Tal Día como Hoy

Teresa de Jesús

Religiosa castellana, santa y doctora de la Iglesia

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Teresa de Jesús,​ de nombre secular Teresa Sánchez de Cepeda Dávila y Ahumada (Gotarrendura​​​​ o Ávila,​ 28 de marzo de 1515​-Alba de Tormes, 4/15 de octubre de 1582),​ también conocida como santa Teresa de Ávila, fue una monja, fundadora de la Orden de los Carmelitas Descalzos —rama de la Orden de Nuestra Señora del Monte Carmelo—, mística y escritora española. Fue beatificada en 1614, canonizada en 1622 y proclamada doctora de la Iglesia católica en 1970 durante el pontificado de Pablo VI.

Junto con san Juan de la Cruz, se la considera la cumbre de la mística experimental cristiana​​ y una de las grandes maestras de la vida espiritual de la Iglesia.

Activa durante la Contrarreforma, Teresa se convirtió en la figura central de un movimiento de renovación espiritual y monástica, reformando las órdenes carmelitas tanto femeninas como masculinas.​ Más tarde se unió al movimiento el joven fraile carmelita y místico San Juan de la Cruz, con quien fundó la Orden de los Carmelitas Descalzos. En 1580 se promulgó un decreto papal formal que adoptaba la separación de la antigua orden.​

Su autobiografía, La vida de Teresa de Jesús, y sus libros Las moradas y Camino de perfección son obras destacadas sobre el misticismo cristiano y la práctica de la meditación cristiana. En su autobiografía, escrita como defensa de sus experiencias místicas extáticas, distingue cuatro etapas en el ascenso del alma hacia Dios: oración mental y meditación; la oración de quietud; absorción en Dios; conciencia extática. El castillo interior, conocido como Las moradas , escrito como guía espiritual para sus hermanas carmelitas, utiliza la ilustración de siete mansiones dentro del castillo del alma para describir los diferentes estados en los que puede encontrarse el alma durante la vida.

Cuarenta años después de su muerte, en 1622, Teresa fue canonizada por el papa Gregorio XV. El 27 de septiembre de 1970, el Papa Pablo VI proclamó a Teresa la primera mujer «Doctora de la Iglesia» en reconocimiento a su legado espiritual de siglos al catolicismo.​​

Se llamaba Teresa Sánchez de Cepeda Dávila y Ahumada, aunque generalmente usó el nombre de Teresa de Ahumada hasta que comenzó la reforma, cambiando entonces su nombre por Teresa de Jesús. Fue llamada así por su abuela, Teresa de las Cuevas, aunque en aquel entonces no había ninguna santa con ese nombre.​

El padre de Teresa era Alonso Sánchez de Cepeda, hijodalgo a fuero de España, que se encontraba en las Suertes de los Fielazgos en la Cuadrilla de Blasco Jimeno o de San Juan, de la ciudad de Ávila. Hijo de Juan Sánchez de Toledo, de origen judío converso​ y, desde 1440, rico comerciante de paños y sederías.​ En 1469 se casó con Inés de Cepeda, nacida en Tordesillas.​ Juan Sánchez se instaló con toda su familia en Ávila en 1493.​​ No obstante, continuó viajando habitualmente a Toledo y también a Salamanca, donde tenía negocios con Alonso de Fonseca, arzobispo de Santiago de Compostela.​ Puso una tienda de telas en la calle Endrino de Toledo.​ También se dedicó a recaudar impuestos para la Hacienda Real, la municipalidad y las autoridades eclesiásticas.​ Compró tierras en Ortigosa de Rioalmar, en el municipio de Manjabálago. Después del año 1500 abandonó sus negocios de mercader para pasar a vivir de la agricultura.​ Posteriormente pudo obtener el reconocimiento de hidalguía con ejecutoria presentando pleito ante la Real Chancillería de Ciudad Real (que en el 1500 trasladó a la de Granada) obteniendo el reconocimiento de la misma en 1500.​​ Tuvo de hijos a Pedro, Alonso, Ruy y Francisco.​ Estos se ocupaban de asuntos fiscales y explotaciones agrícolas. Se casaron con hijas de notables e incluso de regidores.​ En 1519 la municipalidad de Manjagábalo incluyó a los hermanos en la lista de contribuyentes y estos recurrieron a la Chancillería de Valladolid.​ Esta reconoció la exención de impuestos por hidalguía el 16 de noviembre de 1520. Tras una apelación, lograron otra sentencia favorable de la Audiencia del 26 de agosto de 1522.​​ El 16 de noviembre de 1523 la Chancillería de Valladolid les otorgó un documento dando fe de la hidalguía.​

Alonso Sánchez de Cepeda se casó dos veces. En 1505 se casó con Catalina del Peso y Henao. Entonces tenía bastantes recursos económicos y pudo regalarle joyas y ropa costosa.​ Por su parte, Catalina recibió una dote de 350 000 maravedís.​ En noviembre de 1505 compraron la antigua Casa de la Moneda, en el barrio aristocrático de Ávila, por 80 000 maravedís, para que fuese su residencia particular.​ Con ella tuvo dos hijos: María, en 1506; y Juan Vázquez de Cepeda, en 1507.​ Su esposa falleció de peste bubónica el 8 de septiembre de 1507.​ Tras quedarse viudo, se casó con Beatriz de Ahumada el 14 de mayo de 1509,​ y tuvo otros diez hijos: Hernando, en 1510; Rodrigo, en 1513; Teresa, en 1515; Juan (de Ahumada), en 1517; Lorenzo, en 1519; Antonio, en 1520; Pedro, en 1521; Jerónimo, en 1522; Agustín, en 1527; y Juana, en 1528.​ Alonso vivió de sus tierras agrícolas en Ortigosa de Rioalmar, provincia de Ávila, y Olmedo, provincia de Valladolid.​ Como tenía doce hijos a su cargo y esas tierras no eran especialmente productivas, su riqueza disminuyó.​ Beatriz murió en 1528, probablemente tras el nacimiento de su última hija.​ Alonso pudo darle una dote de 200 000 maravedís a su hija María en 1531 para su matrimonio con Martín de Guzmán y Barrientos,​ pero tuvo que pedir préstamos e hipotecar unas tierras.​ María y Martín se fueron a vivir a Castellanos de la Cañada, en el municipio de Zapardiel de la Cañada.​ Juana se casó con Juan de Ovalle. Alonso falleció el 24 de diciembre de 1543.​

Todos los hijos varones fueron militares. Juan Vázquez fue capitán de infantería en el norte de África y murió en combate en Italia hacia 1528.​​ Hernando fue el primero que se fue a América, en fecha desconocida. Murió en San Juan de Pasto, virreinato de Nueva Granada, donde era teniente de gobernador, en 1565.​ Rodrigo se unió a la expedición de Pedro de Mendoza. Partió de Sevilla en agosto de 1535 y llegó al Río de la Plata. Murió en una batalla contra los mapuches el 10 de agosto de 1557 en Chile. Teresa lo consideraba un mártir, porque había muerto luchando por la fe.​

Jerónimo y Lorenzo partieron en 1540 en la expedición de Cristóbal Vaca de Castro, enviado por Carlos I a remediar la guerra civil declarada en el actual Perú entre Francisco Pizarro y Diego de Almagro. Hernando, Lorenzo, Jerónimo y Antonio estuvieron entre las tropas que fueron a prestar ayuda al virrey Blasco Núñez Vela y combatieron en la Batalla de Iñaquito, Ecuador, el 18 de enero de 1546, contra Gonzalo Pizarro. El virrey murió y los cuatro hermanos resultaron heridos. Antonio murió del 20 de enero por la herida que recibió en aquella batalla.​ Posteriormente, Lorenzo y Jerónimo sirvieron al nuevo virrey enviado por Carlos I, Pedro de la Gasca, y recibieron a su hermano Agustín en 1546.​ Agustín participó en la Batalla de Jaquijahuana en 1548, donde los rebeldes de Gonzalo Pizarro fueron derrotados definitivamente. Poco después, Agustín regresó a España.​ Lorenzo fue corregidor en varias ciudades fundadas por los españoles y luchó contra los ataques de los indios. Regresó a España en 1575.​

Pedro formó parte de las expediciones que se hicieron desde las islas del Caribe hasta Florida y otras regiones de Norteamérica.​

Teresa nació hacia las 5 de la mañana del miércoles 28 de marzo de 1515. Suele considerarse que nació en la ciudad de Ávila, pero es posible que naciese en la casa de campo del municipio de Gotarrendura, en la provincia de Ávila.​​​

En cualquier caso, fue bautizada en la Iglesia de San Juan de la ciudad de Ávila. Sus padrinos fueron María del Águila, hija de Francisco Pajares, un amigo de la familia, y un tal "Vela Núñez", que tal vez fuese familia de Blasco Núñez Vela, primer virrey de Perú.​

Según relata la propia Teresa en los escritos destinados a su confesor y reunidos en el libro Vida de santa Teresa de Jesús, desde sus primeros años mostró una imaginación vehemente y apasionada. Su padre, aficionado a la lectura, tenía algunos romanceros; esta lectura y las prácticas piadosas comenzaron a despertar el corazón y la inteligencia de la pequeña Teresa con seis o siete años de edad.

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