Tal Día como Hoy

Trípoli

Capital de Libia

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Trípoli (en árabe طرابلس, Ṭarābulus) es la capital y la ciudad más poblada de Libia. Es, además, la sede del Gobierno central y la administración. Tiene una población de cerca de 1 690 000 habitantes y está situada en el noroeste del país, en la costa mediterránea. Trípoli fue fundada en el siglo VII a. C. por los fenicios, quienes la llamaron Oea. Más tarde, con la llegada de los romanos, la ciudad adquirió el estatus de ciudad romana más importante del continente africano.​ Por la ciudad fueron pasando cronológica e históricamente, además de los bereberes autóctonos del territorio, vándalos, bizantinos, árabes, españoles, turcos e italianos. Durante el dominio colonial italiano (1911 - 1941), la ciudad fue hecha capital del recién creado estado de Libia. El país logró la independencia en 1951.

El puerto de Trípoli es el principal del país y la ciudad es centro comercial y manufacturero de este. Sede de la Universidad de Al-Fateh, Trípoli era una de las ciudades más modernas, ricas y con un mayor nivel de vida de África antes de la guerra de 2011 contra el coronel Gadafi.

En español se conoce a la ciudad como Trípoli, aunque también puede aparecer referida como Trípoli de Occidente, para diferenciarla de la ciudad libanesa homónima. En árabe el nombre es طرابلس (Ṭarābulus), o también طرابلس الغرب (Ṭarābulus al-Garb).

Antiguamente era conocida en latín como Oea. Etimológicamente, el nombre deriva del griego (Τρίπολη) Tri polis, tres ciudades.

Trípoli fue fundada en el siglo VII a. C. por los fenicios, que la llamaban Oea. Luego pasó a manos de los Barca, que después se convertirían en los líderes de la civilización de Cartago. Una vez victoriosos en las guerras púnicas, la conquistaron los romanos y la hicieron parte de su provincia de África y le dieron el nombre de Regio Syrtica. A comienzos del siglo III, se hizo conocida como Regio Tripolitana, que significa "región de las tres ciudades", es decir, Oea (la moderna Trípoli), Sabratha y Leptis Magna. Probablemente fue elevada al rango de provincia por Septimio Severo, que era un nativo de Leptis Magna.

A pesar de siglos de dominio romano, los únicos restos romanos visibles son columnas dispersas y capiteles, con una sola edificación romana bien conservada: el arco de Marco Aurelio del siglo II. El hecho de que Trípoli haya estado habitada continuamente, a diferencia de Sabratha y Leptis Magna, ha significado que los habitantes han utilizado el material de los edificios antiguos, destruyendo estos edificios en el proceso o incorporando en la parte superior de ellos, enterrándolos bajo las calles, donde permanecen en gran medida sin excavar. Hay pruebas que sugieren que la región Tripolitania sufrió un declive económico durante los siglos V y VI, en parte debido a la propagación de los disturbios políticos en todo el mundo mediterráneo a raíz de la caída del Imperio romano, así como a la presión de los invasores vándalos.

La expansión árabe y el asentamiento del Islam

Finalmente Trípoli fue conquistada por los árabes musulmanes a mediados del siglo VII, en la primera fase de sus campañas del norte de África. El dominio árabe se implantó en la Región Tripolitana a través de las campañas del general árabe Amr ibn al-As y su lugarteniente Uqba ibn Nafi hacia los años 642-644. Tras la conquista, diversas tribus árabes pasaron por la región y por su parte las antiguas poblaciones romanizadas o bereberes se islamizaron con relativa rapidez. En los primeros años tras la conquista, los árabes no prestaron mucha atención a la región de Tripolitania, que apenas tiene historia propia en este periodo.

Durante la Edad Media, Trípoli fue gobernada principalmente como parte de Ifriquiya, primero por los fihríes, descendientes del conquistador Uqba ibn Nafi al Fihri, y después por los muhallábidas (768 a 795).

Posteriormente estuvo sometida a los aglabíes, que ejercían su poder en Kairuán, del 801 al 909. A continuación cuando la dinastía chií fatimí derrocó a los aglabíes y tomó el control de Ifriquiya, gobernando desde Kairuán, Raqqada y Mahdía, Trípoli quedó bajo su dominio. Los fatimíes desplazaron su corte a Egipto, fundando El Cairo en 972, y dejaron la administración de la región de Ifriquiya, incluida Trípoli, en manos de sus vasallos los ziríes, que volvieron a llevar la sede de gobierno a Kairuán. Pero cuando los ziríes declararon su independencia de El Cairo y su abandono del chiismo para abrazar el sunismo, el califa fatimí Ma'ad al-Mustansir Billah envió contra la Ifriquiya a las tribus nómadas de los Banu Hilal y Banu Sulaym, procedentes de Arabia, en 1050. La invasión de los Banu Hilal arruinó aún más la región de Trípoli.

La Ifriquiya suscitó el interés del gran imperio magrebí de los almohades. En 1159-1160 el califa almohade Abd al-Mumin lanzó una campaña en la que se adueñó de Ifriquiya y alcanzó Trípoli.

Los almohades designaron como gobernador de Ifriqiya a Abu-Muhámmad Abd-al-Wahid ibn Abi-Hafs (conocido como Abd al-Wâhid ibn Hafs, o también Muhammad bin Abu Hafs), un magnate bereber de la importante confederación marroquí Masmuda. Un descendiente de este, Abu Zakariya Yahya, se independizó en 1229 formando el reino hafsí (o hafsida) de Ifriquiya, que incluía las actuales Túnez, este de Argelia y oeste de Libia, y que tuvo su capital en la ciudad de Túnez. Durante el periodo hafsí, se desarrolló el comercio de caravanas a través del Sahara; Trípoli pasó a ser uno de los centros de ese comercio. Asimismo, las ciudades costeras del califato hafsí, Trípoli entre ellas, se convirtieron en puertos de piratería contra las naves de los reinos cristianos en el Mediterráneo.

Edad Moderna: breve dominio español e Imperio otomano

En 1510, Trípoli fue tomada por los castellanos al mando de Pedro Navarro, conde de Oliveto, y permaneció bajo dominio español durante dos decenios. En 1530 el rey Carlos I de España decidió cederla, junto con Malta, a los Caballeros de San Juan, que habían sido expulsados por los turcos otomanos de su bastión en la isla de Rodas. El objetivo de Carlos I era doble: resarcir a esta importante orden militar cristiana por la pérdida de Rodas y utilizar su experiencia militar contra los piratas berberiscos. La Orden de Malta reforzó las fortificaciones de la ciudad y la defendió frente a la expansión otomana. Pero en agosto de 1551 una expedición comandada por Sinan Pachá, acompañado por el almirante Turgut Reis (conocido como Dragut), puso cerco a la ciudad y tras seis días de bombardeo consiguió su capitulación.​ Trípoli se convirtió entonces en parte del Imperio otomano.

La regencia otomana de Trípoli se extendía a lo largo de la costa meridional del mar Mediterráneo, entre Túnez, al oeste, y Egipto al este. Aparte de la ciudad y la Tripolitania, sus territorios incluían la meseta de Barka (según la escritura turca; consúltese: Barca (Libia)), es decir la Cirenaica, y hacia el sur los oasis del Fezán y el de Awjila, separados entre sí por desiertos de arena y piedra.

En 1714, el pachá Ahmed Karamanli asumió el título de bey y llegó a un acuerdo con el sultán de Constantinopla para disfrutar de un estatus de semiindependencia. Esta situación se prolongó hasta 1835, cuando el Imperio otomano desencadenó una guerra civil por el gobierno de la ciudad. Se nombró a un nuevo pachá turco y se le otorgó el título de virrey, integrado nuevamente en el Imperio otomano.

En la primera parte del siglo XIX, la regencia de Trípoli tuvo un enfrentamiento naval con los Estados Unidos debido a que practicaba la piratería. En mayo de 1801, el pachá exigió un aumento en el tributo de 83 000 dólares que el gobierno de los Estados Unidos había venido pagando desde 1796 para la protección de su comercio de la piratería en el marco del Tratado de 1796 con Trípoli. La demanda fue rechazada, y se envió una fuerza naval desde los Estados Unidos para bloquear Trípoli.

La primera guerra berberisca, también llamada Guerra de Trípoli, duró cuatro años. En 1803, los combatientes tripolitanos capturaron la fragata estadounidense USS Philadelphia y tomaron a su comandante, el capitán William Bainbridge, y a toda la tripulación como rehenes. El Philadelphia se convirtió en un navío en contra de los americanos y estuvo anclado en el puerto de Trípoli como una batería de cañones. Al año siguiente, el teniente Stephen Decatur de la Marina de Estados Unidos encabezó una incursión nocturna para volver a apoderarse del barco. Los hombres de Decatur prendieron fuego al Philadelphia y escaparon.

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