La Unión de Kalmar es el nombre del Estado dinástico nórdico surgido a raíz de la fusión de las tres monarquías nórdicas (Dinamarca, Suecia y Noruega) en una misma persona, la reina Margarita I de Dinamarca, reina de Noruega y Dinamarca en 1387, y designada como reina de Suecia en 1397. La Unión de Kalmar llegó a abarcar en superficie un total de aproximadamente 3 000 000 km².
Los reinos escandinavos intentaron en diversas ocasiones, a lo largo del siglo xiv, llegar a la unidad política mediante enlaces matrimoniales. La primera Unión se logró en 1319 entre noruegos y suecos. Más tarde los tres reinos formarían parte de la Unión con el matrimonio en 1363 entre Margarita de Dinamarca y Haakon VI de Noruega, por aquel entonces también rey de Suecia.
De esta forma, se originó un gran reino nórdico que englobaba no solo los actuales reinos que lo formaban, sino además sus territorios dependientes, como Groenlandia, Islandia, las Islas Feroe (entonces dependientes de Noruega) y Finlandia (perteneciente a Suecia).
Sin embargo, el reino nórdico no llegó a consolidarse debido al recelo de la aristocracia sueca hacia Dinamarca, que ejercía de potencia dominante dentro de la Unión. Tras varias revueltas de los suecos (en 1444-1446, en 1464 y la definitiva revuelta de 1521), la Unión se disolvió en 1523 con la elección de Gustavo Vasa como rey de Suecia. Dinamarca y Noruega, por su parte, permanecieron unidas hasta 1814.
El proceso que culminaría con la unión de Kalmar comenzó con el rey danés Valdemar IV Atterdag, quien al verse tan solo con dos hijas mujeres y ningún heredero varón tras la muerte de su hijo Cristóbal en 1363 (durante la guerra danesa-hanseática), comenzó una política matrimonial para asegurar las posiciones de sus hijas en el reino, así, Margarita Valdemarsdotter, su hija pequeña, se casa cuando ella tenía diez años con Haakon VI.
En el año 1370, Margarita tiene a su único hijo, Olaf. Al morir Valdemar IV de Dinamarca en 1375, Olaf sucedía al año siguiente a su abuelo en el trono danés, pero por la pronta edad de este, que tenía seis años en ese momento, su madre Margarita ejerció la regencia en el reino danés. En 1380 moriría también Haakon VI, lo que dejaba a Margarita viuda y a Olaf como rey de Noruega, aunque al continuar siendo demasiado joven (diez años contaba en esta ocasión), Margarita asumió la regencia de este nuevo reino. Los reinos de Noruega y Dinamarca, con el apoyo de la Liga Hanseática, quedaban entonces unidos bajo el reinado de Olaf y la regencia de su madre
En 1387, la muerte prematura del joven Olaf, quien tan solo tenía diecisiete años, desemboca en una situación tensa en ambos países que quedan sin gobernantes. Tras una semana, Dinamarca, en honor a la regencia que había ejercido Margarita, la escoge como su reina soberana, a los meses, en 1388, los noruegos hacían lo mismo.
Al verse con las dos coronas por derecho propio, Margarita no dudó en reclamar para su persona el reino de Suecia, del cual tenía derechos, ya que lo había administrado como reina consorte cuando se casó con Haakon VI (quien era correy de Suecia). Por tanto, desafió al usurpador Alberto III de Mecklemburgo, quien había llegado al trono sueco. Apoyada por buena parte de la nobleza local, Margarita venció a Alberto en la batalla de Alse, en el actual municipio sueco de Falköping, el 24 de febrero de 1389.
Ocho años más tarde de aquel suceso, el 20 de julio de 1397, el poder de la reina Margarita sobre los tres países se afianzó con la Unión de Kalmar, por la cual los consejos de cada reino firmaban esa acta de unión en la cual se plasmaba la unidad de los tres reinos.
Tras la firma del acta que constituyó la Unión de Kalmar, Margarita comenzó a gobernar sobre Escandinavia al estilo de otros gobernantes europeos, intentando imitar las políticas centralistas que se comenzaban a dar en otros estados.
Esta realidad produjo una situación de relativa paz entre los estados escandinavos, muy acostumbrados a mantener luchas entre sí. Esto permitió bajar el gasto militar de los monarcas, al tiempo que seguían pudiendo desplegar una fuerza de tamaño considerable contra sus enemigos, como en el caso de la campaña militar de Margarita contra el condado de Holstein de cara a conseguir el ducado de Schleswig.
Otra de las pretensiones de Margarita fue la isla de Gotland, que fue ocupada por miembros de la Orden Livona, y más tarde pasó a manos de la Orden Teutónica, la cual mantenía varios territorios previos de Dinamarca que les fueron vendidos por el padre de Margarita. Ella consiguió hacer un trato de compra a la Orden de los teutones para la isla de Gotland, la cual engrosó los territorios daneses ya en el reinado de Erico de Pomerania, dato que a Suecia, a quien pertenecía tradicionalmente la isla, no sentó muy bien.
Margarita no se volvió a desposar, por lo que no volvió a tener descendencia que pudiese heredar su vasto reino. Debido a ello, decidió nombrar a un sucesor en vida para salvaguardar a la Unión de Kalmar de una posible guerra intestina para decidir sus sucesor posteriormente a su muerte.
Por esa razón, el 17 de junio de 1397 nombró a Erico de Pomerania como nuevo rey de Kalmar, si bien no abandonó su trono hasta la fecha de su fallecimiento, el 28 de octubre de 1412, cuando tenía 55 años y estaba en medio de su campaña contra Holstein.
En 1412 llegó Erico a los tronos danés, noruego y sueco, tras lo cual continuó la campaña contra el Condado de Holstein. Fue aquí donde demostró estar lejos de la capacidad de su predecesora en el cargo, pues la campaña dañó la economía de Kalmar sin que esto se tradujese en la incorporación de nuevos territorios a la corona.
Diplomáticamente sí demostró ser más habilidoso, consiguiendo que en 1424 un decreto imperial lo reconociese soberano de toda la península de Jutlandia, si bien el condado de Holstein jamás aceptó el decreto ni lo reconoció, por lo que le quedó como un simple honor sobre el papel que jamás se dio en la práctica.
Tras el decreto imperial, tomó algunas decisiones de gran relevancia para Dinamarca, su reino de Kalmar favorito, como el establecimiento de peajes en el estrecho de Oresund, que sirvió para sanear las cuentas reales de Dinamarca y la adhesión de la ciudad de Copenhague en las pertenencias danesas, lo que años más tarde será decisivo para establecer dicha ciudad como capital danesa.
Tras estas muestras de genio diplomático, volvió a demostrar sus pocas habilidades militares enfrentándose navalmente a la Liga Hanseática para establecer la potencia naval vikinga sobre el mar Báltico. No consiguió ese objetivo, dejando en el camino la flota danesa destrozada al igual que su economía nuevamente puesta en crisis, aunque esta vez la economía de Suecia también se puso en crisis debido a tener que depender de ella en las últimas etapas de la guerra.