El trastorno por déficit de atención con hiperactividad (conocido por sus siglas, TDAH) es un trastorno del neurodesarrollo. Se diagnostica frecuentemente en la infancia y suele persistir en la edad adulta. Se caracteriza por inatención (fallos en la regulación de la atención, distracción o períodos de atención breve o excesiva), hiperactividad (inquietud principalmente mental, no en todos los subtipos) y comportamiento impulsivo (conductas impulsivas, incluyendo la inquietud motora o la hiperactividad cognitiva) que produce dificultades en múltiples áreas de funcionamiento, dificultando el desarrollo social, emocional y cognitivo de la persona que lo vive. Una característica común, y que parece ser contraria al nombre del trastorno, es la capacidad de hiperfoco o hiperconcentración, debido a que las personas con TDAH poseen una atención ligada a factores motivacionales, no conscientes, y pueden prestar atención excesiva a aquello que les proporciona recompensa inmediata.
Tiene una respuesta muy alta al tratamiento en el corto plazo, aunque existe debate en cuanto a los beneficios terapéuticos en el largo plazo.
Suele acompañarse de tasas elevadas de comorbilidad, de tal modo que es más habitual encontrar en la misma persona más de un trastorno que formas puras del mismo. Se puede asociar con el trastorno negativista desafiante y otros trastornos del comportamiento, así como con trastornos del estado de ánimo, trastorno de disregulación disruptiva del estado de ánimo, ansiedad, trastornos del espectro autista o trastorno del desarrollo del aprendizajeEn la edad adulta son frecuentes, además de los anteriores, los trastornos por consumo de sustancias y los trastornos de personalidad.
Históricamente, este trastorno ha recibido distintas denominaciones, aunque ya algunas de las primeras descripciones y explicaciones teóricas mostraban gran similitud con lo que actualmente denominamos TDAH. La denominación actual ha sido cuestionada y se ha intentado cambiarla numerosas veces, ya que contribuye al estereotipo de que las personas que lo padecen no pueden prestar atención (o pueden prestar menos atención) y/o son inevitablemente hiperquinéticas. La dificultad atencional en TDAH es de regulación (dirigir la atención a voluntad), no de capacidad, y la hiperactividad mental es más frecuente que la física.
Según el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-IV): «Habitualmente, los síntomas empeoran en las situaciones que exigen una atención o un esfuerzo mental sostenidos o que carecen de atractivo o novedad intrínsecos (p. ej., escuchar al maestro en clase, hacer los deberes, escuchar o leer textos largos que no son de sus gustos, o trabajar en tareas monótonas o repetitivas)».
Con la publicación de la versión más reciente del Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-5) se introduce un cambio con respecto al límite de la edad de inicio de los síntomas de inatención o hiperactivo-impulsivos, que se retrasa de los 7 años (en el DSM-IV) a los 12 años (en el DSM-5).
Sir Alexander Crichton describe la «inquietud mental» en su libro Una investigación sobre la naturaleza y el origen del trastorno mental escrito en 1798. Hizo observaciones sobre los niños que mostraban signos de falta de atención y que tenían «inquietudes». La primera descripción clara del TDAH se le atribuye a George Still en 1902 durante una serie de conferencias que dio en el Royal College of Physicians de Londres. Señaló que tanto la naturaleza como la crianza podrían influir en este trastorno.
Alfred Tredgold propuso una asociación entre daño cerebral y problemas de comportamiento o de aprendizaje que pudo ser validada por la epidemia de encefalitis letárgica desde 1917 hasta 1928.
La terminología usada para describir la condición ha cambiado con el tiempo y ha incluido: en el DSM-I (1952) «disfunción cerebral mínima», en el DSM-II (1968) «reacción hipercinética de la infancia» y en el DSM-III (1980) «trastorno por déficit de atención (ADD) con o sin hiperactividad». En 1987, esto se cambió a TDAH en el DSM-III-R y el DSM-IV en 1994 dividió el diagnóstico en tres subtipos, TDAH tipo desatento, TDAH tipo hiperactivo-impulsivo y TDAH tipo combinado. Con la publicación del DSM-5 en 2013 la denominación pasó a ser de «presentaciones» para reflejar la naturaleza dinámica de la evolución de los síntomas a lo largo del desarrollo. Otros términos han incluido «daño cerebral mínimo» utilizado en la década de 1930.
En 1934, la benzedrina se convirtió en el primer medicamento anfetamínico aprobado para su uso en los Estados Unidos para el tratamiento de esta condición. El metilfenidato se introdujo en la década de 1950 y la dextroanfetamina enantiopura en la de 1970. El uso de estimulantes para tratar el TDAH se describió por primera vez en 1937. Charles Bradley les dio benzedrina a los niños con trastornos del comportamiento y descubrió que mejoraba el rendimiento académico y el comportamiento.
En 1987, el TDAH se dividió en tres subtipos de acuerdo con los datos obtenidos en los estudios de campo llevados a cabo para la validación de los criterios diagnósticos del trastorno en el DSM-IV. Hasta la década de 1990, muchos estudios «implicaban que la red prefrontal-estriatal era más pequeña en los niños con TDAH». Durante este mismo período, se identificó un componente genético y se reconoció que el TDAH era un trastorno persistente a largo plazo que puede perdurar desde la niñez hasta la edad adulta. A fines de la década del '90, un gran número de investigaciones empezaron a relacionar el TDAH con fallos en las funciones ejecutivas y no solamente problemas de atención o de la conducta.
Desde 2013, con la publicación del DSM-5, se consideran tres presentaciones de la sintomatología del TDAH: Presentación predominante hiperactiva/impulsiva, Presentación predominante con falta de atención y Presentación combinada . Las principales diferencias entre la presentación predominantemente inatenta y la predominantemente hiperactivo-impulsiva residen en que la primera se aprecia de forma más notoria en los primeros años de la etapa escolar y se relaciona en mayor medida con el comportamiento disruptivo, mientras que la segunda se prolonga más en el tiempo e interfiere en mayor medida con el desempeño escolar. La presentación combinada conlleva la presencia simultánea de los dos tipos de síntomas.
El factor que afecta a la velocidad de procesamiento de la información se ve reducido en el TDAH inatento. En cambio, la memoria, la capacidad de razonar y la comprensión verbal no difieren significativamente del promedio de la población. Es interesante señalar que es la desatención, característica de la presentación inatenta la que se relaciona con mayores dificultades en la memoria de trabajo, y no la hiperactividad, más relacionada con la presentación hiperactiva-impulsiva del trastorno.
En cuanto al porcentaje de individuos que ostentan cada una de las presentaciones, el TDAH predominantemente hiperactivo-impulsivo es claramente más frecuente en niños y niñas de menor edad, estando bastante parejas las otras dos presentaciones del trastorno. Asimismo, debido a la naturaleza evolutiva de la sintomatología, no es infrecuente que el mismo individuo, a lo largo del desarrollo pueda evolucionar desde una presentación a otra.
La prevalencia mundial estimada del TDAH en niños hasta los 18 años de edad es del 5,29 %. Aunque se registran diferencias en la prevalencia entre diversas áreas geográficas, grupos culturales y niveles socioeconómicos, se ha comprobado que las mismas se relacionan con diferencias en aspectos que inciden en su identificación, como el nivel desarrollo del sistema de salud o el grado de conocimiento del trastorno, asimismo se ha hallado que en diferentes grupos culturales a lo largo del planeta el trastorno mantiene su característica bidimensionalidad en la estructura de su sintomatología. Representa entre el 20 % y el 40 % de las consultas en los servicios de psiquiatría infantojuvenil. Los estudios de seguimiento a largo plazo han demostrado que entre el 60 y el 75 % de los niños con TDAH continúa presentando los síntomas durante la edad adulta. Debido a que el TDAH es considerado un diagnóstico infantil, la población adulta con TDAH se encuentra generalmente infradiagnosticada. Es frecuente que los adultos con TDAH sean tratados por otras condiciones comórbidas habituales, como los trastornos por ansiedad y/o depresión, los trastornos por consumo de sustancias o el trastorno explosivo intermitente.