Viver, también conocida como Viver de las Aguas, es un municipio y una villa de España en la Comunidad Valenciana. Pertenece a la provincia de Castellón, en la comarca del Alto Palancia. Está situada al suroeste de la provincia de Castellón, en el valle que une la Comunidad Valenciana con Aragón. Cuenta con una población de 1729 habitantes (INE 2025). Se trata de un municipio castellanohablante, en el que el castellano cuenta con el predominio lingüístico reconocido legalmente.
Su término municipal abarca 50 km² y recibe el nombre de Viver de las Aguas por las más de cincuenta fuentes que se reparten a lo largo de su geografía
La villa de Viver está localizada al noroeste de la comarca del Alto Palancia, a 562 m sobre el nivel del mar, y dentro de la provincia de Castellón, a 70 km de la capital provincial. El término municipal está atravesado por la autovía Mudéjar (A-23) y por la carretera nacional N-234, entre los pK 45 y 50, además de por carreteras locales que permiten la comunicación entre las pedanías y con los municipios vecinos de Benafer, Torás y Teresa.
El relieve del municipio está definido por el estrecho valle del río Palancia y las montañas que lo circundan, pertenecientes a las primeras estribaciones de la sierra de Espina por el norte. El cauce del río Palancia desciende desde Teresa hacia Jérica, pero no pasa por el pueblo. La altitud oscila entre los 1080 m al norte, en límite con Barracas (pico Ragudo) y los 490 m a orillas del río Palancia.
El municipio de Viver se sitúa en la zona intermedia que pasa del benigno clima mediterráneo al más riguroso del interior turolense. Por ello cuenta con una gran variedad paisajística, desde el bosque mediterráneo hasta los campos de trigo del altiplano, pasando por el monte bajo de aliagas o coscojos y las zonas fértiles regadas con las aguas de sus caudalosos manantiales.
La mejor manera de llegar a la localidad es a través de la autovía A-23, también conocida como autovía Mudéjar que une Sagunto y Somport. Salida 42 (Viver, Caudiel, Jérica) y la salida 47 (Viver Norte), que pasa por la localidad. También existe un apeadero de la línea de cercanías C-5 Valencia-Caudiel
En torno a 1237-1239 fue conquistada a los árabes por el rey Jaime I de Aragón quien, el 24 de abril de 1244, concedió a la población el título de Real Villa. Más de un siglo después, el 12 de abril de 1367, le es otorgada la Carta Puebla por Juan Alonso, señor de Jérica, donde se la declara población independiente.
Posteriormente, esta villa es heredada, devuelta al Rey y finalmente vendida a Fernando de Aragón, duque de Calabria, virrey de Valencia y tercer marido de Germana de Foix, en 1537. El 26 de octubre de 1550 muere el duque, quien había legado sus bienes al monasterio de San Miguel de los Reyes en Valencia, fundado por él, por lo que los religiosos de este monasterio tomaron posesión de Viver hasta la desamortización de principios del siglo XIX.
Durante la guerra civil española formó parte en 1938 de la Línea XYZ que defendió y detuvo el avance desde Teruel de las tropas nacionales sobre Valencia, y sufrió graves deterioros en su patrimonio. En 1945 se inaugura la restaurada iglesia parroquial y las viviendas reconstruidas por Regiones Devastadas.
Cavanilles escribió en su obra sobre Viver. Según Cavanilles Viver tiene un clima suave, situado entre lomas y cerros de tierra tosca. Viver está a media hora de Jérica, Benafer a tres cuartos de hora y Caudiel a una hora. Viver tiene más de 50 fuentes, debido al río todos los cultivos tenían riego y por eso aumentaron los olivos, cerezos y manzanos. Sus calles son angostas, empinadas y los edificios tienen una mala calidad.
Hay un Ayuntamiento, una escuela y sobre todo gran cantidad de campos. Los labradores también trabajan haciendo las carreteras, solían plantar trigo, maíz y también muchas viñas. Otras actividades son fábricas de vino, la cebada y la seda. En Viver había 500 vecinos y 400 familias, además es uno de los pueblos con más fuentes de agua cristalina y saludable. En algunos momentos se produjo entre agricultores y ganaderos porque el ganado pastaba por las tierras sembradas.
A mediados del siglo XIX, Pascual Madoz escribió en su obra Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar, en el que hablaba sobre esta población. En su obra, Madoz explica que la situación de Viver, se encuentra en el lado izquierdo del Río Palancia, en un valle rodeado de montañas excepto por el Este. El clima es templado y saludable, en cuanto a terreno, es llano, fértil y de secano, que es regado por las abundantes fuentes esparcidas por el pueblo.
Según este autor, las fortificaciones se componían de una muralla provisional, puertas de entrada y algunas torres, además en el interior, había sobre quinientas casas con una distribución interior, que contaban con cuatro plazas regulares. Los servicios se componían de un hospital, dos escuelas de párvulos, cárceles y la iglesia parroquial. Además, contaba también con una casa Señorial y una carnicería.
La iglesia estaba servida por un cura párroco de provisión real. En cuanto a la construcción de la torre o campanario, era bastante sólida, formada por piedra negra labrada; cuyas paredes tenían de nueve a diez palmos de anchura y una altura de unos cuarenta metros, por lo que fue marcada por los ingenieros del ejército como otro de los puntos para la defensa del país. Hay tres ermitas: San Miguel Arcángel, San Roque y la Sangre del Salvador.
Según Madoz, a mitad del siglo XIX, el término de Viver colindaba por el norte con Caudiel y Benafer; por el este Jérica; por el sur Altura; y por el oeste Bejís y El Toro. En su radio se encuentran sobre 30 masías, 6 posadas, los montes de San Roque, Santa Cruz y La Muela. El terreno es llano y montuoso, participa de secano y huerta, y regada por abundantes fuentes que hay esparcidas por diferentes puntos de la localidad.
La agricultura principal según Madoz es el trigo, cebada, avena, maíz, vino, aceite, patatas, habichuelas, higos, uvas y algunas otras frutas. La ganadería principal era la caza de conejos, liebres y perdices, y una abundante pesca. Otras actividades económicas eran el aceite, el aguardiente ya que había 4 fábricas, la harina con sus molinos, el carbón y el hierro.
Según los datos de Madoz, el pueblo contaba con 553 vecinos (familias) y 2087 almas (habitantes). Madoz decía que el Presupuesto municipal ordinario asciende a 13 467 reales a mitad del siglo XIX, y se cubría con varios arriendos de posada, tiendas, tabernas, panaderías e impuestos del cántaro de medir caldos, y barchillas para el trigo.
Otros datos de interés son que era un pueblo con Ayuntamiento y administración subalterna de correos, audiencia territorial y ciudad de Valencia. Respecto a la cultura religiosa había tres ermitas: la de San Miguel Arcángel, la de San Roque y la de Sangre del Salvador, en la cual se hallan algunas estatuas de mérito.