Urraca I de León (León, 24 de junio de 1081-Saldaña, 8 de marzo de 1126) fue reina de León entre 1109 y 1126 y emperatriz de España. Hija y sucesora de Alfonso VI y de la reina Constanza de Borgoña, a su muerte la sucedió su hijo Alfonso VII.
Casó con el noble borgoñón Raimundo de Borgoña, que murió en 1107; Urraca tenía entonces veintisiete años y dos hijos vivos, Alfonso, que sería más tarde Alfonso VII y Sancha Raimúndez. Llegó a ser reina de León a raíz y como consecuencia de la muerte de su único hermano varón, Sancho Alfónsez (acaecida en 1108), que habría sido el sucesor de Alfonso VI (fallecido el 1 de julio de 1109). Urraca tomó el mando como reina de León y pasó a desempeñar un papel activo en la política y gobierno del reino.
Urraca casó en segundas nupcias, a instancias de la nobleza, con el rey aragonés Alfonso el Batallador. Fue un matrimonio obligado y en contra de su voluntad que condujo a una constante guerra civil entre unos partidarios y otros. La convivencia fue un desastre, teniendo en cuenta que Alfonso era de carácter violento y Urraca era una mujer inteligente de carácter firme, dispuesta a ejercer sus derechos en una sociedad medieval puramente patriarcal. Buena parte del clero además del arzobispo de Toledo y el papa Pascual II pusieron en duda la autenticidad del matrimonio alegando consanguinidad y declarándolo no válido.
Urraca demostró ser una gran gobernadora que supo enfrentarse con inteligencia y mano firme en los conflictos con los almorávides, en las rebeliones de la nobleza, en los problemas eclesiásticos y supo mantener la unión territorial de un reino que heredaría su hijo Alfonso VII, llamado más tarde «el Emperador».
Después de su defunción (8 de marzo de 1126), en la localidad de Saldaña, el cadáver de la reina Urraca fue conducido a la ciudad de León, donde recibió sepultura en el Panteón de reyes de San Isidoro de León.
Los cronistas de la época no registraron la fecha del nacimiento de Urraca. Se cree que debió de nacer en 1081. Era la hija primogénita de Alfonso VI y de la reina Constanza de Borgoña, segunda esposa del rey, casados en 1079. Por parte paterna eran sus abuelos Fernando I, rey de León y conde de Castilla, y su esposa Sancha Alfónsez de León, hija de Alfonso V. Sus abuelos maternos fueron el duque Roberto I de Borgoña, hijo de Roberto II de Francia, el segundo monarca francés de la dinastía de los Capetos, y su esposa Helia de Samur. Esta última era, a su vez, hermana del abad Hugo de Cluny, con cuya poderosa abadía Alfonso pretendía estrechar lazos al desposar a Constanza.
Parece ser que quedó tutelada por Pedro Ansúrez, y se conocen dos de sus maestros durante la infancia, el presbítero Pedro, que la acompañó a Galicia tras su matrimonio, y Domingo Flacóniz.
Primera hija del rey Alfonso VI de León y de su segunda esposa Constanza de Borgoña, el nacimiento de su medio hermano Sancho en 1093 la apartó de la línea sucesoria al trono de su padre. Ese mismo año falleció su madre, la reina Constanza.
Poco antes de febrero de 1093, Urraca contrajo matrimonio con Raimundo de Borgoña, un noble borgoñón que llegó a León tras la batalla de Sagrajas respondiendo al llamamiento que Alfonso VI realizó a la cristiandad europea con la intención de organizar una cruzada contra los almorávides que asolaban sus reinos. Se cree que llegó a la península en 1086 o 1087, en el séquito de su cuñado el duque Eudes, cuyo intento de apoderarse de Tudela fracasó. Tras el fallido cerco, los borgoñones acudieron a León a visitar a la reina —tía de Eudes— y casi de inmediato Urraca fue prometida a Raimundo y puede que incluso desposada con él, pese a que apenas contaba con ocho años y era demasiado joven para contraer matrimonio según el derecho canónico. Urraca, condesa consorte de Galicia, gobernaba junto con su marido toda la costa atlántica peninsular, desde la frontera con los territorios musulmanes del sur hasta la costa cantábrica gallega.
El matrimonio tuvo dos hijos: Sancha y Alfonso. Se desconoce el año de nacimiento de la primera, que fue anterior a 1095, y el segundo nació en 1105. Alfonso Raimúndez quedó encomendado a Pedro Froilaz y su esposa para su educación. De la educación de Sancha se encargó, por su parte, Elvira, la tía de Urraca, hermana de Alfonso VI.
En 1096, a raíz del matrimonio de otra de las hijas de Alfonso VI, Teresa de León, con Enrique de Borgoña, el monarca dividió Galicia en dos: el Reino de Galicia fue concedido a Urraca y Raimundo, y por otro lado, el condado Portucalense, que comprendía las tierras entre los ríos Duero y Miño, correspondió como dote a Teresa y Enrique y que con el tiempo daría lugar al reino independiente de Portugal.
Raimundo falleció en Grajal, en presencia de su esposa, el obispo de Santiago y el rey en septiembre de 1107. Urraca sucedió a su difunto esposo en el señorío del oeste del reino leonés. Sus tierras abarcaban Galicia, la comarca de Zamora y el suroeste de León, incluyendo Coria, Salamanca y Ávila. Para entonces era una mujer de veintisiete años con dos hijos (Sancha y Alfonso) y posiblemente otros siete embarazos fallidos. Hasta entonces parece que había tenido una posición subalterna, a la sombra de su marido; al fallecimiento de este, pasó a desempeñar un papel principal en la política regional que ya nunca perdió.
Se cree que acompañó el cadáver de su marido a Santiago de Compostela, en cuya nueva catedral románica fue inhumado, y que permaneció en Galicia, probablemente con el fin de asegurarse el dominio de esta. Urraca mantuvo el señorío de Galicia, a condición de permanecer soltera; en caso de casarse nuevamente, el gobierno de la región pasaría a su hijo Alfonso, hijo de su difunto primer marido.
El 30 de mayo de 1108, falleció su hermano Sancho en la batalla de Uclés, en la que obtuvieron la victoria los almorávides. por lo que Urraca acudiría a Segovia junto a los refuerzos gallegos que debían auxiliar al rey en la defensa de la frontera meridional del reino tras el descalabro de Uclés a principios de julio de 1108. La muerte del único descendiente varón de Alfonso VI convirtió a Urraca, que había enviudado en septiembre del año anterior, en la candidata mejor situada para suceder a su padre. En la situación de incertidumbre generada por la sucesión, surgieron varios candidatos para desposar a la heredera al trono, entre los que destacaban el conde Gómez González, antiguo alférez del rey y preferido por parte de la nobleza y el clero— y el conde Pedro González de Lara. Alfonso VI, temiendo que las rivalidades que existían entre los nobles castellanos y leoneses se incrementaran por este motivo, decidió casar a Urraca con el rey aragonés Alfonso el Batallador. Según parece Alfonso VI reunió en Toledo a los nobles del reino y les comunicó la sucesión y el matrimonio de Urraca. El autor de la Primera Crónica de Sahagún, que estuvo presente cuando falleció Alfonso VI, sin embargo, dice que no fue el rey quien decidió que Urraca contrajera matrimonio con el Batallador, sino que «ya enterrado el dicho rey, juntáronsen los nobles y los condes de la tierra y fueron a su hija Urraca diciéndole: No podrás gobernar bien el reino si no tomares marido, por lo que te aconsejamos que te cases con el rey de Aragón, al cual todos obedeceremos, porque él viene de generación real»
El matrimonio se celebró en septiembre o más probablemente octubre de 1109 en el castillo de Monzón de Campos, con el alcaide de la fortaleza, Pedro Ansúrez, apadrinando el enlace. La nobleza y el clero que habían asistido al entierro de Alfonso —fallecido el 1 de julio— decidieron cumplir los deseos de desposar a la nueva reina con el monarca aragonés, pese a la oposición de esta y al escaso entusiasmo por la boda.
Según el acuerdo matrimonial, Alfonso cedía amplias tierras a su esposa y se comprometía a no abandonarla por excomunión o por consanguinidad. Si nacía algún vástago del matrimonio, este heredaría las tierras del padre, pero, si no era así, Urraca y sus hijos se harían con las tierras de Alfonso cuando este falleciese. En caso de que fuese Urraca la primera en morir, sus tierras las heredarían conjuntamente Alfonso y los hijos que pudiesen tener en común. Si no tenían descendencia conjunta, Alfonso disfrutaría vitaliciamente de las tierras de su esposa en usufructo, que al fallecer él pasarían a Alfonso, el hijo que Urraca había tenido en su primer matrimonio. En conjunto, las estipulaciones eran generosas para con la reina leonesa. Tras el desposorio, la pareja viajó a Aragón.