guerra sumarísimos a todos los que se opusieran a la rebelión militar),​ ilegalizó los partidos y sindicatos del Frente Popular y prohibió todas las actuaciones políticas y sindicales obreras y patronales "mientras duren las actuales circunstancias" (Decreto del 25 de septiembre).​

Pero lo más urgente era lograr la unidad de mando militar. "Al fracasar el golpe militar fulminante, la posibilidad prevista por Mola de la instauración de un Directorio caía por su base y más aún habiendo muerto la persona que habría podido presidirlo de manera indiscutida [el general Sanjurjo]. Ante ello, la interrogante sobre una posible restauración monárquica, en modo alguno prevista por los conspiradores militares, se abrió paso. (...) Pero cualquier acción requería inevitablemente pasar primero por la elección de un mando único".​ Parece que fue el general Franco (cuyo cuartel general acababa de situar el 26 de agosto en el palacio de los Golfines de Cáceres, donde los falangistas organizaron una concentración de masas en la que fue aclamado como jefe y salvador de España)​ el que pidió una reunión de los generales sublevados para tratar el tema.​ Aunque según otros historiadores la propuesta la hizo el general Alfredo Kindelán.

El general Franco, "Generalísimo" y "Caudillo"

El 21 de septiembre tuvo lugar en una finca de los alrededores de Salamanca la primera reunión a la que asistieron los generales de la Junta de Defensa Nacional, con el añadido de los generales Orgaz, Gil Yuste y Kindelán. Allí los reunidos discutieron sobre la necesidad del mando único de las fuerzas sublevadas y nombraron para el cargo al general Franco pues era quien mandaba el ejército que estaba a punto de conseguir la entrada en Madrid (el Ejército de África estaba a punto de ocupar Maqueda a solo 100 kilómetros de la capital) y el que había obtenido la ayuda de la Alemania nazi y de la Italia fascista, y que venía tratando con ellos. También influyó el que los otros candidatos posibles quedaran descartados (Cabanellas, por masón; Queipo de Llano, por ser republicano; Mola, porque el avance de sus columnas hacia Madrid había fracasado). Además el general Franco era "el más cauto, el menos ideologizado, el más neutro de todos ellos en cuestión de régimen", según el historiador Santos Juliá. Pero una vez decidido el mando único en el terreno militar aún quedaba por dilucidar el mando político.​ Todos los generales reunidos votaron a Franco excepto el general Cabanellas que se abstuvo y que más tarde comentó:​

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