Theodor Ludwig Wiesengrund Adorno (pronunciación en alemán: /ˈteːodoːɐ̯ ʔaˈdɔɐ̯no/ ()) (Fráncfort del Meno, Alemania, 11 de septiembre de 1903-Visp, Valais, Suiza, 6 de agosto de 1969) fue un filósofo, crítico musical y sociólogo alemán de origen judío. Es uno de los máximos representantes de la Escuela de Fráncfort y de la teoría crítica de inspiración marxista.
Adorno nació en una familia de clase media alta de Fráncfort del Meno (estado de Hesse), siendo el hijo único de Oscar Wiesengrund, un comerciante de vinos alemán de una familia de judíos asimilados, y Maria Calvelli-Adorno, una católica de una familia proveniente de Córcega. Su madre, una cantora profesional, y su tía Agathe Calvelli-Adorno, también una cantora profesional y pianista se hicieron cargo de la formación cultural de Adorno durante su infancia.
De 1913 a 1921 asistió al Kaiser-Wilhelm-Gymnasium, donde destacó como excelente estudiante. Durante su juventud conoció a Siegfried Kracauer, con quien mantuvo una amistad, a pesar de que este era catorce años mayor. Juntos leyeron la Crítica de la razón pura de Immanuel Kant, experiencia que marcó a Adorno en su formación intelectual.
En 1920 compuso sus primeras obras musicales. Se trata de música de cámara vanguardista, atonal.[cita requerida] Después de graduarse con méritos en el Gymnasium en 1921, Adorno se inscribió en la Universidad Johann Wolfgang Goethe de Fráncfort del Meno, donde estudió Filosofía y Sociología. En 1924 obtuvo su título con una tesis doctoral sobre Edmund Husserl. Simultáneamente, de 1919 a 1925, había estudiado Música (Composición y Piano). Entretanto, escribió varios ensayos de crítica musical. Por un tiempo, el joven Adorno consideró la posibilidad de dedicarse a la música como compositor y crítico. En 1925 se fue a Viena, donde estudió Composición con Alban Berg y Arnold Schönberg y frecuentó al otro compositor clave de la Segunda Escuela de Viena: Anton Webern. Las teorías de Arnold Schönberg sobre la tonalidad libre fueron fundamentales en la formulación de la idea de la Nueva Música, que Adorno desarrolló en muchos de sus ensayos.[cita requerida] En los ensayos sobre música, Adorno ligaba la forma musical con complejos conceptos filosóficos. Las implicaciones conceptuales de la nueva música no eran compartidas por los protagonistas de la Escuela de Viena, razón por la cual Adorno decidió regresar a Fráncfort y abandonar su carrera musical.
En Viena, Adorno también conoció a otros intelectuales cuyos intereses no estaban necesariamente ligados a los círculos musicales. Asistió a las charlas de Karl Kraus, el famoso satirista vienés, y conoció a Georg Lukács, cuya Teoría de la novela había impactado a Adorno en la universidad. De vuelta en Fráncfort, trabajó en su tesis doctoral bajo la dirección de Hans Cornelius.
Finalmente, en 1931 obtuvo su venia legendi (el diploma que lo acreditaba como profesor) con su trabajo Kierkegaard. Konstruktion des Ästhetischen.
En 1932 se incorporó al Instituto para la Investigación Social (Institut für Sozialforschung), adscrito a la Universidad de Fráncfort, de inspiración marxista, aunque pronto el régimen nacionalsocialista le retiró su venia legendi y tuvo que abandonar el país, huyendo del nazismo.
Pasó los años 1934 a 1938 en Inglaterra, donde se casó en 1937 con Gretel Karplus, doctora en Química, y en 1938 se decide a cruzar el Atlántico para instalarse en Nueva York, donde tenía su sede el Instituto de Investigación Social en el exilio. Adorno se convirtió en miembro oficial del Instituto. En 1941 se trasladó a California para continuar trabajando en colaboración con otro miembro del Instituto, Max Horkheimer. Dialéctica de la ilustración. Fragmentos filosóficos (1944-1947) será uno de los múltiples resultados de esta colaboración.
De 1944 a 1949 dirigió un proyecto de investigación sobre discriminación social en Los Ángeles.
Regreso y restablecimiento de la Escuela de Fráncfort
A finales de 1949 volvió a la Universidad de Fráncfort con su colega Max Horkheimer. En ese año asumió el cargo de director del Instituto para la Investigación Social junto con Horkheimer. Juntos reconstruyeron el Instituto y revivieron la Escuela de Fráncfort de la Teoría crítica. Su filosofía continuó en la línea de un análisis del racionalismo como instrumento a la vez de libertad y de dominio, y de una crítica de la sociedad capitalista como restricción de las formas de pensamiento y acción. En este período trabajará en la obra que verá la luz en 1966: Dialéctica negativa.
La última década de su vida, la de 1960, la dedica a la dirección del Instituto, a sus clases en la Universidad de Fráncfort, a la publicación de sus obras y a una intensa relación con los artistas más vanguardistas del momento: en literatura, Samuel Beckett; en música, John Cage y en cine, Michelangelo Antonioni. (Adorno está presente, aunque no físicamente, en La notte.) Al morir, Adorno trabajaba en su Teoría estética. Había realizado ya dos versiones e iba a efectuar la última revisión del texto. Esta obra póstuma se publicaría en 1970.
En estos años Adorno fue a la vez inspirador y crítico de los movimientos juveniles de protesta, que muchas veces encontraron inspiración en su particular visión del marxismo y del rechazo a la razón como fin último. Cuando tras los sucesos del Mayo de 1968 en Francia Adorno criticó el «accionismo» (el privilegio de la acción de protesta sobre la argumentación crítica), fue objeto de distintas protestas estudiantiles, incluyendo la toma de su aula. Durante el verano de 1969 Adorno decidió tomarse unas vacaciones haciendo alpinismo en Suiza, donde padeció ataques de arritmia y palpitaciones. Ignorando el consejo de sus médicos, partió a una excursión de la que no se recuperó, y falleció a los pocos días, el 6 de agosto, debido a un infarto agudo de miocardio.
Fue escrita juntamente con Max Horkheimer durante el exilio en Los Ángeles (EE. UU.), en 1944, y se publicó en 1947 en una pequeña editorial de Ámsterdam, Querido Verlag. Hasta 1968 no apareció una reedición alemana que hiciera asequible una obra que había ganado fama y era objeto de discusión y debates. El objetivo teórico de la obra queda reflejado en su prólogo: «Lo que nos habíamos propuesto era nada menos que comprender por qué la humanidad, en lugar de entrar en un estado verdaderamente humano, se hunde en un nuevo género de barbarie» (pág. 51). Para responder a la cuestión, en el primer capítulo de la obra (titulado Concepto de ilustración) realizan un análisis del concepto de razón tal como se ha fraguado y convertido en hegemónico en la civilización occidental, llegando a la conclusión de que en él participan por igual las ideas de «liberación» y de «dominación».
Dialéctica negativa (Negative Dialektik) fue publicada en 1966 por la editorial Suhrkamp de Fráncfort del Meno. En la primera frase de la obra queda clara su relación filosófica con la historia de la filosofía: «La formulación Dialéctica Negativa es un atentado contra la tradición» (Prólogo). Pretende proseguir el tipo de filosofía inaugurado por Hegel en una situación diferente: el movimiento dialéctico del pensamiento no termina en una síntesis superior de los opuestos, sino que deja las contradicciones con toda su crudeza en la realidad.
La filosofía de Adorno toma el camino del análisis de la razón. Para el filósofo alemán esta es una cuestión importante que tiene que plantearse la filosofía en su reflexión. Si bien la ontología occidental es tendente a concebir la totalidad, a pensarla, Adorno expone que todo pensar, incluido el ser, tiene que estar basado en alguna cosa, en “algo”. Esto es importante ya que no podemos eliminar el pensamiento abstracto que se crea a partir de algo y que es totalmente diferente a la realidad, esto es, producimos abstracción. De un objeto en el pensamiento podemos suponer todo un corpus abstracto que parte desde el mismo objeto y lo hace infinito en el pensamiento. En esta línea critica al idealismo desde Fichte, por “creer que el proceso de la abstracción libera de aquello de lo que abstrae, y es que, aunque lo elimine del pensamiento, lo destierra de su país natal, no lo aniquila en sí mismo”. El pensamiento no puede de ninguna de las maneras separarse de lo pensado, y esto, en muchos casos, entra en contradicción con el mundo, siendo la dialéctica la forma de comprender esa contradicción. El punto de partida de la dialéctica reside precisamente en aquella crítica que hacemos de la propia razón cuando nos sobrevienen las contradicciones.