Victoria del Reino Unido (Victoria Adelaide Mary Louisa; Londres, 21 de noviembre de 1840-Kronberg, 5 de agosto de 1901) fue reina consorte de Prusia y emperatriz consorte de Alemania desde marzo de 1888 hasta junio del mismo año, como esposa del rey-emperador Federico III. Al mismo tiempo, fue princesa real del Reino Unido desde 1841 hasta 1858. Como primogénita de la reina Victoria y del príncipe consorte Alberto, fue heredera presuntiva a la Corona Británica desde su nacimiento hasta 1841. Desde su nacimiento hasta su matrimonio, fue princesa del Reino Unido.
Heredera de las ideas liberales de su padre, fue el principal apoyo del entonces príncipe heredero Federico, con quien se había casado a los 16 años, en su deseo de establecer una monarquía constitucional en Prusia y Alemania. Criticada por su conducta y por su origen inglés, Vicky (como la llamaba su familia) fue relegada al ostracismo tanto por los Hohenzollern como por la corte de Berlín. Su aislamiento aumentó aún más con la llegada de Otto von Bismarck al poder en 1862. La emperatriz no tuvo ocasión de influir en la política alemana durante las pocas semanas que duró el reinado de su marido en 1888, ya que padecía un cáncer de laringe en estado terminal. Federico no tuvo tiempo ni fuerzas para implantar las reformas con las que había soñado cuando era príncipe heredero.
Con la muerte de su esposo, fue definitivamente alejada del poder por su hijo, el káiser Guillermo II. Primero se instaló en Kronberg y posteriormente pasó a vivir en Schloss Friedrichshof, un palacio construido en homenaje a su marido. Cada vez más sola tras las bodas de sus hijas más pequeñas, Victoria murió de cáncer de mama en 1901, poco después de la muerte de su madre.
La correspondencia entre la emperatriz y su madre aún puede consultarse. Cerca de 4000 cartas enviadas a la reina Victoria y 3777 recibidas de ella están preservadas y catalogadas y dan una visión detallada sobre la forma de vivir de la corte prusiana entre 1858 y 1900.
Nacida en 1840, Victoria (a la que sus padres llamaban Vicky) fue la primera de los nueve hijos de la reina Victoria y su esposo, el príncipe Alberto de Sajonia-Coburgo y Gotha. Se le confirió el título de princesa real el 19 de enero de 1841 y se convirtió en la heredera presuntiva hasta el nacimiento de su hermano, el futuro Eduardo VII, el 9 de noviembre de ese mismo año. Fue bautizada en el Salón del Trono del palacio de Buckingham el 10 de febrero de 1841 por William Howley, arzobispo de Canterbury, siendo sus padrinos su abuelo paterno, el duque Ernesto I de Sajonia-Coburgo y Gotha; su abuela materna, la duquesa de Kent; su tío abuelo materno y paterno a la vez, el rey Leopoldo I de Bélgica; sus tíos abuelos maternos, el duque de Sussex y la duquesa de Gloucester (ambos hijos del rey Jorge III), y su tía abuela política materna, la reina viuda Adelaida del Reino Unido. La pareja real quería darle a sus hijos la educación más completa posible, pues la reina, que sucedió a su tío con 18 años, declaró que no había sido lo suficientemente preparada para reinar. Por su parte, el príncipe Alberto, originario del pequeño ducado de Sajonia-Coburgo-Gotha, recibió de su tío, Leopoldo de Bélgica, una educación mucho más cuidada.
Poco después del nacimiento, el príncipe Alberto escribió un memorando detallado sobre las tareas y deberes de todas las personas involucradas en la educación de los infantes. Un año y medio después, otro documento de 48 páginas, escrito por el barón von Stockmar, íntimo de la pareja real, detallaba los principios educacionales para los pequeños príncipes. Sin embargo, la ignorancia de los padres sobre el desarrollo de un niño era considerable hasta el punto de que la reina creía que el hecho de que la pequeña Victoria chupara las pulseras era un síntoma de mala educación. Según Hanna Pakula, biógrafa de la futura emperatriz de Alemania, las dos primeras preceptoras de la princesa fueron escogidas con bastante criterio. Especialista en lidiar con niños, lady Littleton empezó a dirigir el nido por donde pasaban todos los hijos del matrimonio real a partir del segundo año de la princesa. Diplomática, la joven consiguió hacer agradables las exigencias, a veces descabelladas, de los padres para con los príncipes. Sarah Anne Hildyardm, segunda preceptora de Victoria, fue una profesora dedicada y competente, que desarrolló una estrecha relación con su pupila.
Con solo un año y medio de edad, la princesa recibía clases de francés, y antes de los cuatro, empezó a hablar alemán. A partir de los seis años, Victoria tenía clases desde las 8:20 hasta las 18:00, con tres horas de descanso, y su currículo incluía clases de geografía, aritmética e historia. Al contrario que su hermano, cuyo plan de estudios era aún más riguroso, ella se convirtió en una alumna excelente, siempre ansiosa por aprender. A pesar de esto, también fue descrita como una niña temerosa y traviesa.
La reina Victoria intentó alejar todo lo que pudo a sus hijos de la vida en la corte. Por ello, la pareja real adquirió el castillo de Osborne, en la isla de Wight, que fue remodelado al estilo de una villa napolitana, según el proyecto diseñado por el propio Alberto. Cerca del edificio principal, el príncipe consorte mandó construir un chalé de inspiración suiza con una pequeña cocina y un taller de carpintería. En este sitio, los niños aprendieron a cocinar y a realizar trabajos manuales. Alberto desempeñó un papel importante y directo en la educación de sus hijos, pues seguía de cerca su progreso, les daba lecciones y pasaba mucho tiempo jugando con ellos.
Primer encuentro con los Hohenzollern
El príncipe heredero Guillermo de Prusia y su esposa, la princesa Augusta de Sajonia-Weimar-Eisenach, estaban entre los miembros de las casas reales que tenían a la reina Victoria y al príncipe Alberto como amigos y aliados. La soberana británica mantenía correspondencia regular con su prima liberal desde 1846, no obstante, los lazos entre las dos parejas se fortalecieron en 1848, cuando la revolución de Marzo llegó a Berlín obligando a Guillermo y a Augusta a refugiarse durante tres meses en la corte británica.
En 1851, Guillermo volvió a Londres con su esposa y sus dos hijos (Federico y Luisa) para visitar la Gran Exposición. Fue la primera vez que Victoria vio a su futuro marido y, a pesar de la diferencia de edad entre ambos (ella tenía 11 años y él 19), congeniaron muy bien. La joven princesa fue la encargada de ser la guía de Federico durante la exposición. Como el inglés del príncipe no era muy bueno, Victoria se comunicaba con él con un alemán bastante fluido. Años más tarde, Federico aún recordaba lo que le impresionó esa mezcla de carácter infantil, curiosidad intelectual y dignidad natural que la princesa había demostrado durante su visita.
Victoria no fue la única que impresionó positivamente a Federico en las cuatro semanas que él estuvo en Inglaterra. El joven prusiano encontró en el príncipe Alberto un interlocutor con quien compartió y fortaleció sus ideas liberales. Las relaciones entre los miembros de la familia real británica (especialmente entre la reina, el príncipe consorte y sus hijos) y la vida en la corte londinense, menos rígida y conservadora que la berlinesa, fascinaron a Federico.
Tras su vuelta a Alemania, Federico comenzó a cartearse con Victoria. Sin embargo, detrás de esa amistad floreciente, estaba el deseo de la familia real del Reino Unido de forjar lazos más estrechos con Prusia. En una carta enviada a su tío, Leopoldo I, además de cuestiones sobre la soberanía británica, la reina Victoria expresó sus esperanzas en el estrechamiento de vínculos entre los dos jóvenes.
Compromiso con Federico de Prusia
Como Victoria, Federico recibió una educación bastante completa con profesores importantes como el escritor Ernst Moritz Arndt y el historiador Christoph Friedrich Dahlmann. Siguiendo la tradición de los Hohenzollern, recibió asimismo una rigurosa formación militar.
En 1855, Federico realizó un nuevo viaje a Gran Bretaña y visitó a la familia real en el castillo de Balmoral en Escocia. El propósito de este nuevo viaje era evaluar a la princesa como posible novia. En Berlín, mientras, esta visita no se veía con agrado porque en la corte prusiana muchos preferían ver al heredero al trono casado con una gran duquesa rusa. El rey Federico Guillermo IV de Prusia también se mostró reticente a permitir el matrimonio de su sobrino con una princesa británica y llegó incluso a mantenerlo en secreto delante de su esposa, cuya anglofobia era notable.