El Tratado de Asunción del 26 de marzo de 1991 es un acuerdo firmado entre Paraguay, Argentina, Brasil y Uruguay, en Asunción, la capital del Paraguay, por lo que lleva su nombre. A partir de la firma del mismo, se crea el Mercosur.
Finalizada la Segunda Guerra Mundial (1945), el mundo quedó enmarcado en el contexto de la Guerra Fría, con dos bloques enfrentados: el bloque occidental liderado por EE. UU. y el bloque soviético liderado por la URSS. América Latina debió adaptarse a esa configuración mundial, en un contexto de negociaciones comerciales internacionales con bajo nivel de apertura (periodo 1950-1980), ausencia de la agricultura en los acuerdos y privilegio de los bienes industriales. Dentro de ese periodo sucedieron dos hechos significativos:
i) Tratado de Roma (que estableció la Comunidad Económica Europea);
ii) Planteo de la renovación de los acuerdos preferenciales intrasudamericanos (en el marco del Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio -GATT-).
A su vez, América Latina tenía su propio contexto político y económico: alternancia de gobiernos democráticos y dictaduras (salvo excepciones) e inestabilidad económica junto a insuficiencia, falta o imperfecta movilidad de factores, sumado a escasa inversión extranjera directa y el problema de las migraciones.
Ese contexto, mundial y local, condujo a América Latina a una dificultad o directamente a una imposibilidad de acordar, entre los países que forman la región, algo profundo y estable, por lo que las iniciativas quedaban en papeles/declaraciones y poco se hacía realidad.
Para intentar solucionar estos problemas, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) recomendó, con base en estudios realizados, la creación de una Zona de Libre Comercio que comprendiera a toda la región, con la idea de llegar a un mercado común.
Así, en 1960, se crea la ALALC (Asociación Latinoamericana de Libre Comercio). El elemento distintivo era la eliminación de aranceles intrazona. El objetivo era lograr un crecimiento sostenido, acumulación de capital, suavizar rigideces de los mercados e ir hacia una mayor apertura, salir de la estrechez de mercados internos y lograr escalas de producción, junto a la deslocalización, complementación y especialización de las cadenas de valor.
En síntesis, las cuatro recomendaciones de la CEPAL fueron:
- Diversificación de la producción.
La ALALC fracasó fundamentalmente porque:
- había muy poca relación previa entre los países de la región, ya que el comercio se realizaba principalmente con EE. UU. y algunos países de Europa;
- no hubo suficiente esfuerzo ni de los países grandes ni de los países chicos para corregir las fuertes asimetrías preexistentes. Una excepción a la promoción del comercio que establecía el GATT, era la posibilidad de formar bloques regionales para no tener que cumplir con la cláusula de nación más favorecida. Esa cláusula, y el fuerte multilateralismo de ALALC, en un contexto de proteccionismo, en el que no se vieron reflejadas las expectativas de los países de menor desarrollo económico relativo, propiciaron el fin de la Asociación y su sucesión por la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI).
Así, en los ´80 es cuando se pasa del "Viejo Regionalismo" regulado por la ALALC, al "Nuevo Regionalismo" regulado por la ALADI.
Viejo regionalismo: En 1959, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, dirigida en ese momento por Raúl Prebisch, incorpora el regionalismo como modelo económico de sustitución de importaciones. La tesis era que en la medida en que crece el ingreso, la proporción de la demanda de bienes primarios tiende a declinar, mientras que las importaciones industriales muestran un comportamiento inelástico. Por ello la CEPAL consideró que lo mejor para América Latina en lo que respecta a la solución a sus problemas económicos era la industrialización porque con el tiempo se observaba un deterioro de los términos de intercambio.
Nuevo regionalismo: se llama así al conjunto de iniciativas políticas, las cuales proliferaron desde finales de los años ochenta con miras a la creación o reactivación de mecanismos de integración económica regional. Ese regionalismo fue consecuencia de un proceso que se venía dando en la realidad de las relaciones económicas internacionales de América Latina, a partir de la liberalización gradual y progresiva de las economías, bajo la predominancia de los modelos neoliberales. Los factores mundiales son la globalización económica y el fin de la guerra fría. La globalización económica y algunos de los factores que la determinan (tales como el cambio tecnológico, las políticas estatales pro mercado, las nuevas dinámicas económicas) fomentan los proyectos regionales que surgen durante los años ochenta y noventa.
En el marco de ese nuevo regionalismo, en 1980, se firmó el Tratado de Montevideo entre los gobiernos de la República Argentina, de la República de Bolivia, de la República Federativa del Brasil, de la República de Colombia, de la República de Chile, de la República del Ecuador, de los Estados Unidos Mexicanos, de la República del Paraguay, de la República del Perú, de la República Oriental del Uruguay y de la República de Venezuela. En el mismo, se instituyó la ALADI.
Ese Tratado menciona entre sus considerandos que: