El Virreinato del Perú, oficialmente Reino del Perú, fue una entidad territorial Imperio español que existió entre 1542 y 1824. Creada por la Corona española, tuvo su capital en Lima, y constituyó durante más de dos siglos la principal institución de gobierno colonial española en América del Sur.
En su mayor extensión, el virreinato abarcó casi toda América del Sur, incluyendo Panamá y algunas islas de Oceanía. Quedaban fuera de su jurisdicción Venezuela, dependiente del virreinato de Nueva España, y los territorios al este de la línea fijada por el Tratado de Tordesillas, bajo dominio portugués.Sus fronteras se establecieron por primera vez el 13 de septiembre de 1543.
A partir del siglo XVIII, con las Reformas Borbónicas, su territorio sufrió importantes reducciones. En 1717, se creó el virreinato de Nueva Granada al norte. En 1776, se creó el virreinato del Río de la Plata al sur. En 1798, la capitanía general de Chile se separó del virreinato, consolidando su autonomía.Al mismo tiempo, el virreinato del Brasil expandió sus fronteras en la Amazonia.
A pesar de las pérdidas territoriales, a principios del siglo XIX el virreinato del Perú era todavía la principal posesión de la Monarquía Hispánica en América del Sur, al tratarse de una de sus principales fuentes de riqueza.Sin embargo, al final del periodo virreinal, casi el ochenta por ciento del total de los caudales americanos provenían del virreinato de Nueva España.
Las guerras de independencia hispanoamericanas pusieron fin al virreinato del Perú. Desde inicios de la contienda, el virreinato mantuvo su compromiso con la integridad de la Monarquía Hispánica, enviando expediciones para sofocar las juntas de gobierno insurgentes que se formaron en sus territorios fronterizos. Durante esta primera etapa, que comienza en 1810, se produjeron conspiraciones y levantamientos autónomos peruanos que fueron sofocados por el Ejército Real del Perú. En 1820, la sublevación de las tropas que conformaban la Gran Expedición que se preparaba en España, frustró las esperanzas realistas de recibir refuerzos.
El apoyo de las ya independizadas Provincias Unidas del Río de la Plata liderado por el general José de San Martín, permitió la independencia de la capitanía general de Chile y posteriormente dirigir una expedición militar que atacaría Perú desde el Sur para lograr su independencia, la que se declaró el 28 de julio de 1821. Tras el estancamiento de la guerra, San Martín cedió la iniciativa al general venezolano Simón Bolívar, quien dirigió una campaña militar contra el virreinato desde el norte, una vez consolidada la independencia de Nueva Granada.
La capitulación de Ayacucho, firmada el 9 de diciembre de 1824, marcó el fin del esfuerzo militar realista, por la que las autoridades virreinales reconocían su derrota y la independencia del Perú. Sin embargo, aislados y sin apoyo, los últimos reductos realistas, como la Fortaleza del Real Felipe en Callao y el archipiélago de Chiloé, finalmente caerían en 1826. Previamente en 1788 Chiloé había vuelto a depender de la Capitanía General de Chile de iure, sin llevarse a la prácitca y a su vez Chile en su conjunto dejó de depender del virreinato del Perú en 1798.
Otras denominaciones menos comunes del Virreinato del Perú han sido virreinato de Lima o de Nueva Castilla (que no debe confundirse con el Virreinato de Nueva España, que también se denominó así)
Con la captura y secuestro del Inca Atahualpa por la hueste dirigida por Francisco Pizarro en la ciudad del Cajamarca en 1532, se inició la conquista del Perú. Aunque la total y absoluta derrota de los incas ocurrirá hasta 1572, gracias a la ayuda de sus aliados indígenas (huancas, caxamalcas, chancas, huaylas etc) los españoles llegarán a fundar una serie de ciudades y a establecer políticamente la Gobernación de Nueva Castilla, que abarcaría la parte central del virreinato del Perú, en el área dominada hasta ese momento por el Imperio inca. La ayuda de los Huancas en la sierra central-que enfrentó a los ejércitos liderados por Manco Inca y sus generales- y de los Huaylas -que evitaron la toma de Lima- fue esencial para los españoles asentados en la costa (especialmente en Lima) puedan consolidar su establecimiento.
Dentro del proceso donde se desarrolló la caída del Imperio incaico, se desató un conflicto entre los conquistadores. Para concluirla, el 20 de noviembre de 1542, el rey Carlos I de España firmó en Barcelona por Real Cédula las llamadas Leyes Nuevas, un conjunto legislativo para las Indias entre las cuales dispuso la creación del virreinato del Perú en reemplazo de las antiguas gobernaciones de Nueva Castilla y Nueva Toledo, al tiempo que la sede de la Real Audiencia de Panamá fue trasladada a la Ciudad de los Reyes o Lima, capital del nuevo virreinato.
El flamante virreinato comprendió en un inicio y durante casi trescientos años gran parte de Sudamérica y el istmo de Panamá, bajo diversas formas de control o supervigilancia de sus autoridades. Abarcaba una inmensa superficie que correspondía a los actuales territorios que forman parte de las repúblicas de Argentina, Uruguay, Paraguay, Bolivia, Colombia, Chile, Ecuador, Panamá, Perú y toda la región oeste, sureste y sur del Brasil. Quedaban exceptuadas Venezuela, bajo jurisdicción del virreinato de Nueva España a través de la Real Audiencia de Santo Domingo, y Brasil, que integraba el Imperio portugués.
Fue su primer virrey Blasco Núñez Vela, nombrado por real cédula del 1 de marzo de 1543. Sin embargo, no pudo ejercer la autoridad real debido a los enfrentamientos entre los partidarios de Francisco Pizarro y Diego de Almagro por el dominio del Perú, y pereció asesinado por Gonzalo Pizarro. El asesinato de la primera autoridad del rey produjo mucha consternación en España; la Corona dispuso castigar severamente a quien había atentado contra el virrey, el representante del rey en territorios conquistados. Para ello, Carlos I envió a Pedro de la Gasca con el título de Pacificador para solucionar esta situación. Ya en el Perú, La Gasca, seguro de haber infundido la semilla de la traición entre los partidarios de Gonzalo Pizarro, se enfrentó al conquistador cerca del Cuzco, en 1548. Gonzalo Pizarro vio a sus capitanes pasarse al bando de la Gasca y la derrota para él resultó aplastante. Conducido a la ciudad del Cuzco, fue ejecutado por delito de alta traición al rey. Unos años después, en 1551, fue nombrado virrey Antonio de Mendoza y Pacheco, luego de haber ejercido el cargo en el virreinato novohispano.
Tras casi cuarenta años de desorden administrativo, el virreinato peruano encontró a un eficiente conductor en el virrey Francisco Álvarez de Toledo, quien, entre 1569 y 1581, logró establecer el marco político-administrativo que rigió por muchos años en el Perú virreinal.
Apenas llegado a tierras peruanas, Francisco Álvarez de Toledo se informó de todo cuanto había sucedido en el virreinato y de cuáles habían sido las políticas seguidas hasta ese momento. Reconoció la inexistencia de un adecuado sistema tributario, pues no había un registro del total de habitantes del virreinato. Álvarez de Toledo realizó personalmente varias extensas visitas generales a distintas partes del virreinato y, por primera vez, se tuvo registro de los recursos humanos y naturales del Perú. Tras saber el número de posibles tributarios, estableció las reducciones, pueblos indígenas en los que se agrupaba a un número de alrededor de quinientas familias. Así se sabía con exactitud la cantidad de tributo que debían entregar.
El virrey Álvarez de Toledo impulsó la distribución del trabajo indígena por medio de la mita. Mediante el empleo de esta se proveyó de mano de obra a las ricas minas de Potosí, provincia de Charcas, productoras de inmensas cantidades de mineral de plata, y a Huancavelica, de la que se extraía mercurio o azogue, necesario para la purificación argentífera, con lo que se logró convertir al Perú en uno de los centros más importantes de producción de plata en el mundo.