Tomás Luis de Victoria (Ávila, h. 1548 - Madrid, 27 de agosto de 1611) fue un sacerdote católico, maestro de capilla y célebre compositor polifonista del renacimiento español. Se le ha considerado uno de los compositores más relevantes y avanzados de su época, con un estilo innovador que anunció el inminente barroco. Su influencia llega hasta el siglo XX, cuando fue tomado como modelo por los compositores del cecilianismo.
Antecedentes familiares y primeros años
Tomás Luis de Victoria nació alrededor de 1548, probablemente en Ávila, la residencia principal de su familia en ese momento. El lugar de nacimiento de Victoria ha sido objeto de debate y sigue sin estar claro, ya que nunca se ha encontrado su acta de bautismo. Se ha propuesto Sanchidrián como otro posible lugar de nacimiento, sin embargo, fue más tarde cuando los Victoria se asentaron allí, cuando el hermano mayor de Tomás se mudó a Sanchidrián con su joven familia y su madre viuda. En la juventud de Tomás, Sanchidrián era solo el lugar de una de las muchas propiedades rurales de la familia.
Los orígenes de la familia Luis de Victoria son turbios por el lado paterno. La familia solo se puede rastrear hasta el abuelo de Tomás, Hernán Luis Dávila, quien hace su primera aparición documentada en Ávila durante los primeros años del siglo XVI. Es importante señalar que el apellido Victoria proviene de la esposa de Hernán, Leonor de Vitoria. Siguiendo la práctica de la época, sus hijos combinaron sus apellidos, en el orden de su preferencia, o eligieron entre ellos. La ortografía original Vitoria (de la ciudad del mismo nombre) sería utilizada por todos los miembros de esta familia con la excepción del propio Tomás, que adoptó la latinización “Victoria”.
Hernán Luis Dávila fue un próspero comerciante de lana que invirtió astutamente sus ganancias en la construcción de una amplia cartera de bienes raíces en toda la provincia de Ávila. Tanto su profesión como la especulación inmobiliaria, así como la creciente participación de la familia en la banca, sugieren fuertemente unos orígenes conversos, aunque no hay evidencia sólida que lo respalde. Los Victoria vivían en la calle de los Caballeros, que entonces estaba llena de tiendas de lana y seda, frente a San Juan Bautista, su iglesia parroquial, y a pocos pasos de la plaza principal del mercado de la ciudad. Su casa todavía está en pie, y las tumbas de los padres y abuelos de Tomás están en San Juan.
Victoria fue el séptimo de los nueve hijos de Francisco Luis de Vitoria y Francisca Suárez de la Concha. La familia de su madre eran ricos comerciantes de lana y banqueros de origen judío, afincados en Segovia. El bisabuelo de Francisca, Jacob Galfón, se llevó brevemente a su familia a Portugal tras la expulsión de los judíos, pero regresó a Segovia con autorización real a finales de 1492, convirtiéndose al cristianismo y tomando el nombre de Pedro Suárez de la Concha. La familia Suárez de la Concha fue elevada a la aristocracia, adquiriendo varios señoríos y finalmente el título de marqués de Lozoya.
Francisco, el padre de Tomás, tenía un lucrativo negocio como notario en Ávila y también obtenía importantes ingresos de las rentas de las propiedades familiares y de los préstamos de dinero; sin embargo, era propenso al juego, lo que provocó una disminución de la fortuna familiar. Como consecuencia de ello, tras la muerte de Francisco, su hijo mayor, Hernán, vendió la casa familiar en Ávila y se trasladó a su finca de Sanchidrián. Esto fue sólo un revés temporal, y los Victoria pronto recuperarían su equilibrio, involucrándose más en la banca, en asociación con sus primos Suárez de la Concha y otros afincados en la capital financiera de Castilla en ese momento, Medina del Campo. Significativamente, durante esta época de inseguridad financiera, Hernán rompería con la práctica convencional y compartiría su herencia, asegurando que sus hermanos recibieran educación y dotes. En el caso de Tomás, esto hizo posible, junto con el apoyo de su tío, el sacerdote Juan Luis de Vitoria, su formación musical temprana en la escuela catedralicia de Ávila.
Sus inicios en la catedral de Ávila
A la edad de 7-8 años entró en el coro de la catedral de Ávila, donde sintió vocación por el sacerdocio y a finales de 1558 entró al servicio de la Catedral. Los primeros conocimientos musicales los recibió allí del Maestro de Capilla Jerónimo de Espinar, pero el que se encargó de la formación musical de Victoria fue el posterior Maestro de Capilla Juan Navarro Hispalensis. Desde muy joven pudo haber recibido lecciones musicales de Escobedo, mientras este estaba en la ciudad de Ávila. Sin embargo, fue Palestrina el que perfeccionó su arte.
Posteriormente, a la edad de 19 años, decidió partir a Roma, entrando en el Colegio Germánico para consolidar su vocación sacerdotal y profundizar sus conocimientos musicales, esta vez, gracias al conocido compositor Palestrina. Una vez allí, coincide con varios paisanos españoles, los cuales le explicaron el funcionamiento del Colegio. Para entonces, Victoria ya tenía buenos conocimientos de Gramática y de Música y sabía tocar bastante bien el órgano. Pero en el Colegio comenzó a estudiar las disciplinas eclesiásticas y a ampliar y perfeccionar más sus conocimientos musicales. Esto último se refleja bien en una Dedicatoria que escribió al Rey Felipe II, Católico Rey de las Españas:
Así, Tomás Luis de Victoria cultivó también su vocación sacerdotal con los santos ejercicios de piedad, que establecían las Constituciones del Colegio, la asistencia diaria a misa, la recitación y canto del oficio divino mañana y tarde de los domingos y días festivos, y la lectura y predicación de la Biblia.
Maestro de capilla y sus primeras composiciones
Por el año 1569, sin abandonar las clases del Colegio Romano, toma el cargo de «Cantor» y al mismo tiempo organista de la Iglesia nacional de los Aragoneses en Roma, Santa María de Montserrat. Allí continuó como maestro de capilla por lo menos hasta mediados de 1572, lo que le permitió dedicarse por completo al estudio y a la composición de obras musicales, que aparecerían muy pronto y manifestarían el intenso trabajo de Victoria entre 1571 y 1572. Sin embargo, un dato curioso es que durante esta etapa (1569-1572) no se sabe con claridad quién fue su maestro.
Justo ese último año (1572), publica su primera colección de motetes, en la que agradece su ayuda al cardenal arzobispo de Augsburgo Otto Truchsess von Waldburg. Muestra de ello son las siguientes palabras que le dedicó:
Se sabe, además, que desde un año antes de esta publicación, Victoria se encargaba de la enseñanza musical de los alumnos del Germánico, por lo que recibía quince julios mensuales como paga.
Años después consta, por documentos encontrados por Raffaele Casimiri, que el domingo 6 de marzo de 1575 (a la edad de 27 años) «Tomás Luis de Victoria, clérigo abulense con letras dimisorias de su ordinario, previas muestras de idoneidad en examen verificado por los examinadores nombrados, fue promovido al orden de Lectorado». Así consta en el «Liber ordinationum» conservado en el Archivo General del Vicariato de Roma. Esto significa que en adelante estamparía su nombre en las portadas de sus obras con el título de «clericus o presbiter abulensis», que no significa otra cosa que natural de Ávila. De aquí que se le reconozca como Tomás Luis de Victoria, «El abulense».
Posterior vida en Roma y deseos de volver a España
Pronto hizo un envío a la Catedral de Ávila de seis cuerpos de libros de música encuadernados compuestos por él mismo. Sin embargo, éste no recibió nada a cambio de ellos debido, posiblemente, a las deudas de dicha catedral que incluso obligaron a suprimir la representación de los famosos autos sacramentales en la fiesta y octava del Corpus. A pesar de ello, Victoria realiza otro envío en enero de 1577, siendo esta vez un libro de canto de órgano, que entregó, como el anterior, su tío Juan Luis. Y aunque siguió sin recibir nada a cambio, hizo hincapié en seguir enviando más composiciones suyas, entre las que destacan un libro de misas de canto de órgano (1584) por el que recibió diez ducados; dos libros de canto de órgano (1587), por el que recibió cien reales y un libro de misas breves de canto de órgano (1593) por el que le dieron diez ducados. Todas estas obras quedaron guardadas en la Catedral de Ávila, pero, desgraciadamente, hoy no se conserva ninguna.