Torrelavega es un municipio y una ciudad española ubicada en Cantabria. De carácter industrial y comercial, se trata del segundo núcleo urbano más relevante de la comunidad autónoma por detrás de la capital, Santander. Pertenece a la comarca del Besaya, de la cual es capital y se sitúa en un valle o vega a unos 8 km de la costa cantábrica. En ella confluyen los ríos Saja y Besaya. La población del término municipal asciende a 51 466 habitantes (INE 2024).
Torrelavega es una de las localidades que atraviesa el Camino de Santiago del Norte por la ruta del Besaya.
Con una extensión de 35,54 km², Torrelavega es el quincuagésimo séptimo municipio de Cantabria por superficie. Se ubica a unos 24,5 km de la capital cántabra. Su cota máxima es de 606 metros (pico Dobra) y su cota mínima de 12 metros, a orillas del río Saja. La capital municipal está a 25 metros sobre en nivel del mar. El municipio está situado en la zona central de Cantabria, dentro de la comarca del Besaya. Dicha comarca, de marcado carácter industrial, se extiende a lo largo del río Besaya hasta su desembocadura en el río Saja. El municipio de Torrelavega limita al norte con los términos de Santillana del Mar y Polanco, al sur con San Felices de Buelna, al oeste con Santillana del Mar, Cartes y Reocín y al este con Polanco, Piélagos y Puente Viesgo. Torrelavega prestan servicios importantes instituciones como el SCS a través de las instalaciones del Hospital Sierrallana o la Universidad de Cantabria a través de la impartición de las titulaciones de Logopedia, Fisioterapia, Ingeniería de los Recursos Mineros e Ingeniería de los Recursos Energéticos.
Destacan el río Saja y el río Besaya. Ambos ríos forman la principal cuenca hidrográfica de Cantabria. El Saja nace en la sierra del Cordel, fluye desde los puertos de Sejos, recoge las aguas de Cabuérniga, pasa por Cabezón de la Sal y se dirige a Torrelavega, donde tras recibir las aguas del Besaya desemboca en la ría de San Martín de la Arena de Suances. Sus principales afluentes por la derecha son el río Lodar y el río Bayones. El Besaya es otro de los principales ríos de Cantabria, que nace entre Aradillos y Cañeda (del municipio de Campoo de Enmedio) muy cerca del cauce del Ebro y de Reinosa, y es la vía natural de comunicaciones entre el Ebro y Santander.
Al sur de Torrelavega nacen varios arroyos (Viar, Sorravides, Indiana) que discurren en parte soterrados bajo el centro de la ciudad.
El clima de Torrelavega es oceánico de tipo Cfb (oceánico templado sin estación seca) según la clasificación de Köppen, caracterizado por inviernos frescos y húmedos, veranos cómodos y secos, y una temperatura media anual constante, con variaciones de temperatura que rara vez son extremas. Llueve todo el año, con promedios cercanos a 1000 mm; los inviernos no son severos, aunque puede nevar un poco por influencia del aire polar. Los veranos son moderados y suelen ser menos lluviosos. Su clima es equivalente al de las áreas bajas y litorales cantábricas.
Las situaciones atmosféricas predominantes y el régimen de vientos en relación con ellas, tienen una incidencia muy fuerte en las condiciones medioambientales, en cuanto determinan el grado de contaminación aérea y la gravedad de la misma, por influir en la difusión atmosférica de los elementos contaminantes y su dirección. En este sentido, las condiciones de Torrelavega son muy malas, debido a una localización industrial muy desfavorable a sotavento de los vientos dominantes, y a la elevada frecuencia de situaciones de calma atmosférica, con inversión térmica en invierno y verano, y situaciones con vientos flojos, con otras anticiclónicas en verano, que dificultan la difusión ambiental de los contaminantes urbanos.
La sierra del Dobra (el pico de la Capía constituye la cota más elevada del municipio (a 606 metros de altitud) albergó asentamientos prerromanos y en el pico se encontró un ara dedicada al dios Erudino, obra del campesino Cornelio, de la gentilidad de los Aunigainum el 27 de julio de 399, desafiando la declaración del cristianismo como religión oficial del imperio por Teodosio y su autorización a los cristianos de castigar a los paganos. Posteriormente, se reconvirtió en lugar de peregrinación cristiana, erigiéndose en su cima la cruz símbolo del cristianismo. Además, podemos encontrar las cuevas de Puente Viesgo, mundialmente conocidas por sus pinturas rupestres, así como los castros celtas de Las Lleras, el pico del Toro y de Jarramaya, y la cueva de Sovilla, que contiene pinturas rupestres paleolíticas y está declarada bien de interés cultural.
El Alto de la Montaña, de doscientos metros de altitud, desde el que puede contemplarse, al igual que desde el Dobra, una panorámica que abarca toda la vega.
El parque de la Viesca, en la ribera del río Besaya, lugar de ocio y descanso para los torrelaveguenses. Se sitúa entre Torres y el puente que une Cartes y Santiago de Cartes, junto a las abandonadas minas de Reocín.
El parque Manuel Barquín está considerado como el otro pulmón de la capital del Besaya. En él conviven especies vegetales muy variadas e incluso árboles centenarios. Este parque fue objeto hace años de certámenes culturales para subrayar su valor para la ciudadanía.
El parque de la Pedrosa, en Tanos.
El Eucaliptón de Viérnoles, en Viérnoles. Es el eucalipto más grande de Cantabria.
Torrelavega, al igual que otras ciudades próximas al mar o a ríos de cierto caudal, alberga gorriones, gaviotas, palomas y estorninos que generan, sin embargo, problemas de higiene y para los que el Ayuntamiento torrelaveguense toma medidas tendentes a evitar su concentración en determinadas zonas arboladas para alivio de los viandantes (por ejemplo, la instalación de dispositivos electrónicos que reproducen grabaciones de aves predadoras para alejar a los estorninos).
De época prehistórica se documentan escasos hallazgos, localizados en los pueblos de Tanos, donde ya hay constancia de útiles del Paleolítico Inferior o Medio, y de Viérnoles, en donde se encontraron cerámicas del Bronce o Hierro y pinturas esquemáticas. Además se han localizados otros yacimientos arqueológicos en el municipio, como es el caso del monte Dobra, o de cuevas próximas situadas en municipios limítrofes, como la de Altamira, en Santillana del Mar, o la de La Clotilde, en Quijas (Reocín), entre otras muchas, en los que se ha constatado la presencia humana en la época prehistórica.
La invasión romana y en consecuencia la romanización, no fue profunda por esta zona, esto se deduce de la escasa presencia de restos arqueológicos. La calzada romana que unía la meseta castellana, Pisoraca (Herrera de Pisuerga), con el Portus Blendium (Suances) suponemos que atravesó el territorio torrelaveguense tras pasar por la ciudad de Julióbriga. En Viérnoles, además, existe un posible tramo de esta calzada romana en el barrio de Paramenes. Sin embargo, de época romana el testimonio más significativo se produjo en el pico Dobra, donde se halló una estela dedicada al dios indígena Erudino, que tradicionalmente se fechaba en el 399 d. C., aunque recientes investigaciones han confirmado, sin embargo, que data del 23 de julio del año 161 d. C.
No es hasta la Edad Media cuando aparecen los primeros escritos sobre la villa. Se encuentra mención documental de la aldea de la Vega a finales del siglo XIII. Se atribuye su fundación a Garcilaso I de la Vega, Adelantado Mayor de Castilla en nombre del monarca Alfonso XI.
Su nombre actual es la contracción que, con el paso del tiempo, se ha producido del epónimo de la torre que construyó en la zona Leonor de la Vega, hija de Garcilaso II de la Vega y madre del Marqués de Santillana, para administrar los impuestos y los privilegios de su territorio. La conjunción de la torre y del nombre del lugar, título del señorío, habría que configurar la denominación de la villa mercantil e industrial que, desde el siglo XVIII hasta hoy, conocemos con el nombre de Torrelavega. Otras denominaciones del territorio fueron «Aldea de la Vega», «La Vega» o «Corral de la Vega».