Tal Día como Hoy

Transatlántico

Tipo de navío

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Un barco transatlántico, o trasatlántico, como su nombre indica, es una nave capaz de cruzar el océano Atlántico,​​ viaje conocido como la «travesía del Atlántico». Los primeros transatlánticos propiamente dichos eran propulsados por motores de vapor y se les conocía con el nombre de «vapores».[cita requerida]

El concepto, en sentido amplio, se contrapone al de «barcos de cabotaje»; es decir, los transatlánticos son cruceros mayores que pueden navegar durante varios días o semanas sin avistar la costa, y ser capaces de atravesar por costumbre mares y océanos,​ con envergaduras descomunales y de similares capacidades para tripulantes. Sus usos generales son para ocio y grandes transportes de objetos materiales y personas (pasajeros).

Durante los años 1960, tras la llegada de los primeros grandes aviones de línea a reacción, como el Boeing 707, se popularizaron y extendieron las líneas aéreas, con lo cual la suerte de las grandes compañías de navegación transatlántica sufrió un durísimo golpe. Muchas se arruinaron y grandes y lujosos buques fueron dedicados al servicio de transbordador o acabaron en el desguace antes de tiempo.

Hoy en día, la mayoría de los buques de tipo transatlántico se utilizan para hacer cruceros turísticos,​ pero también tienen otros usos como el transporte de materiales o comida.

Los transatlánticos fueron el principal modo de transporte intercontinental durante más de un siglo, desde mediados del siglo XIX hasta la década de 1960, cuando comenzaron a ser reemplazados por el uso del avión como medio de transporte. Además de pasajeros, los transatlánticos transportaban correo y carga. Los buques contratados para llevar el correo real británico (Royal Mail) utilizaban el acrónimo RMS en su designación. Los transatlánticos eran también el modo preferido para transportar oro y otras mercancías de alto valor.​

La ruta más transitada por los transatlánticos se encontraba en el Atlántico Norte, con barcos que viajan entre Europa y América del Norte. Fue en esta ruta que los transatlánticos más grandes, rápidos y avanzados prestaban su servicio. Pero mientras que en la imaginación popular contemporánea el término «transatlánticos» evoca estos grandes buques, la mayoría de los transatlánticos históricamente eran barcos de tamaño medio que sirvieron como medio de transporte de pasajeros y mercancías entre las diferentes naciones y entre las metrópolis de origen y sus colonias, en la era previa a los aviones a reacción. Dichas rutas incluían Europa y sus colonias de África y Asia, Europa a América del Sur, y el tráfico de migrantes de Europa a América del Norte durante el siglo XIX y las dos primeras décadas del siglo XX, así como para Canadá y Australia después de la Segunda Guerra Mundial.

Las compañías navieras son empresas dedicadas al transporte de pasajeros y carga, a menudo en rutas y horarios establecidos. Los viajes regulares programados en una determinada ruta son llamados «viajes de línea» y los barcos (pasajeros o de carga) de comercio en dichas rutas sobre la base de un determinado calendario se denominan «navíos de línea» o transatlánticos. El vocablo «transatlántico» ha llegado a ser utilizado de forma intercambiable con «barco de pasajeros», aunque puede referirse a un buque de carga o mixto (de pasajeros y carga).

Con el advenimiento de la era del avión a reacción, con la que el servicio de barcos transoceánicos comenzó un marcado declive, tuvo lugar una transición gradual de los buques de pasaje como medio de transporte hacia buques de cruceros, que sigue en la actualidad.​ Para que los transatlánticos pudieran seguir siendo rentables, las compañías de cruceros modificaron algunos de sus buques para operar en las rutas de cruceros, como el RMS Queen Elizabeth 2 o el SS France. Ciertas características de los transatlánticos de más edad hicieron que fueran inadecuados para su uso en cruceros, tales como el alto consumo de combustible, el calado que les impedía entrar en los puertos de poca profundidad, y camarotes (a menudo sin ventanas) diseñados para maximizar el número de pasajeros en lugar de la comodidad.

Los barcos italianos Michelangelo y Raffaello, los últimos buques construidos específicamente para su uso en la travesía del Atlántico, no pudieron ser reconvertidos de forma económica y protagonizaron breves carreras.​

En los viajes de los siglos XVII y XVIII y según el historiador David Cressy, un viaje típico de Inglaterra a Virginia o Nueva Inglaterra podía durar entre 6 y 8 semanas.​

También hay registros históricos de los largos viajes de hasta 3 meses de Europa hacia América del norte como el Mayflower (1620) que salió de Plymouth (Inglaterra) el 16 de septiembre de 1620 y llegó a Cabo Cod (Massachusetts) el 21 de noviembre de 1620. (66 días). También famosos son los viajes de Cristóbal Colón, que salió de Palos de la Frontera el 3 de agosto de 1492, llegó a Guanahani (Bahamas) el 12 de octubre de 1492 en 2 meses y 9 días.

Del clíper al barco de vapor (1800-1838)

Los primeros transatlánticos aparecieron a mediados del siglo XVII. Estos barcos eran responsables de transportar el correo entre Gran Bretaña y el continente americano. A veces llevaban a bordo algunos viajeros. Por entonces, la armada británica era la más poderosa en el mundo. Operaba muchas rutas comerciales de todo el mundo para importar materias exóticas.​ El Mar del Norte y el Mar Báltico también se convierten en rutas comerciales mayores.​ Sin embargo, durante la primera mitad del siglo XIX, el servicio de barcos postales desapareció en favor del transatlántico.

A principios del siglo XIX, la revolución industrial y el crecimiento del comercio intercontinental —a través, en particular, de las colonias— hace imperativo el desarrollo de rutas seguras entre ellas y la metrópoli. La más importante de las potencias coloniales, Gran Bretaña necesitaba rutas estables para conectar las diferentes partes de su imperio: el Lejano Oriente, India, Australia, etc. Desde el siglo XVIII las grandes potencias marítimas están en equilibrio, y el sueño del neerlandés Hugo Grocio de que los océanos pertenezcan a todos se materializa.​ El nacimiento del concepto de "aguas internacionales", y la ausencia de reivindicación posterior simplifica la navegación. El comienzo del siglo XIX es la época de los clípers, veleros de gran alcance, a veces capaces de alcanzar velocidades superiores a 20 nudos. Estos barcos de larga distancia proceden principalmente de los Estados Unidos y enlazan muchas rutas; podían unir Macao y Nueva York en 70 días.​

A partir de 1818, la naviera Black Ball Line ofreció el primer servicio regular de pasajeros desde el Reino Unido hasta los Estados Unidos con una flota de barcos de vela, poniendo énfasis en la comodidad de los pasajeros. Rápidamente, numerosas compañías siguieron su ejemplo ofreciendo sus servicios en todo el mundo.​

Desde principios del siglo XIX, las máquinas de vapor comenzaron a aparecer en los barcos, pero en un principio eran ineficientes y ofrecen pocas ventajas respecto a los barcos de vela. En 1807, el ingeniero estadounidense Robert Fulton construyó el primer barco impulsado por esta tecnología, el Clermont, que logra unir Nueva York y Albany en treinta horas, antes de iniciar un servicio regular entre los dos ciudades.​ Otros barcos incorporaron rápidamente esta innovación. En 1816, el Elise fue el primer barco de vapor en cruzar el canal de la Mancha.​ En 1819 se produjo un nuevo desarrollo importante: el Savannah se convirtió en el primer buque de vapor en cruzar el océano Atlántico. Partiendo de la ciudad del mismo nombre, arribó al puerto de Liverpool en 27 días. Sin embargo, el cruce se realizó principalmente a vela mientras que el vapor solo se empleó no más de 72 horas durante el viaje.​ La respuesta del público a esta nueva tecnología se redujo y de los 32 pasajeros que habían reservado un lugar a bordo, ninguno abordó el Savannah.​ En ese momento, la navegación a vapor todavía no convencía a los profesionales, que lo veían más como una curiosidad, hasta el punto de que en 1820, el dueño del Savannah se deshizo de la máquina de vapor instalada en su barco.​

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