La Universidad de Guadalajara (UdeG) es una institución pública de educación media superior y superior que tiene su sede en la Zona Metropolitana de Guadalajara, México. Cronológicamente, y de acuerdo con su fecha de fundación, es la tercera universidad más antigua de México, tras las actuales UNAM y UADY.
Desde 1994, la Universidad ha adoptado un modelo de red que estructura sus actividades académicas. Esta Red Universitaria comprende 15 centros universitarios, un Sistema de Universidad Virtual, un Sistema de Educación Media Superior y la Administración General de la institución.
En el ciclo académico 2021-2022, la matrícula total de la Red Universitaria alcanza los 310 000 estudiantes, abarcando tanto el Nivel Superior como el Nivel Medio Superior.
La Real Universidad (1791–1821)
El primero en solicitar la creación de una universidad en Guadalajara fue el obispo fray Felipe Galindo y Chávez al rey Carlos II de España. Sin embargo, fue solo después de la expulsión de los jesuitas cuando la necesidad de una universidad en la región de la Nueva Galicia se hizo apremiante; esto era debido a que la Compañía de Jesús administraba los dos colegios más importantes de la ciudad.
En 1775 el fray respondió a una cédula real del rey Carlos III de España. Tras la respuesta del obispo el rey Carlos IV promulgó una cédula real donde se declaraba la fundación de la "Real Universidad de Guadalajara".
Extracto de dicha cédula real:
Esta cédula arribó a las autoridades de la Nueva Galicia el 26 de marzo de 1792, quienes procedieron a hacer un festejo en la ciudad y a realizar apresuradamente los trabajos de remozamiento del citado Colegio de Santo Tomás; así, la Real Universidad de Guadalajara se inauguró el 3 de noviembre del mismo año. Académicamente la Universidad estaba integrada por las Facultades de Artes, Teología, Derecho y Medicina.
La confrontación de la universidad y el Instituto de Ciencias (1821-1861)
Durante el siglo XIX, la educación superior en Jalisco, particularmente en la Universidad de Guadalajara, experimentó varios cambios impulsados por las transiciones políticas y las tensiones entre facciones liberales y conservadoras. Después de que México lograra la independencia, la Universidad se sometió a diferentes regímenes, pasando de ser real a imperial y, finalmente, nacional.
Varios rectores notables lideraron la Universidad durante estos años tumultuosos, destacando a Diego Aranda y Carpinteiro, quien tuvo un papel destacado en la Universidad, y también contribuyó a la construcción de las torres de la catedral de Guadalajara y completó el Hospicio Cabañas.
A lo largo del siglo XIX, la Universidad fue clausurada y restaurada en varias ocasiones debido a decisiones gubernamentales. Estas decisiones a menudo estaban influenciadas por los acontecimientos nacionales, como la Guerra de Reforma y el Plan de Ayutla. La Universidad y el Instituto de Ciencias alternaron en su existencia, siendo suprimidos y restablecidos según las orientaciones políticas del momento.
A pesar de estos desafíos, la Universidad de Guadalajara e Instituto de Ciencias produjeron numerosos individuos destacados en diversas áreas, desde la medicina y la ley hasta la literatura y la arquitectura. Personalidades como José María Vigil, Dionisio Rodríguez y Manuel Gómez Ibarra son solo algunos ejemplos de los talentos que emergieron de esta época.
Las tensiones entre los liberales y los conservadores también afectaron a la Universidad. Las Leyes de Reforma, que buscaban separar la Iglesia del Estado, provocaron protestas dentro del Claustro de la Universidad. A pesar de estas dificultades, la Universidad continuó siendo una institución de importancia, aunque tuvo que enfrentarse a la falta de fondos, la pérdida de edificios y la adaptación constante a las cambiantes realidades políticas de México.
El interregno universitario (1861-1925)
A pesar de la supervisión gubernamental, muchas instituciones educativas, como las Escuelas de Medicina, Jurisprudencia e Ingeniería y los Liceos, sufrieron deterioro en su calidad educativa debido a la falta de apoyo gubernamental. Este declive académico se vio exacerbado por la llegada de profesores y políticos que carecían de conocimientos básicos sobre lo que enseñaban.
Como respuesta a esta crisis educativa, emergió un fuerte movimiento hacia la educación privada en Guadalajara. Se crearon nuevas instituciones, como la Escuela Libre de Ingenieros y el Liceo Católico, y regresaron órdenes religiosas, como los jesuitas, para fundar instituciones educativas.
A pesar de los desafíos y carencias que enfrentó el sistema educativo durante este período, Jalisco produjo una notable generación de "universitarios sin universidad". Estos individuos, a pesar de la ausencia de una infraestructura universitaria formal, destacaron en diversas áreas, desde las leyes y la medicina hasta las artes y la arquitectura. Entre ellos estuvieron luminarias como Luis Barragán, el arquitecto ganador del Premio Pritzker, y Mariano Azuela, autor de la emblemática novela "Los de abajo".