Walter Bendix Schönflies Benjamin (pronunciación en alemán: /ˈvaltɐ ˈbɛnjamiːn/ (); Berlín, 15 de julio de 1892 - Portbou, España, 26 de septiembre de 1940) fue un filósofo, crítico literario, traductor y ensayista alemán de origen judío. Su pensamiento recoge elementos del Idealismo alemán o el Romanticismo, del materialismo histórico y del misticismo judío que le permiten hacer contribuciones perdurables e influyentes en la teoría estética y el marxismo occidental. Su pensamiento se asocia con la Escuela de Fráncfort.
Walter Benjamin nació en el Berlín del Imperio Alemán (1871-1918), en el seno de una acomodada familia de origen asquenazí, dedicada a los negocios y totalmente integrada. Su padre, Emil Benjamin, era banquero en París, pero se había trasladado a Alemania, donde trabajó como anticuario en Berlín; más tarde, se casó con Pauline Schönflies. Walter Benjamin, en sus reflexiones, recuerda con ternura los cuentos que le contaba su madre, los cuales le sirvieron como base para una de sus teorías: «el poder de la narración y de la palabra sobre el cuerpo». Reflexionó sobre la relación que los cuentos establecían entre la tradición y la actualidad. En 1905, debido a su frágil salud, sus padres le enviaron a un internado en el medio rural, en Turingia. Dos años más tarde, en 1907, volvió a su escuela en Berlín.
Conoció en 1917 en la Universidad de Bern a Dora Sophie Pollack (1890-1964), más tarde se casó y tuvo un hijo, Stefan Raphaël (1918-1972).
En 1926, murió su padre y entonces partió a Moscú, donde escribió un diario y confirmó su teoría sobre las tendencias políticas, lo cual provocó que se aislara por completo. En 1930, murió su madre, se vio obligado a hipotecar su herencia para pagar las exigencias de su mujer
En 1912, a la edad de veinte años, ingresó en la Universidad de Friburgo, pero al final del segundo semestre volvió a Berlín y se matriculó en la Universidad de Berlín para continuar sus estudios de Filosofía. Allí conoció el sionismo, que sus padres, habiéndole ofrecido una educación liberal, no le habían inculcado. Benjamin no profesaba la religiosidad ortodoxa; tampoco abrazó el sionismo político.[cita requerida]
También, durante sus años en la universidad fue miembro de la «Unión de Estudiantes libres», de la que fue elegido presidente. Para tal asociación redactó diversos escritos sobre la necesidad de una reforma educativa y cultural. Al no ser reelegido como presidente, volvió a la Universidad de Friburgo, donde asistió con especial interés a las clases de Heinrich Rickert.
En 1915, se matriculó en la Universidad de Múnich, donde conoció a Rainer Maria Rilke y a Gershom Scholem, que se convirtió en su amigo. Aquel año escribió sobre el poeta romántico alemán Friedrich Hölderlin.[cita requerida]
En 1917, se matriculó en la Universidad de Bern, allí conoció a Ernst Bloch y a Dora. Buscó un tema para su tesis, y lo encontró en la filosofía de Kant y Platón. Defendió su tesis Begriff der Kunstkritik in der Deutschen Romantik (El concepto de la crítica de arte en el Romanticismo alemán) en 1919. Tuvo el proyecto de fundar una revista, pero fracasó. En este periodo también escribió un texto en el que analizaba el concepto de «mito», e inició una relación con la directora de teatro Asja Lācis, rompiendo su relación en 1929.
Estrecho colaborador de la Escuela de Fráncfort —a la que sin embargo nunca estuvo directamente asociado—, adaptó su temprana vocación por el misticismo al materialismo histórico, al que se volcó en sus últimos años, aportando una visión única en la filosofía marxista. Como erudito literario, se caracterizó por sus traducciones de Marcel Proust y Charles Baudelaire. Su ensayo La labor del traductor es uno de los textos teóricos más célebres y respetados sobre la actividad literaria de la traducción.[cita requerida]
Benjamin mantuvo una extensa correspondencia con Theodor Adorno y con Bertolt Brecht y ocasionalmente recibió financiación de la Escuela de Fráncfort bajo la dirección de Theodor Adorno y Max Horkheimer. Las influencias competitivas del marxismo de Brecht, la teoría crítica de la Escuela de Fráncfort, el discurso marxista heterodoxo de Bloch, las vanguardias artísticas, la herencia hegeliana y dialéctica y el misticismo judío de su amigo Gershom Scholem fueron centrales en el trabajo de Benjamin, aunque nunca logró resolver sus diferencias completamente. Las Tesis sobre la filosofía de la historia (o Concepto de la historia), uno de los últimos textos de Benjamin, fue lo más cercano a tal síntesis, que junto con los ensayos La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica y Para una crítica de la violencia, son sus textos más leídos.[cita requerida]
En sus años universitarios tuvo el valor de impugnar el origen teórico del formalismo (Heinrich Wölfflin). Escribió sobre su preocupación por el lenguaje como pieza clave de la vida: «El hombre se comunica en el lenguaje, no por el lenguaje». Sufrió doble discriminación como intelectual judío y de izquierdas.[cita requerida]
En 1914, al estallido de la Primera Guerra Mundial, quiso alistarse, pero acabó tomando partido por la corriente pacifista de la izquierda europea radical, que rechazaba la participación y la colaboración con la que tildaban de «carnicería humana interimperialista». Benjamin había sido fuertemente impresionado por el suicidio de dos amigos combatientes. Comenzó la traducción de las obras de Charles Baudelaire al alemán.
Quiso entrar como profesor en la universidad, pero lo rechazaron por ser judío. Escribió El origen del drama barroco alemán, donde trabajó el concepto de «alegoría»; con él, dejó en evidencia su concepción mesiánica de la vida.
En esta etapa abrazó el materialismo y apartó todo lo demás, y aquí afirmó su posición ante las tendencias del momento: jamás militó en el sionismo ni en el comunismo ni en el fascismo. Para él, la salvación de la humanidad está ligada a la salvación de la naturaleza. Quedó fascinado con las obras de Marcel Proust y Charles Baudelaire, observadores natos de la vida. Fue una etapa difícil, pero su romanticismo le hizo pensar que era el inicio de una nueva vida.[cita requerida]
Criticó sin piedad a Hitler, a la teoría fascista, a la hipocresía de la democracia burguesa y al capital financiero e industrial alemán que apoyó al nazismo como forma de contrarrevolución preventiva contra los socialistas. Intentó conciliar el marxismo con su herencia cultural judía y con las tendencias artísticas vanguardistas. En 1930 consiguió reunir su biblioteca y en 1931 experimentó con el hachís; inspirado en el texto Hachís de Charles Baudelaire, escribió sobre un club del siglo XIX en el que se reunía para consumirlo. Fue muy amigo de su colega filósofo Ernst Bloch, socialista marxista, de origen judío.[cita requerida]
En 1932, durante la crisis anterior a la asunción al poder de Hitler, Walter Benjamin fue a la isla española de Ibiza en la que estuvo en dos ocasiones, como explica Vicente Valero en su libro Experiencia y pobreza, que reconstruye el periodo ibicenco del escritor, enamorado de la isla, y la gran influencia que esta tuvo en su vida y en su obra. Luego se trasladó a Niza, donde llegó a pensar en el suicidio, al percibir lúcidamente la importancia sociopolítica y cultural del incendio del Reichstag (27 de febrero de 1933), que de hecho significó la asunción de todo el poder por los nazis en Alemania. Desatada la persecución de los judíos y de los marxistas, Benjamin se trasladó a París, tras una estancia en Svendborg, en casa de Bertolt Brecht y en San Remo, donde vivía su exesposa Dora. Escribió a Gershom Scholem sobre una fatiga infinita que le invadía.
Ya no volvió nunca más a Berlín, ya que el fascismo se lo impedía. Tuvo la necesidad de vincularse a algo para que lo mantuviera, así que buscó el apoyo de los filósofos marxistas-críticos Theodor Adorno y Horkheimer. Este último le acusó de no ser un buen materialista. Benjamin malvivía con lo que cobraba de esta escuela, por lo que decidió no salir de casa y se aisló social y físicamente. También se vinculó al círculo de Georges Bataille.[cita requerida]