William Walker (Nashville, Tennessee, 8 de mayo de 1824-Trujillo, Honduras, 12 de septiembre de 1860) fue un médico, abogado, periodista, político y mercenario estadounidense. Es el más reconocido de los denominados «filibusteros» del siglo XIX.
En México intentó conquistar, en 1853, los territorios de Sonora y Baja California, lo que lo llevó a fundar la «República de Sonora» que terminó en fracaso. En 1855, junto a un grupo de reclutas conocidos como «Los Inmortales», se dirigió hacia Nicaragua, país que se encontraba inmerso en una guerra civil, y luchó al lado del bando democrático, que pretendía derrocar al presidente legitimista Fruto Chamorro Pérez. Sin embargo, a medida que avanzaba en sus campañas militares, logró asumir el poder mediante unas elecciones amañadas, en las cuales resultó elegido presidente de la nación.
Debido a la amenaza que representaba su estadía en Centroamérica, los demás países de la región iniciaron una ofensiva para expulsarlo del territorio, dando lugar a la Guerra Nacional de Nicaragua y la Campaña Nacional de Costa Rica. El conflicto también involucró a Estados Unidos, al Reino Unido y al empresario Cornelius Vanderbilt.
William Walker claudicó el 1 de mayo de 1857 y abandonó el territorio centroamericano. A pesar de su derrota, organizó nuevas expediciones para apoderarse de Nicaragua.
Los padres de William Walker fueron el banquero escocés James Walker, y Mary Norvell, originaria de Kentucky. Fue el mayor de los cuatro hijos de la pareja. En sus años juveniles, siendo educado en un ambiente puritano y austero, se caracterizó por tener una personalidad tranquila y refinada, conducta que daba lugar a que se le catalogara como un afeminado en más de una ocasión. De niño fue buen estudiante y logró graduarse a la edad de catorce años de la Universidad de Nashville, donde la educación impartida era considerada humanista e integral. A los dieciséis años obtuvo un grado superior que comprendía el estudio de la Biblia y literatura clásica. También fue presidente de la Sociedad de Debates de ese mismo centro de estudios.
En esos años, uno de los deseos de sus padres era que William fuese ministro religioso. Por el contrario, el muchacho optó por estudiar Medicina, y logró culminar sus estudios en 1843 de la Universidad de Pensilvania. Posteriormente, continuó su formación en París, ciudad que no era de su agrado por tener —en su opinión— un ambiente pervertido. A pesar de todo, viajó por diferentes países y con el tiempo creció la convicción de que la Medicina no era lo suyo. Por otro lado, no se distinguía por ser adepto a algún vicio. En una de las cartas intercambiadas con un excompañero de la infancia y de la Universidad de Nashville, escribió algunas de sus incipientes inquietudes sobre la política:
En 1845, de regreso a Estados Unidos, practicó su profesión en Filadelfia. Sin embargo, decidió estudiar Derecho y logró ser autorizado como abogado en Nueva Orleans, aunque eligió el trabajo de periodista debido a su buena redacción. En este oficio laboró en el periódico Daily Crescent, de esa misma ciudad, cuya línea editorial era considerada por sus críticos como apegada al gobierno del país, es decir, antiesclavista y liberal; opinión contraria al ambiente predominante en el sur de Estados Unidos. Para el caso, en este lugar se alentaba una eventual anexión de Cuba, tema rebatido por los editoriales del Daily Crescent en los que Walker más de alguna vez colaboró.
Durante su estadía conoció a Ellen Galt Martin, de veintitrés años, una joven que se distinguía por su belleza, simpatía e inteligencia, y quien, además, pertenecía a una familia reconocida de la ciudad. Sin embargo, tenía la peculiaridad de ser sorda. Ellen contrastaba en gran manera con el tímido, menudo y delgado William, quien en ese tiempo pesaba unas 120 libras (55 kg). No obstante, es probable que lograra comprometerse con la joven, pero el matrimonio no llegó a realizarse porque Ellen murió de fiebre amarilla el 18 de abril de 1849. De hecho, la localidad entera estaba envuelta en una epidemia. La muerte de Martin marcaría profundamente la personalidad de Walker, al convertirse de ahí en adelante en un sujeto melancólico, a veces paranoico en su comportamiento, y propenso a decisiones atrevidas sin medir las consecuencias.
Destino manifiesto y filibusterismo
En esos años, en los Estados Unidos se encontraba en boga la doctrina del Destino Manifiesto. Tal ideología respaldaba que el país se expandiera sobre los territorios no conquistados de Norteamérica y, en general, sobre el Hemisferio Occidental. De acuerdo con este ideario, no bastaba la ocupación de territorios extranjeros como Texas o California, también era justificable conquistar países como Canadá, México, Cuba o los de Centroamérica. Cualquier medio era justificado para alcanzar este objetivo, desde la adquisición por compra, hasta la vía militar.
Esta doctrina no estaba exenta de racismo, pues consideraba que los habitantes estadounidenses eran superiores a los «mestizos» de los países vecinos ubicados al sur de la frontera, por lo que debían ser «regenerados». Sin embargo, la idea del Destino Manifiesto no era interpretada de igual manera por todos, pues algunos intelectuales del norte del país opinaban que lo mejor era expandir los ideales de democracia y libertad; distinto a los ideólogos de los estados del sur, quienes defendían el objetivo de expandir su territorio junto a la institución de la esclavitud, pues los propios no serían suficientes.
Fue en este período que aparecieron los llamados «filibusteros» entre los años 1840 a 1860. Estos sujetos organizaron «cuerpos militares privados», que provocaban guerras no autorizadas y emprendían campañas contra territorios normalmente en estado de paz con Estados Unidos. Uno de ellos fue Gaston de Raousset-Boulbon quien el año 1852 se trasladó a Sonora mediante una compañía minera en búsqueda de plata, la cual era conformada en su mayor parte por un grupo de socios de origen francés, pues las leyes mexicanas prohibían a estadounidenses colonizar la zona. Sin embargo, la empresa fue relegada y los «filibusteros» intentaron una campaña militar para tomar Hermosillo que acabó en fracaso. Raousset-Boulbon intentó otra expedición en 1854 y terminó sus días fusilado por el ejército federal mexicano. Otro aventurero que tuvo el mismo final fue Henry A. Crabb quien murió fusilado en Caborca el 6 de abril de 1857. A pesar de todo, el mismo Walker justificaría estas operaciones:
Para el año 1850, como tantos otros hombres de su generación que buscaban oportunidades en el oeste del país, Walker se dirigió a San Francisco y encontró empleo en el periódico San Francisco Daily Herald. Allí denunció a un juez local de apropiación indebida de los fondos de una herencia. Por la acusación fue retado a duelo por el mismo magistrado, quien sería representado por otro sujeto. Después del encuentro, Walker resultó herido levemente en una pierna. También tuvo otro incidente con un administrador de justicia al que acusaba de ser «muy blando» con los criminales, y terminó encarcelado y multado con 500 dólares. Tales percances empezaron a convertirlo en una especie de héroe local.
Después de ejercer sin entusiasmo la abogacía en Marysville, California, por un breve período, fue atraído por la colonización de Sonora y Baja California, al enterarse por los periódicos de San Francisco que los sonorenses eran asediados por apaches. Asimismo, los rotativos demandaban la presencia de tropas estadounidenses para que los protegiesen, y también hacían notar que en la zona se encontraban ricos yacimientos de plata para ser explotados. De hecho, Walker era de la opinión que los estadounidenses eran los indicados para ocupar México, y no los franceses, como ocurría en ese tiempo.
Intentó asociarse con Raousset-Boulbon, pero este rechazó su propuesta ante el sentimiento antiestadounidense en México. A pesar de todo, la empresa fue organizada en California junto a otros aventureros, y a pesar de la advertencia del francés, Walker llegó a este país en julio de 1853 con un pasaporte en regla. Al arribar a la localidad de Guaymas junto a su colega Henry P. Watkins, las autoridades no le dejaron movilizarse, pues estaban prevenidos de su llegada por medio del consulado mexicano en San Francisco. Ante la negativa, aseveró que su única intención en Sonora era la explotación de tierras para una eventual explotación minera. No obstante, la oposición de las autoridades lo obligó a volver a los Estados Unidos junto con su socio, después de un mes de estadía.