Vicente Solano Lima (San Nicolás de los Arroyos, 21 de septiembre de 1901-Buenos Aires, 23 de abril de 1984) fue un abogado y político, vicepresidente de Argentina del 25 de mayo al 13 de julio de 1973, durante el ciclo histórico que ha dado en llamarse tercer peronismo.
Vicente Solano eran sus nombres. Nació un día de la primavera de 1901, en el Cuartel V del Partido de Ramallo, Provincia de Buenos Aires, siendo hijo de Manuel Lima y Regina Sánchez. Cursó estudios en el Colegio Nacional de San Nicolás "Justo J. de Urquiza" y en 1918 obtuvo el título de bachiller. En 1919 en La Plata comenzó a cursar la carrera de Derecho. Se recibió de abogado a los 20 años, en 1921, y mientras estudiaba había entrado a la Policía de la Provincia de Buenos Aires como agente uniformado para poder continuar con su carrera universitaria y solía dirigir el tránsito en las calles de La Plata. Mientras estudiaba derecho, se afilia al Partido Demócrata de Buenos Aires, conocido como Partido Conservador de Buenos Aires. En 1923 obtuvo el título de doctor en jurisprudencia. Fue diputado provincial en dos oportunidades, la primera en 1925 con 24 años de edad y la segunda en 1928 hasta 1930, año en que presidió el bloque conservador de la Cámara Baja bonaerense. Entre 1926 y 1928 desempeñó simultáneamente el cargo de concejal en San Nicolás. Su familia era de tradición conservadora, antiguos alsinistas que propugnaban la autonomía de la Provincia de Buenos Aires. En sus épocas de universitario comenzó a militar en política; eran tiempos de la primera presidencia de Yrigoyen y de la intervención federal de José Luis Cantilo, que había desalojado a Marcelino Ugarte del sillón de Dardo Rocha. En 1921 fue vicepresidente del Comité Universitario del Partido Conservador e instaló su estudio jurídico en San Nicolás de los Arroyos. Allí, en 1931 fue comisionado municipal. Ocupó una banca de diputado nacional en 1932; en 1933 accedió a la vicepresidencia del Comité del Partido Demócrata Nacional de la provincia de Buenos Aires. Elegido presidente del Concejo Deliberante de San Nicolás en 1938 hasta 1940; a la par que ejercía por segunda vez como diputado nacional desde 1938.
Lima explicaba su conservadorismo diciendo: "Soy conservador como lo fue Disraeli, que hizo la reforma social en Inglaterra. Soy conservador pero quiero la renovación. No somos liberales, somos nacionalistas, religiosos. Defendemos la propiedad privada y estamos en la línea Doctrina Social de la Iglesia". En materia social, participó en el Departamento Provincial del Trabajo y colaboró en la redacción de las primeras convenciones colectivas de trabajo en defensa de los obreros del puerto de San Nicolás, lugar en donde sentó sus reales como líder y supo evolucionar conforme a los nuevos tiempos que se avecinaban en el país. Ministro de Gobierno en 1935 (8 de febrero al 29 de agosto) y nuevamente del 9 de enero hasta 13 de abril de 1943 en las gobernaciones de Raúl Díaz (vicegobernador que sustituyó al destituido Federico Martínez de Hoz) y del jurista Rodolfo Moreno, respectivamente. Otro de sus desvelos fueron las elecciones limpias y el destierro del fraude. Lima, opinaba con respecto al voto: "No pienso en pequeños negocios electorales... Es necesario terminar con el fraude y crear el elector responsable con derechos asegurados y con obligaciones cubiertas hoy, por la clandestinidad. El país quiere gobiernos incorruptibles, derechos individuales garantizados, trabajo tenaz y constante. Todos los argentinos anhelamos la tranquilidad nacional y la formación de partidos políticos grandes, dignos y fuertes dentro de un nacionalismo sano y progresista". Luego de sancionada en 1934 la Reforma de la Constitución, Lima presentó un proyecto de innovación de la legislación electoral, en la que se manifestaba a favor del sufragio femenino y que incluía la reglamentación de los partidos políticos y guardaba afinidades con la enviada al Congreso Nacional por el ministro del Interior, Leopoldo Melo. El proyecto de ley fue alterado, "sensiblemente recortado y modificado por los hombres de Fresco", dando nacimiento a la Ley 4776 (apodada por la oposición "ley trampa"), por la que quedaron conferidas al partido gobernante el control de las Juntas Revisoras locales. Se debilitaba de esa manera el rol y la posibilidad de los fiscales de las restantes organizaciones a protestar contra las irregularidades que pudieren ocasionarse en un acto comicial. Ello provocó el desagrado de Lima, quien el 27 de agosto de 1935 recibió a un grupo de mujeres encabezadas por Alicia Moreau de Justo, quienes reclamaron el veto parcial de la ley que había desestimado no solo el voto femenino, sino también la posibilidad de ser afiliadas a partidos políticos. Al día siguiente el gabinete promulgó la ley, Díaz y Lima enviaron un proyecto de reformas a los artículos cuestionados. A la desazón por la "ley trampa", se sumaba la resistencia del jefe de Policía (Elías Casas Peralta, juez con licencia por funciones ejecutivas) a acompañarlo en la campaña de represión del juego, como modo de frenar el financiamiento ilegal de la política; por esas dos razones Lima renunció el 29 de agosto de 1935. Como ministro, con Moreno luchaban por la elevación de la política y de los políticos, contra la demagogia y el uso bastardo de las bancas legislativas. Combatió al juego clandestino (que denominaba "lacra social"), del que fue tenaz enemigo. Laudó a favor de los ladrilleros y obreros portuarios de San Nicolás, para que obtuvieran mejores salarios y condiciones de trabajo dignas. Defendió a los obreros en accidentes de trabajo, en los que generalmente se les imputaba culpa grave, defensa en la que debió competir con delegados socialistas y de la FORA. Respecto de Rodolfo Moreno, se autodefinió como "discípulo y fiel seguidor político". Lima admiraba su inteligencia, respetaba su honestidad y sentido de la justicia; le entusiasmaban su valor moral e intelectual, compartiendo "plenamente sus ideas renovadoras que atentas y sensibles a los signos de los tiempos, proponían enterrar gradualmente viejas prácticas y vicios políticos (el fraude y la violencia, prioritariamente) y refundar un conservadorismo renovador, con sentido nacional y social". Se coloca a Moreno y a Lima en la corriente conservadora que "interpretaba el momento histórico y aspiraba a ponerse a tono con la hora, mediante una actualización de los conceptos económicos, políticos y sociales" en contraposición a la que encabezada por Castillo, Patrón Costas, Santamarina o Suárez Lago, "se rehusaba a admitir el carácter irreversible de las transformaciones que se estaban operando". Ese sentido social en la gestión de Moreno y Lima se infiere de las acciones que ambos emprendieron: investigaron las condiciones de vida de las familias obreras; resolvieron el problema de los pavimentos evitando juicios a miles de propietarios modestos; reconocieron el salario mínimo reajustable; crearon la Comisión de Abastecimiento de productos de primera necesidad; establecieron requisitos de seguridad e higiene en las industrias; declararon la obligatoriedad de la asistencia médica en fábricas de más de 250 trabajadores; reglamentaron la ley de trabajo a domicilio, el descanso en las panaderías y el trabajo de menores; cierre y apertura uniforme de comercios; fomentaron el desarrollo de la previsión social; se combatieron el despido de empleados por el hecho de su agremiación y aplicaron sanciones efectivas contra empleadores que obstaculizaban o impedían la organización sindical. En julio de 1942 anunciaron un proyecto de creación de un impuesto progresivo a las propiedades rurales mayores a 10 mil hectáreas, que se incrementaba más aún cuando eran improductivas. En medio de grandes movilizaciones con resonancia internacional por la injusticia del desenlace, en 1942, el entonces ministro Lima promovió la conmutación de pena del gobernador Moreno para "Los presos de Bragado": Pascual Vuotto, Reclús de Diago y Santiago Mainini, inocentes anarquistas acusados por un doble homicidio, convictos en un proceso sin garantías y sometidos a torturas policiales, emulados con Sacco y Vanzetti, condenados a la silla eléctrica en los EE UU a fines de los años 20, o Di Giovanni y Scarfó fusilados en 1931 en Buenos Aires. En 1943, cuando se cernía la amenaza del presidente Castillo de intervenir la Provincia, ante la intransigencia del gobernador Moreno a aceptar la candidatura presidencial del senador por Salta Robustiano Patrón Costas; Lima hizo introducir 25 tambores de nafta en la Casa de Gobierno, puesto que si no podían resistir a las fuerzas militares, "les dejaremos escombros" señalaba a Moreno, y agregaba "la historia juzgará nuestra actitud". El ministro de Justicia, Culto e Instrucción Pública Guillermo Rothe había preparado el decreto de intervención federal, fundándola en que el "gobierno de Moreno constituía un peligro por sus tendencias sociales avanzadas". El gobernador evitó el remedio federal renunciando el 13 de abril en estos términos: "determina esa actitud la imposibilidad de continuar en el cumplimiento de mi programa en armonía con quienes fueron los factores de mi candidatura y el apoyo principal del gobierno". Lima, también dejó el ministerio ese día.