El travestismo, transvestismo, o trasvestismo, es la práctica de vestirse de una manera tradicionalmente asociada con un género diferente. A diferencia de lo que se suele pensar, el travestismo no está estrictamente ligado a la identidad de género u orientación sexual, ya que también puede practicarse por motivos ceremoniales o artísticos, como es el caso del transformismo.
A la persona que practica el travestismo se le refiere, de manera general, como travesti (también travestí), travestido, transvesti, trasvesti,trasvestista, travestista, o transformista (también trasformista).
En sus inicios, fue un marco conceptual medicalizado que se utilizó principalmente a finales del siglo XIX y principios del XX para clasificar y explicar diversas formas de expresión y expresiones de género no conforme.
A mediados del siglo XX, el travestismo estaba clasificado como un trastorno psiquiátrico en los manuales de diagnóstico. A medida que evolucionaron los conocimientos médicos y sociales sobre la variación de género e identidad de género, el término se fue quedando cada vez más obsoleto, estigmatizado y, en gran medida, fue sustituido por otros términos. En su lugar, surgieron varios términos más específicos, incluido el término neutral y no medicalizado travestismo o crossdressing para referirse al comportamiento de elección de vestimenta, junto con términos clínicos como fetichismo travesti, que se mantuvieron para diagnósticos psiquiátricos definidos de forma estricta.
La palabra travestismo, o travestimiento, es una alteración o adaptación hispana de la palabra «transvestite». La palabra «transvestite» fue acuñada por el médico, sexólogo y activista alemán Magnus Hirschfeld, quien la incluyó por primera vez en su obra de 1910, Die Transvestiten: eine Untersuchung über den erotischen Verkleidungstrieb (Los travestidos: una investigación del deseo erótico por disfrazarse). Etimológicamente, la palabra proviene del latín «trans», ‘cruzar’ o ‘sobrepasar’, y «vestite», «vestire» o «vestitus», ‘vestir’. El término sirvió para describir a personas que voluntariamente utilizaban vestimentas socialmente asignadas al sexo opuesto.
En idioma español existe un término semejante anterior, empleado para referirse a un hombre disfrazado. En La Guerra de Chile, un poema épico anónimo de principios delsiglo XVII, se relata que una mujer mapuche fue a visitar a su marido, preso de los conquistadores españoles, y que se intercambiaron ropas: él quedó como otro Aquiles trasvestido y de este modo consiguió escapar mientras su mujer quedaba prisionera.
De acuerdo con la Ley 26.743 de Identidad de Género argentina: «Esto puede involucrar la modificación de la apariencia o la función corporal a través de medios farmacológicos, quirúrgicos o de otra índole, siempre que ello sea libremente escogido. También incluye otras expresiones de género, como la vestimenta, el modo de hablar y los modales».
El término ya existía en inglés (travesty) antes de su establecimiento para referirse a este tipo de comportamiento, pero se utilizaba para referirse al subgénero dramático del burlesque victoriano, el travesty (posible origen etimológico italiano o francés). El travesty es un tipo de burlesque que ridiculiza de manera trivial o cruda los temas socialmente dignificados. En las representaciones dramáticas del travesty era común la ridiculización de los preceptos de la etiqueta social y el comportamiento de la aristocracia, por lo que frecuentemente se recurría al cross-dressing y al drag para lograr una completa sátira del tema.
Antes del establecimiento del término se utilizaban otros similares para referirse al cisgénero discordante presente en las personas. Entre los más comunes se encontraban los términos utilizados como peyorativos que referían al afeminamiento o la masculinización y otros términos como: ginomanía, andromanía, fetichismo de afeminamiento/fetichismo de masculinización y hermafroditismo físico.
El término travesti se usaba históricamente para diagnosticar trastornos médicos, incluidos los trastornos de salud mental, y el travestismo se consideraba un trastorno, mientras que el término crossdresser fue acuñado por la comunidad trans.
En la actualidad el término travesti se considera comúnmente obsoleto y despectivo, utilizándose el término crossdresser o transformista como un reemplazo más apropiado.Sin embargo, hay países hispanohablantes, especialmente los del sur global, que siguen utilizando el término travesti en referencia a las personas transgénero.
En algunos casos, el término travesti se considera más apropiado para ser usado por miembros de la comunidad trans en lugar de por aquellos fuera de la comunidad trans, y algunos han reivindicado la palabra.
El travestismo y otras identidades transgénero (cross-dressing y drag) han estado presentes en diferentes aspectos mitológicos en diferentes culturas antiguas. Un ejemplo de la cultura griega cuenta la anécdota en la que Tetis, madre de Aquiles, escondió a su hijo vistiéndolo de mujer para evitar que fuese llevado por Odiseo a la guerra de Troya.
El travestismo también se presenta en diversos relatos folklóricos como Hua Mulan, balada china que cuenta la historia de una joven que se enrola en el ejército haciéndose pasar por hombre.
El uso de ropa típica del sexo opuesto se menciona en la Biblia hebrea.
Existen diferentes personajes históricos que han transgredido las normas sociales convencionales al recurrir al cross-dressing y al travestismo. Una historia (legendaria) cuenta el proceso en el que una mujer, la Papisa Juana, se convierte en el primer pontífice femenino cuando engaña a la iglesia al disfrazarse de hombre para ser electa para el Papado.
En tiempos de la Edad Media y la Edad Moderna existieron otros personajes que recurrieron al travestismo para evadir las normas sociales como Juana de Arco y Catalina de Erauso. Juana de Arco fue la primera líder militar femenina en Francia en la guerra de los Cien Años y fue ejecutada por un tribunal católico, que declaró que merecía la hoguera por herejía y por haber tomado un papel exclusivamente masculino.
En el caso de Catalina de Erauso, se disfrazó de hombre para escapar de un convento, luego se convirtió en soldado en la guerra de Arauco y tuvo una vida aventurera en América. El rey Felipe IV la llamó "monja alférez" y le permitió que siguiera usando un nombre masculino, mientras que el papa Urbano VIII le permitió que continuara utilizando prendas masculinas como dispensa excepcional. Estos sucesos eran muy poco usuales en el siglo XVII.