Tal Día como Hoy

Vicente Enrique y Tarancón

Cardenal español

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Vicente Enrique [y] Tarancón (Burriana, Castellón, 14 de mayo de 1907-Almazora, 28 de noviembre de 1994) fue un arzobispo y cardenal católico español, famoso por sus disputas con el régimen franquista​ y por su papel conciliador durante la Transición española al frente de la Conferencia Episcopal.​ Ocupó los cargos de obispo de Solsona (1945-1964), arzobispo de Oviedo (1964-1969), arzobispo primado de Toledo (1969-1971) y arzobispo de Madrid-Alcalá (1971-1983). Fue presidente de la Conferencia Episcopal Española entre 1971 y 1981. Fue, además, académico de número de la Real Academia Española.​

Fue, junto al cardenal Marcelo González Martín, una figura de referencia en la Iglesia española durante la Transición.

Nació en Burriana en 1907, en el seno de una familia de labradores. Su familia era conocida por sus opiniones políticas conservadoras y por su piedad cotidiana, "medio por tradición, medio por convencimiento".​

Hizo sus primeros estudios en el colegio de Religiosas de Nuestra Señora de la Consolación. Además, asistía a la escuela particular que regentaba un sacerdote en la misma localidad.

En 1917, a los diez años de edad, ingresó en el Seminario Conciliar de Tortosa para iniciar sus estudios eclesiásticos. Allí cursó sus estudios de latín, humanidades y filosofía, además de iniciar los de teología y derecho canónico (1917-1928). En esta época no pudo quitarse "la etiqueta de mal estudiante",​ aunque manifestó una especial disposición para la música, que fue desde entonces una de sus grandes aficiones.​

Con todo, aunque no pudo conseguir una beca para continuar sus estudios en Roma, pudo seguir estudiando en la Universidad Pontificia de Valencia (1928-1930), donde obtuvo primero la licenciatura y después el doctorado en Sagrada Teología.​​

Fue ordenado sacerdote el 1 de noviembre de 1929. Primero fue coadjutor y organista de la parroquia de Vinaroz; en 1931, a principios de la Segunda República, el obispo de Tortosa lo destinó temporalmente a la Casa del Consiliario en Madrid para participar en la campaña itinerante de promoción de Acción Católica; estalló entonces la Guerra Civil, y Tarancón escribió La nueva forma del apostolado seglar (Vigo, 1937), donde afirmaba:

Durante la guerra civil española la Iglesia católica española apoyó mayoritariamente el golpe militar contra la Segunda República; en 1938, tras la toma de Vinaroz por parte de las tropas nacionales, Tarancón volvió a dicha ciudad como párroco y arcipreste, y de allí pasó al arciprestazgo de Villarreal en julio de 1943.

Fue nombrado obispo de la pequeña diócesis de Solsona a los treinta y ocho años, en 1945: el más joven de la España de entonces. La publicación en 1950 de la pastoral social El pan nuestro de cada día dánosle hoy contra el estraperlo (mercado negro) le hizo caer en desgracia ante miembros de la clase política, que se enriquecían con esta práctica o con el manejo de las cartillas de racionamiento.​ Tal vez por esto su carrera eclesiástica permaneció estancada durante 18 años en esa misma diócesis. Como afirmó en sus memorias:​

Pese a ello, fue nombrado a mediados de los años 50 secretario de la Conferencia de Metropolitanos, antecesora de la Conferencia Episcopal Española; fue relator del Sínodo de Obispos en Roma; participó en el Concilio Vaticano II (1962-1965), durante el cual fue elegido el papa Pablo VI en 1963, quien habría de proteger su carrera desde entonces.

Su labor pastoral la continuó posteriormente en Oviedo, a donde pasó como arzobispo coadjutor de Francisco Javier Lauzurica y Torralba en marzo de 1964, en sustitución de Segundo García de Sierra y Méndez, nombrado arzobispo de Burgos. A la muerte de Lauzurica en abril del mismo año, le sucedió como arzobispo titular.

Se convirtió en arzobispo de Toledo en enero de 1969, cargo que llevaba ligado el título de Primado de España. Ese mismo año, en abril, Pablo VI le entregó el capelo cardenalicio. Aunque es tradición que en las sedes de importancia el prelado fuera elevado al cardenalato, no dejó de sorprender en los círculos integristas y políticos de la dictadura.

En 1971, tras la muerte del arzobispo Casimiro Morcillo González (mayo de 1971), con el que mantenía amistad desde joven, fue nombrado administrador apostólico de la archidiócesis de Madrid-Alcalá.​ A finales de ese año, el papa lo designó como nuevo arzobispo, lo que creó malestar en la sede toledana, donde los arzobispos solían residir hasta su muerte. Cuando Tarancón tomó posesión de la sede madrileña, las autoridades de Toledo rehusaron participar del acto.​

La muerte de Casimiro Morcillo hizo que tuviera que asumir la presidencia interina de la Conferencia Episcopal Española desde el fallecimiento de este hasta su elección ese mismo año (marzo de 1972). Su influencia se hizo notar a partir de entonces, siendo una figura trascendental durante la Transición de la dictadura franquista hacia la democracia.

En la misma sesión en la que fue elegido presidente, el cardenal Bueno Monreal fue elegido vicepresidente en sustitución del mismo Tarancón, y el obispo Yanes fue elegido secretario general en sustitución de José Guerra Campos, entonces obispo auxiliar de Madrid-Alcalá. En este contexto se produjo un cambio de rumbo en la dirección de la conferencia hacia posiciones más abiertas y contrarias a la política del gobierno del general Franco. En esa época el Ministerio de Información y Turismo franquista elaboró un documento que calificaba a los miembros de la comisión permanente de la conferencia por su grado de adhesión al régimen. Consideraba afectos sin reserva a Laureano Castán Lacoma, obispo de Sigüenza-Guadalajara; a Marcelo González Martín, arzobispo de Toledo; y a Pedro Cantero Cuadrado, arzobispo de Zaragoza. Consideraba afectos con reserva a José López Ortiz, arzobispo-vicario general castrense; al cardenal José María Bueno Monreal, arzobispo de Sevilla; a Maximino Romero de Lema, entonces obispo de Ávila; y a José María García Lahiguera, arzobispo de Valencia. Consideraba miembros de la oposición moderada al propio Tarancón, arzobispo de Madrid-Alcalá; a Antonio Dorado, entonces obispo de Guadix; a Gabino Díaz Merchán, arzobispo de Oviedo; y a Josep Pont i Gol, arzobispo de Tarragona. Consideraba oposición fuerte a Elías Yanes, entonces obispo auxiliar de Oviedo; a Narciso Jubany, arzobispo de Barcelona; a José María Cirarda, entonces obispo de Córdoba; a Emilio Benavent Escuín, entonces arzobispo coadjutor de Granada; a Antonio Añoveros Ataún, obispo de Bilbao; y a Rafael González Moralejo, obispo de Huelva.​

Durante el funeral de la mano derecha del dictador, Luis Carrero Blanco (1973), fue insultado al grito de «¡Tarancón, al paredón!», el ministro de Educación, Julio Rodríguez Martínez, le negó el saludo y tuvo que salir por la puerta trasera de la Iglesia de San Francisco el Grande para evitar agresiones.​

En 1974 se desencadenó el Caso Añoveros. El obispo de Bilbao fue detenido por el régimen con el fin de mandarlo al exilio a causa de una pastoral. Tarancón buscó interceder ante el presidente Carlos Arias Navarro pero no lo consiguió. Sería su sucesor en la sede toledana, Marcelo González Martín, el que logró comunicarse con el Gobierno y frenar la expulsión.

A la muerte de Franco, el 20 de noviembre de 1975, sería también el cardenal de Toledo el que presidiría su funeral, menos crítico con el Gobierno que Tarancón.​

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